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jueves, 17 de enero de 2013

¿Recuerdas, Terry, cuando me recordabas?

Acababas de irte al paraíso al que seguramente se van todos los perros, y yo pensaba con tristeza en ti. Sentía entonces una presencia al lado mío; una presencia vaga, como la de una luz no encendida, como la de una sombra sin sombra, como la de una palabra que nadie dijo nunca.
 
Sabía entonces que eras tú. Me estabas recordando allá donde te hallabas, y tu recuerdo venía a echarse a mis pies, igual que hacías tú cuando vivías y te vivía yo.
 
No dejes de recordarme, Terry mío. Los hombres olvidamos, pero los perros no. Aunque yo sea hombre, sigue siendo mi perro. No te merezco, ya lo sé -¿acaso el hombre merece algo?-, pero tú lo perdonas todo, como Dios, y tu recuerdo se extiende sobre mí como una absolución.
¡Hasta mañana!...

miércoles, 18 de marzo de 2009

¿Me sueñas, Terry, a veces, como te sueño yo?

¿Me sueñas, Terry, a veces, como te sueño yo?

Apareces de pronto, perro mío, en ese extraño territorio que los sueños son, y te miro como eras, alegre igual que el día, llenando la mañana con tus ladridos jubilosos.

Si tú me sueñas, di: ¿cómo me sueñas? Quisiera que me soñaras como en los sueños de la fe yo sueño a Dios: un amoroso padre que cuida a sus criaturas y quiere el bien para ellas.

Ningún amo está a la altura de su perro (ni siquiera si su perro es chihuahueño). Ustedes los perros, Terry, son siempre mejores que los hombres. No conocen el mal; nosotros lo sabemos de memoria. A pesar de eso tú me amaste con amor de perro, sin condiciones ni egoísmos. La próxima vez que te sueñe, Terry, te daré gracias por haber sido perro; por haber sido mi perro. Ahora que eres de Dios recomiéndame con Él. La tuya será una buena recomendación.

¡Hasta mañana!...