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miércoles, 20 de febrero de 2013

Juniors de la política

De politica y cosas peores

En altas horas de la noche sonó el teléfono en el departamento de Meñico Maldotado, que dormía ya profundamente. Contestó él, sobresaltado, y escuchó la voz de una mujer. Quien llamaba era su amiga Pirulina, con quien Meñico había tenido algunos escarceos de carácter erótico-sensual. Le dijo la muchacha: “Perdona mi llamada inoportuna, Meñi, pero acabo de leer en Internet que la gripe aviar ataca primero a los pájaros pequeños, y quise decírtelo inmediatamente, para que te prevengas”…

Astatrasio Garrajarra, ebrio con su itinerario, fue con un doctor, pues sentía dolores y molestias en todo el cuerpo. Después de examinarlo le dice el facultativo: “No puedo dar con la causa de su malestar. Pienso que es por la bebida”. “Ya veo —replica el temulento—.

Volveré cuando esté usted sobrio”…

El empleado de la oficina, hombre maduro, con tupido bigote y gruesas gafas, tenía una entrevista con el jefe de personal. Le dice éste: “Lo que nos perturba un poco, señor Glafírez, no es que haya usted encontrado la religión, sino que venga al trabajo vestido de monja”…

La esposa de Ovonio Grandbolier, el hombre más perezoso del condado, le confió a una amiga: “Mi marido tiene un grave problema de columna: no la puede separar del sillón”…

Los juniors de la política superan ya, y por mucho, a los de la iniciativa privada. Antes eran los hijos de los banqueros, de los grandes empresarios, comerciantes e industriales, quienes se paseaban en automóviles de lujo, se exhibían con mujeres que todo lo exhibían y daban fiestas desmadrosas como las de La dolce vita, toda proporción guardada. Ahora los hijos de la política son esos patéticos especímenes, los juniors rastacueros que una y otra vez ofrecen el espectáculo de su altanería y su mentecatez.

El llamado Niño Verde, que no es tal niño, sino adolescente ya, un adolescente cuarentón, es claro ejemplo de eso. Sus excesos son resultado de una viciosa legislación electoral que permite la existencia de falsos partidos que son en verdad empresas lucrativas en manos de un individuo o una familia. Habría que hacer una reforma radical por la cual los partidos deban su registro a los votos que ganen en las urnas por sí mismos, y no a los que sumen por efecto de alguna alianza o coalición con los partidos grandes. Las leyes y las instituciones electorales han de servir para ayudar a México a salir del subdesarrollo político en que se halla, no para reflejarlo. (¡Bófonos!)…

El médico de la casa de ancianos respondía las preguntas de los huéspedes en la sesión semanal. Preguntó doña Pasita, dulce viejecita de 85 años: “Doctor: ¿a mi edad es posible quedar embarazada?”. “Claro que no” –sonrió el médico. Desde el fondo del salón se oyó la voz de don Pitorro, anciano de la misma edad: “¿Lo ve, Pasita? Le dije que no teníamos nada de qué preocuparnos”…

Llegó un individuo a la consulta del doctor Duerf, célebre psiquiatra.

El tipo traía un plátano metido en un oído, y un pepino en el otro. “¿Cómo ve, doctor?” –le pregunta al analista-. ¿Cuál cree que sea mi problema?”. Pensativo, con una mano en la barbilla, responde el doctor Duerf: “Se me hace que no está usted comiendo bien”…

Inquirió Babalucas en el súper: “¿Por qué está tan caro este yogurt?”. Le informó la encargada: “Son bacilos cultivados”. Replica Babaluas: “No me importa la educación que tengan”…

Don Chinguetas se sentó ante el televisor y le pidió a su hijo: “Tráeme una cheve, antes de que empiece”. Poco después le dijo: “Tráeme otra cerveza, que no tarda en empezar”. No pasaron muchos minutos, y le volvió a pedir: “Tráeme otra cheve, porque ya va a empezar”.

Doña Macalota, la esposa de don Chinguetas, estalló. Le gritó a su marido con destemplada voz: “¿Ése es el ejemplo que le das a tu hijo? ¿Te parece bien estar así, echadote, sin hacer nada, bebiendo cerveza tras cerveza, mirando esos programas que nada más a ti te gustan y que son puras idioteces?”. Suspira don Chinguetas y le dice a su hijo: “¿Lo ves? Ya empezó”…

El maestro les preguntó a los niños: “¿Cuál es el vegetal que hace llorar?”. Contestó sin vacilar Pepito: “El repollo”. “No —lo corrigió el mentor—. El vegetal que hace llorar es la cebolla, no el repollo”. “¿Que no? —insistió Pepito—. Que le den un repollazo en los éstos, a ver si no se le salen las lágrimas”…

FIN.

viernes, 8 de febrero de 2013

Regalos de la vida

De politica y cosas peores

Pirulina, muchacha pizpireta, fue a confesarse con el Padre Arsilio. Le dijo que había tenido tratos de fornicio con Pedro, Juan y varios. El sacerdote la reprendió, severo: “Hija mía: ¿sabes lo que te vas a ganar por hacer eso?”. Replicó Pirulina con naturalidad: “No cobro, padrecito”…

El buen Jesús y San Pedro bajaron a la Tierra, pues sintieron el deseo de jugar unos tres o cuatro hoyos de golf. Jesús hizo el primer tiro. La pelota golpeó en el tronco de un árbol y saltó hacia lo alto. Un águila que pasaba la tomó en su pico, y al ver que no era nada comestible la soltó. La pelota cayó directamente en el hoyo. ¡Hole in one! Le dice, amoscado, San Pedro al buen Jesús: “Como milagro no está mal, Señor. ¡Pero no se te ocurra hacer esto cuando juguemos por dinero!”…

Silly Kohn, vedette de moda, participaba en un concurso de cultura general. Le preguntó el conductor: “¿Quién es el autor de la obra teatral ‘Don Juan Tenorio’?”. Vaciló Silly. La mujer que estaba atrás de ella le sopló en voz baja: “Zorrilla”. La vedette se volvió con enojo: “¡Y tú pendeja!”…

La vida, esa señora impredecible, suele hacerme súbitos regalos. Leo en el último número de la revista Caras: “Entrevistamos a Armando Fuentes Aguirre, Catón, el periodista con el mejor humor”. ¡Qué maravilla! Es la entrevista que me hizo Caleb Torres, una de las más completas y reveladoras que a lo largo de mi vida se me han hecho. Aparece ilustrada con espléndidas fotografías de ese gran artista que es Rodrigo Cassou. Dice así la presentación del texto: “El peculiar estilo de Catón, que mezcla la política con el típico humor mexicano, le ha ganado miles de lectores en México y algunos países de Iberoamérica”. No exagero si digo que quien quiera conocerme como soy, y enterarse de aspectos ignorados de mi vida —quizás alguno de mis cuatro lectores sienta ese insólito deseo—, debe leer este artículo de colección publicado en Caras. ¿De dónde sacaron sus autores esos rarísimos retratos de mi niñez y juventud, que yo mismo ignoraba que existieran? ¿Cómo hizo Caleb para lograr que le dijera yo cosas que a nadie antes le había dicho? ¿Qué extraordinaria sensibilidad, o qué mágica lente usó Rodrigo para hacer que en sus fotografías me vea yo como me veo? Gracias doy a esos generosísimos colegas por haberme sacado de mí mismo para mostrarme tal cual soy. Gracias a Lucía Alarcón de Zamacona, la directora editorial de Caras, y a Ana Carballido Castillo, su coordinadora editorial, por la hospitalidad que me dieron en sus páginas. Y a la señora vida, gracias por haberme hecho este regalo. Hoy viernes, día en que toda la familia se junta en nuestra casa, pondré como sin intención la revista sobre la mesa de la sala para que ahí la vean mis hijos y mis nietos. También los papás y los abuelos tenemos derecho a presumir un poco…

Dulcilí, muchacha ingenua, hacía el amor con su lúbrico galán en un ameno prado, junto al arroyuelo. Exclama jubilosa: “¡Bien dice mi mamá, que se puede gozar más en el campo, en pleno contacto con la naturaleza, que en los antros de la ciudad, tan llenos de humo y música ruidosa!”…

Susiflor les anunció a sus padres que Avidio, su novio, se iba a presentar esa noche a solicitar su mano. Preguntó con voz grave el genitor: “¿Tiene dinero?”. “¡Ah! —exclama Susiflor—. Todos los hombres son iguales. ¡Él me preguntó lo mismo acerca de ti!”…

El pato encontró a la patita en malos pasos con el ganso del corral. Ella se justificó, humilde: “Recuerda que antes de casarnos te dije que me gustan mucho los gansitos”…

La hija de doña Panoplia de Altopedo, dama de buena sociedad, compartió con los invitados algo que la noche anterior le había sucedido. “En la oscuridad de mi cuarto —relató—, creí ver un fantasma. ¡Se me puso la carne de gallina!”. “Jovencita —le llamó la atención doña Panoplia—. A nosotros no se nos pone la carne de gallina. Debes decir: ‘Se me puso la carne de pavo real’”…

La señora regresó el lunes de un viaje. Su pequeño hijo le contó, emocionado: “Yo y papi dormimos juntos el viernes”. La linda mucama de la casa lo corrigió, sonriendo: “Papi y yo dormimos juntos el viernes”. “No –la corrigió a su vez el niño-. Lo de ustedes fue el sábado”…

FIN.

miércoles, 6 de febrero de 2013

‘A un panal de rica miel…’

De politica y cosas peores
 
Viagra y suplemento vitamínico de hierro. Don Chinguetas, señor de edad madura, cometió el error de tomar esas dos sustancias al mismo tiempo, y ahora anda con la ésta apuntando continuamente hacia el Norte…
 
El padre de Pepito quiso darle a su desfachatado crío una lección moral. Le dijo: “George Washington, siendo niño, cortó con un hacha un árbol de cerezo que había plantado su papá, y de inmediato confesó su falta. ¿Sabes, entonces, por qué no lo castigó su padre?”. “Sí —responde el chiquillo sin dudar—.

Porque todavía tenía el hacha en la mano”…
 
Don Añilio, el señor que discretamente cortejaba a Himenia Camafría, madura señorita soltera, le preguntó una tarde, mientras los dos bebían en la casa de ella un té de yerbadulce u orozuz con galletas Marías (la señorita Himenia las llamaba “pastas”): “Si alguna vez usted y yo nos casáramos, amiga mía, ¿qué fecha del calendario le gustaría para llevar a cabo nuestros desposorios?”. Contestó de inmediato la señorita Himenia: “El 21 de diciembre”. “¿Por qué?” –inquirió el senescente caballero. Explicó la señorita Camafría: “Porque es la noche más larga del año”…
 
“A un panal de rica miel dos mil moscas acudieron…”. ¿Saben mis cuatro lectores cuántas notificaciones para el registro de nuevos partidos se presentaron ante el Instituto Federal Electoral? ¡Cincuenta! Risum teneatis, amici? ¿Podéis contener la risa, amigos? Ese crecido número se explica si se consideran las jugosas prerrogativas que ofrece a los concesionarios del poder político una legislación electoral hecha por los partidos para los partidos.

Quien logra el registro de unas siglas partidistas se convierte automáticamente en millonario. No necesita haber trabajado un solo día, y ya no tendrá que trabajar el resto de su vida. De ahí el marcado interés que muchos muestran en la política. Por lo menos en 48 de esos 50 casos no se trata de civismo: se trata de pancismo. Lo dicho: “A un panal de rica miel dos mil moscas acudieron…”. Y ya no digo más, porque estoy muy encaboronado…
 
El galán con quien esa noche salió la pizpireta Pirulina se sorprendió al ver que la muchacha llevaba un cinto en los tobillos. “¿Por qué lo traes ahí?” –le preguntó asombrado. Explica ella con una sonrisa: “Es que mi mami me hizo prometerle que no dejaría que me tocaras más abajo del cinto”…
 
Un lugareño fue a la oficina de Correos de su pueblo y preguntó por el código postal de Kote, Florida.

El encargado buscó en vano ese nombre en los registros y el mapa de ese estado. Después de mucho batallar cayó en la cuenta de que la ciudad a que se refería el individuo era Tampa. (No le entendí)…
 
Un cazador iba por lo más espeso de la jungla africana, ahí donde la mano del hombre no ha puesto nunca el pie. En eso le salieron al paso dos feroces leones de melena negra. El cazador alzó su rifle y accionó el gatillo. ¡Horror, el arma estaba encasquillada, y no disparó! El hombre, entonces, echó a correr a toda su velocidad. Le dice uno de los leones al otro: “Permíteme un momentito, por favor. Nunca puedo resistir la comida rápida”…
 
Aquella muchacha tenía unas piernas cipresinas, largas y finas como las de Cyd Charisse, la actriz y bailarina a la que Cabrera Infante llamaba “la Cyd Campeadora”. Las golosas miradas masculinas iban siempre hacia las bien torneadas piernas de la chica. Y comentaba ella, perpleja: “No sé por qué los hombres nos miran tanto las piernas a las mujeres, si luego es lo primero que hacen a un lado”…
 
Una jirafa entró en un bar, se sentó en uno de los banquillos de la barra y pidió un tequila doble.

El cantinero y los parroquianos se le quedaron viendo, estupefactos. “¿Por qué me miran así? —preguntó desconcertada la jirafa—. Ya cumplí los 21 años”…
 
Babalucas fue a cobrar un cheque. Le pide la cajera: “¿Tiene usted alguna identificación?”. “Sí —contesta el badulaque—. Un lunar en la nalga izquierda”…
 
Don Astasio entró en la recámara y sorprendió a su esposa en los brazos de un desconocido.

Antes de que el mitrado marido pudiera pronunciar palabra le dijo la señora con tono de reproche: “Tú tienes la culpa. Me dejas sola demasiado tiempo”. Replica don Astasio, gemebundo: “¡Pero si sólo fui a la cocina a traer un vaso de agua!”…
 
FIN.

viernes, 1 de febrero de 2013

¡No manches!

De politica y cosas peores

El odontólogo estaba en trance de fornicio con una lindísima paciente, y en ese momento irrumpió en el consultorio su mujer. Al día siguiente el periódico local publicó la noticia: “Dentista sorprendido por su esposa cuando llenaba la cavidad equivocada”…

Al terminar la comida don Chinguetas encendió un cigarrillo y le dio una ávida fumada. “¡Primero de febrero al fin! —dijo muy contento—. ¡Creo que mi propósito de Año Nuevo ya duró lo suficiente!”…

Babalucas se dispuso a gozar los deliquios de amor con Pirulina. Ella le musitó al oído: “¿No vas a usar alguna protección?”. Fue el badulaque y se puso su casco de futbol americano…

Capronio, sujeto ruin y desconsiderado, le dijo a su mujer: “Creo que nunca podré olvidar el día en que te conocí”. “¡Ay!” –se emocionó ella, conmovida. “Pero seguiré intentándolo” –remató el canalla…

Tres excursionistas se vieron precisados a pernoctar en una cabaña que tenía una sola cama. Al día siguiente dos de ellos amanecieron con sus partes de varón adoloridas. El que había dormido en medio les comentó: “Tuve un extraño sueño. Toda la noche soñé que estaba esquiando”…

“No manches”, dicen los muchachos. Y no lo dicen por mala educación, sino por buena: la frase es eufemismo para disimular otra expresión más ruda: “No mames”. Tampoco ésta dicción es en verdad tan fuerte: la palabra “mamón” designa a aquel que aún está mamando la leche materna. Al pedirle a alguien que no mame se le está exhortando a no ser tan bobalicón o simple como un crío en lactancia todavía. Sucede, sin embargo, que esas palabras son equívocas, por su connotación sexual, y entonces se disfrazan recurriendo al circunloquio supradicho: “No manches”. Lo usó con tino López Obrador al referirse al dictamen de la Comisión Fiscalizadora del Instituto Federal Electoral según el cual AMLO fue el único candidato a la Presidencia que se excedió en sus gastos de campaña. Tal dictamen se antojó tan dudoso, extravagante, inverosímil, disparatado, absurdo, exótico, increíble, improbable y peregrino (no necesariamente en ese orden) que dio lugar no sólo a desatadas críticas, sino también a gran copia de chocarrerías, entre ellas la de López Obrador: “No manchen”. Quizá por eso el IFE reculó. Eso se oye muy feo. Diré mejor: ció. Eso nadie lo entenderá, ni yo. Diré más bien: se patraseó. Eso parece vulgarismo. Diré entonces: dio marcha atrás, retrocedió. Acordaron los consejeros, en efecto —y acordaron bien—, postergar una semana el debate sobre la eventual multa al Movimiento Progresista. Esperemos que tal aplazamiento favorezca los criterios de legalidad, equidad e imparcialidad que deben presidir las decisiones de ese Instituto tan cuestionado y puesto en solfa últimamente…

Sonó el timbre de la puerta, y la señora de la casa abrió. Quien llamaba era un compadre de su esposo. “Mi marido no está” –le informó al hombre. “Ya lo sé, comadrita —dijo el tipo—. Precisamente esperé a que se marchara. Es con usted con la que quiero hablar”. Ella, extrañada pero curiosa, lo invitó a pasar. En la sala le dijo el visitante, sin preámbulos: “Comadre: usted me gusta mucho. Le ofrezco 10 mil dólares si me deja gozar de sus encantos”. “¡Compadre! —exclamó ella—. ¡Es usted un grosero, un insolente, un atrevido! Los 10 mil dólares ¿serían en efectivo o en cheque?”. “Como usted quiera, comadrita —replicó el oferente— Se los puedo dar también en pagarés, letras de cambio, IOUs, cheques de viajero, títulos de la renta pública, acciones quirografarias o Bonos del Ahorro Nacional”. La mujer empezó a aducir la fe que a su marido había jurado al desposarlo; su virtud y decencia de casada; su nunca mancillado honor, pero mientras así moralizaba iba pensando en todo lo que podría comprarse con aquella cantidad. Suspiró entonces y dijo: “Que sea en efectivo, compadre, si me hace usted favor”. Fueron a la alcoba, pues, y ahí empezó a tener efecto aquella irregular concertación. El compadre, mientras se refocilaba cumplidamente, decía una y otra vez: “¡Dios mío! ¡Dios mío!”. Eso llamó mucho la atención de la señora, pues su marido lo único que solía decir en tales ocasiones era: “¡Mpf! ¡Mpf!”. Le preguntó al ilícito amador: “¿Por qué invoca usted, compadre, al Supremo Hacedor?”. Sin responder a la pregunta repitió el sujeto: “¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿De dónde voy a sacar los 10 mil dólares?”…

FIN.

domingo, 20 de enero de 2013

Casos y cosas naturales

De politica y cosas peores
 
La noche de bodas iba a comenzar. De repente la anhelosa novia estornudó. Su maridito le dijo: “¡Salud!”. “Oye —se molestó ella—, ¿venimos a platicar o a hacer lo otro?”…
 
En Estados Unidos los investigadores hablan de una enfermedad que paraliza a muchas mujeres de la cintura para abajo. Se llama “matrimonio”…
 
Meñico Maldotado, infeliz joven a quien la naturaleza regateó sus dones en la parte varonil, fue con Pirulina, damisela con mucha ciencia de la vida, a un discreto motelito. Maldotado se mostró al natural ante su sabidora compañera. Ella le vio la correspondiente parte y luego dijo: “¡Mira qué linda! ¿Qué quiere ser cuando crezca?”…
 
Casha Lotta, actriz de teatro entrada en años, estaba algo pasada de peso, por no decir que era muy gorda. A pesar de su edad y sus arrobas seguía haciendo papeles de dama joven, entre ellos el de Margarita Gautier, la pálida heroína de Dumas. En cierta ocasión la compañía donde actuaba Casha representó “La dama de las camelias” en un villorrio del norte. Llegó la escena en que el enamorado Armando Duval, llamado con urgencia por su padre, debía ir a su pueblo. Le dice con desolado acento a Margarita: “¿Cómo puedo llevarte conmigo, amada mía?”. Se escuchó el grito de un pelado: “¡En dos viajes, cuñao!”…
 
El pirata Hook —ese que en el brazo derecho lleva un gancho en vez de mano— se hallaba en una playa de moda tomando el sol con su mujer. Frente a ellos pasó una estupenda rubia cubierta sólo por brevísimo bikini, y en cuyo cuerpo escultural se veía profusión de esparadrapos, vendoletas y curitas. La fiera esposa de Hook clavó en él una mirada inquisitiva. Y balbuce, temeroso, el pirata del gancho: “¡Te juro que ni siquiera la conozco!”…
 
Doña Macalota tomaba lecciones de canto. Iba a ofrecer su primer recital, y para eso ensayó algunas canciones , entre ellas “Ciribiribin”, “After the ball”, y aquella que dice: “Alas tener quisiera, / como las mariposas, / y volar de flor en flor, / embriagándome de amor…”. Había un problema, sin embargo: tan pronto ella empezaba sus gorjeos —especialmente en “Ciribiribin”— el perro de la casa rompía a aullar desgarradoramente. Don Chinguetas, el marido de doña Macalota, le dijo con impaciencia a su mujer: “¿Qué no sabes algunas canciones que el perro no se sepa?”…
 
La parejita llegó a registrarse en el hotel. El encargado le preguntó al muchacho: “¿Cuál va a ser su forma de pago?”. “Ninguna —responde él—. Estamos casados”…
 
Solicia Sinpitier, madura señorita soltera, vio en el escaparate de la tienda un letrero que decía: “¡Hoy! ¡Gran venta de empleados!”. Entró apresuradamente y le dijo con ansiedad a la chica que la atendió: “¡Quiero aquel morenito de bigote!”…
 
La esposa de Babalucas se sorprendió al verlo vistiendo una capa de Superman y otra de Batman, y con un bote de pintura y una brocha. Le explica el tonto roque: “Las instrucciones dicen que con dos capas se obtienen mejores resultados”…
 
Pocos días después de Navidad los papás de Pepito lo llevaron a la iglesia. El chiquillo vio una imagen del Cristo de la Misericordia y preguntó: “¿Quién es?”. Le respondió su papi: “Es Jesús”. “¡No manches! —replicó Pepito—. ¿Tan rápido creció?”…
 
Un mono de nieve le dijo a otro: “¿No percibes un olor así como a zanahoria?”…
 
Uglicia, mujer poco agraciada, viajaba en tren, y le tocó dormir en la litera de arriba. En la de abajo iba un hombre que roncaba sonoramente, tanto que Uglicia no podía conciliar el sueño. Desesperada, le habló al hombre para despertarlo: “Señor… Señor…”. “Ni lo pienses —le dijo el incivil sujeto—. Te vi cuando subimos al tren”…
 
Una ratoncita iba con su ratoncito, y vieron venir un gato blanco. “Vámonos —le dijo con prontitud la ratoncita al ratoncito—. También éstos son de mala suerte”…
 
La esposa de Avaricio Cenaoscuras, hombre ruin y cicatero, logró hacerse de un billete de 500 pesos. Temerosa de que su marido se lo encontrara tuvo la ocurrencia de ponerse el billete en la entrepierna. Le aconteció un accidente desgraciado, sin embargo: ya no se lo pudo sacar de ahí. Llena de alarma le contó a su marido lo que le había pasado, y le pidió que la llevara a una clínica. Al día siguiente Cenaoscuras fue a preguntar por su mujer. La enfermera encargada le preguntó a su vez: “¿Su esposa es la señora a la que se le fue por ahí un billete de 500 pesos?”. “Así es” —respondió don Avaricio. Le informa la enfermera: “No ha tenido ningún cambio”…
 
FIN.

viernes, 11 de enero de 2013

Trabajar día a día por México

De Política y Cosas Peores
 
“¿Tiene usted Viagra oftálmico?” -le preguntó Babalucas al encargado de la farmacia.
 
“¿Viagra oftálmico? -se desconcertó el hombre-. No creo que exista.
 
¿Por qué quiere usted Viagra oftálmico?”.
 
Responde el badulaque: “Es que voy a hacer el papel de gangster en una obra teatral, y el director me pide que tenga la mirada dura”.
 
Hoy se festeja el 95 aniversario de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo. Importante organismo es éste. Reúne a más de 250 Cámaras, 650 delegaciones, y tiene presencia en casi mil centros de población en la República. Los sectores representados por el organismo aportan el 53 por ciento del Producto Interno Bruto (dicho sea sin ofender a ese producto), y proporcionan más de la mitad de los empleos formales del país. La Confederación es actualmente dirigida por un saltillense: Jorge Dávila Flores. Lo conozco desde su juventud. Fue alumno del Ateneo Fuente en los tiempos en que yo era director de ese glorioso Colegio. Estudiante que obtenía las mejores calificaciones, era también magnífico jugador de futbol americano, lo mismo que su hermano José Luis. Para cualquier maestro es un orgullo ver que sus alumnos destacan en los varios caminos de la vida. Bajo la conducción de Jorge Dávila la Concanaco Servytur ha realizado promociones de tanto éxito como El Buen Fin, programa que este año favoreció a innumerables mexicanos, con ventas por casi 150 mil millones de pesos, 40 por ciento más que el año anterior, lo cual da idea de su éxito. Otro logro importante fue la campaña “Hablemos y Actuemos Bien por México”, gracias a la cual se ha conseguido atraer importantes inversiones extranjeras. En las actuales circunstancias nuestro país requiere la activa participación de todos los ciudadanos en la común tarea de hacer de México un lugar mejor para vivir. Ciertamente están cumpliendo esa misión los mexicanos que, por encima de todos los problemas y adversidades, trabajan día a día en el campo de la iniciativa privada. Celebro este aniversario de la Concanaco Servitur, y envío un cordial abrazo a mi ayer alumno y hoy amigo Jorge Dávila Flores.
 
Dice un moderno clásico: “La edad no protege contra el amor, pero el amor sí protege contra la edad”. Un proverbio de pueblo, sin embargo, contradice tan optimista afirmación. Propone ese aforismo: “Casamiento a edad madura, cornamenta o sepultura”.
 
Don Languidio, añoso caballero, pensó que aún había sol en sus tapias, y casó con Pirulina, frondosa mujer en flor de edad y dueña de magníficos atributos corporales. La noche de las bodas ella se le presentó ataviada con un vaporoso y blanco negligé. El maduro novio exclamó al verla: “¡Amada mía! ¡Tan pura y casta te ves que mi apetito varonil se frena ante tu virginal belleza!”. Y no la tocó ni con el pétalo de una cosa. La segunda noche ella vistió un negligé azul celeste. “¡Ángel del paraíso! -se extasió don Languidio-. ¡Ese color de cielo refleja tu virtud! ¡Ante ella retroceden mis impulsos de másculo en libídine!”. Y así diciendo se puso su piyama y su gorro de dormir y se entregó al sueño. Conducta poco airosa fue ésa, a juicio mío, pues Morfeo no debe estar donde Himeneo está. La siguiente noche Pirulina lució un negligé color de rosa. Prorrumpió con arrobo el senescente galán: “¡Mi vida! ¡Pareces una niña con ese atavío de infantil color! ¡Tu inocencia hace que se detengan, respetuosos, mis rijos de lubricidad!”. Y de nueva cuenta el provecto desposado no hizo obra de varón. Pirulina, que estaba ansiosa de gozar los deliquios del connubio, quiso suprimir los estorbos que imponían las ideas de virtud, inocencia virginal, candor de niña, etcétera, y esa noche se puso un negligé de encendido color rojo, con sensual liguero, brassiére de encaje transparente, medias de malla, pantie crotchless y zapatos de tacón aguja. “¡Ah! -se azaró don Languidio cuando la vio luciendo esa atrevida conmixtión-. ¡La natural inexperiencia de tu juventud te lleva a hacer renuncia de tu pudicicia! ¡Suplo esa falta con mi caballerosidad, y no me aprovecho de tu candidez!”. Y así diciendo la dejó otra vez medio vestida y totalmente alborotada. Esa noche Pirulina apareció cubierta con un negligé de color negro: “¿Por qué escogiste hoy tan severo color?” -le preguntó, inquieto, don Languidio. Respondió Pirulina: “Estoy de luto. Según he visto en las pasadas noches, hay algo por aquí que ya murió”.
 
FIN.

martes, 3 de marzo de 2009

Gracias

De politica y cosas peores
 
Simpliciano, joven romántico y soñador, le dijo a Pirulina: “Te invito a disfrutar el véspero”. “A verlo” —pidió ella. El muchacho le explicó que el véspero era el atardecer, del cual gozarían en un paseo por el parque. A Pirulina le gustaban otros placeres de más sustancia y entidad, pero por no poner tristeza en el ánimo de su idealista amigo aceptó la inocente caminata. Iban, pues, por el parque cuando pasó un automóvil lleno de burlones jovenzuelos. Uno de ellos sacó la cabeza por la ventanilla y le gritó a Simpliciano: “¡Fóllatela!”. Al pobre muchacho le apenó tanto aquella procaz majadería que tomó por el brazo a Pirulina y de inmediato la llevó a su casa. “Siento mucho lo que sucedió —le dijo acongojado—. ¿Podré verte mañana?”. Contundente y lacónica respondió Pirulina: “No”. “¿Por qué no?” —se atribuló Simpliciano. Replica Pirulina: “Porque eres muy soberbio. No sabes admitir una buena sugerencia”...

Al final de esta columnejilla viene “La Triste Historia del Indejo que se Echó él Mismo de Cabeza”. En ella aprenderemos que a veces conviene pensar un poco antes de hablar...

“Señor Catón: Saludos, y quiero decirle que gracias a usted he tenido muchas mañanas felices en mi cama”. Al leer eso traje a la mente recuerdos olvidados y pensé: “¿Quién será ella?”. Pero seguí leyendo: “Mi esposo me lee su columna al empezar el día, y eso me alegra toda la mañana”. Díganme mis cuatro lectores si un recado así, que me fue entregado en propia mano por una gentilísima señora en la Feria del Libro del Palacio de Minería, no es para llenar de dicha el alma de cualquier escribidor. Presenté ahí mi más reciente obra: “La Otra Historia de México. Hidalgo e Iturbide. La gloria y el olvido”. ¿Cómo podré dar las gracias al público que abarrotó el hermoso Salón de Actos? Cuando salí a escena el auditorio me recibió con un aplauso que parecía eterno. Tuve dificultades para empezar a hablar, pues me emocionó el afecto de la gente. Y de otra generosidad supe también. Al día siguiente mis amigos del Grupo Editorial Planeta me invitaron a visitar sus oficinas, y me mostraron la puerta de cristal de la sala de consejo. Ahí, grabados con caracteres indelebles, se leen varios nombres. “Son —me dijeron— los de nuestros autores más leídos y más queridos”. Ahí García Márquez. Ahí Juan José Arreola. Ahí Ángeles Mastreta. Ahí Jorge Ibargüengoitia. Y ahí —¡oh sorpresa!— mi nombre, junto al de aquellos grandes. Abajito, claro, como debe ser, pero en su compañía. Con algunos hombres la vida es muy injusta, porque les da menos de lo que merecen. También conmigo la vida ha sido injusta, pues siempre me ha dado mucho más de lo que podría yo llegar a merecer. Le agradezco a la vida su injusticia...

Viene ahora “La Triste Historia del Indejo que se Echó él Mismo de Cabeza”. Aquel señor llegó a su casa en horas de la madrugada, tras de correrse con sus amigos una parranda homérica. Al llegar sintió un amago de hambre, y se guisó un par de huevos revueltos (scrambled eggs, para mis lectores del Hemisferio Norte). Luego se fue a la cama a dormir el intranquilo sueño de la borrachera. De él lo sacó su esposa horas después.

Tras de moverlo para que despertara le gritó con acento destemplado al tiempo que blandía ante él, amenazante, una tremenda cacerola: “¿Qué hiciste anoche, desdichado?”. Lleno de susto, aún medio dormido y alzando las dos manos para protegerse del cacerolazo que ya veía venir, el infeliz acertó a contestar: “¡Te juro que yo nomás bailé!”. “¡Ah! ¿También eso, cabrísimo grandón? —replica furiosa la mujer—. ¡Ya lo veremos luego! ¡Pero mira cómo dejaste la cacerola! ¡Le raspaste toda la capa de teflón!”...

FIN.

domingo, 22 de febrero de 2009

El octavo

De politica y cosas peores
 
La lección trataba de los tiempos del verbo. Les pide a los niños la maestra: “-Díganme en qué tiempo está el verbo en la siguiente frase: ‘-Esto no debió haber sucedido’”. Responde sin vacilar Pepito: “-¡En preservativo imperfecto, maestra!”...
 
Himenia, madura señorita soltera, está en el consultorio del médico joven, simpático y apuesto. El doctor le pide que se desvista para revisarla. Poco después entra y le pregunta: “-¿Ya se desvistió, señorita Himenia?”. “-Sí, doctor —responde ella tímidamente—. ¿Y usted?”...
 
Un amigo encuentra en la calle a Babalucas. “-¡Quihubo Babalucas! —lo saluda con singular afecto—. ¡Tenía mucho tiempo de no verte! ¿A qué te dedicas ahora?”. Responde muy serio Babalucas: “-Compro huevos a 3 pesos cada uno, los echo en agua hirviendo y luego vendo huevos duros a 3 pesos cada uno”. El amigo se desconcierta. “-No entiendo —dice—. Compras huevos a 3 pesos, los haces duros y luego los vendes otra vez a 3 pesos. ¿Qué ganancia te queda”. “-¡Cómo que qué me queda! —exclama con energía Babalucas—. ¿Y luego el caldo?”...
 
En el bar un señor se molestó al ver que el sujeto sentado al lado suyo comenzaba a tomar del vaso en que él bebía. “-Perdone, caballero —dice el abusón—. Confundí su bebida con la mía”. Al rato el tipo empieza a fumarse el cigarro que el señor acababa de encender. “-Disculpe —repite—. Creí que era mi cigarro”. Cuando se levanta para irse toma el portafolios del señor. “-Perdone otra vez —se justifica cuando éste le reclama—. Pensé que era el mío”. “-¡Carajo! —estalla el señor—. ¡Qué bueno que no sabes dónde vivo, caón!”...
 
Empezaba a clarear la luz del día después de la agitada noche de bodas. El joven marido se aplicó al deliquio de la madrugada, el cual, según los entendidos es uno de los más deleitosos de cuantos puede haber. A la mitad del amoroso trance exclama extática su mujercita: “-¡Te amo, Enrique!”. “-Oye —se interrumpe el muchacho—. Yo no me llamo Enrique”. “-Ya lo sé —replica ella—. Pero pensé en el nombre porque este es el octavo”...No le entendí)...
 
Solsticia Sinpitier, madura señorita soltera, le dice al guapo joven en la fiesta: “-¿Qué edad me calcula?”. Responde el muchacho: “-A juzgar por el brillo de sus ojos, 26 años. Tomando en cuenta la tersura de su piel, 25. Viendo sus manos, 22…”. “-¡Caramba! —sonríe halagada la señorita Sinpitier—. ¡Qué amable!”. “-Espere —replica el joven—. Todavía no hago la suma...
 
Mr. Cuckold, señor americano de ya madura edad, aguardaba nerviosamente en la sala de espera de la maternidad. Llega una enfermera y le dice: “Su esposa dio a luz un hombrecito”. “¡Ah! —exclama muy orgulloso Mr. Cuckold—. ¡Eso les mostrará a mis amigos que puede haber nieve en mi tejado, pero en mi chimenea todavía hay fuego!”. “Pues haga limpiar la chimenea —le dice la enfermera—, porque el niño salió negrito”...
 
Iba una señora en una vagoneta. Con ella viajaban 12 niños. Inadvertidamente la conductora se pasó una señal de alto. La detiene un oficial de tránsito y le pregunta: “Señora: ¿no sabe cuándo se debe detener?”. Responde ella, confusa: “-Cuatro de ellos no son míos’’...
 
Pirulina tuvo una cita con Afrodisio Grandpitier, galán que gozaba de mucha fama por su fogosidad. Cuando regresó, su compañera de cuarto le pidió muy interesada: “Siéntate y cuéntame todos los detalles de tu cita con Afrodisio”. “No puedo” —respondió Pirulina—. “¿No puedes contarme lo que pasó?” —se extraña la amiga—. “No, —replica Pirulina con voz feble—. No puedo sentarme”...
 
FIN.

sábado, 21 de febrero de 2009

Partida secreta

De politica y cosas peores
 
Doña Facilisa fue a confesarse con el padre Arsilio. “Me acuso, padre —le dice— de que he engañado a mi marido”. Pregunta el buen sacerdote: “¿Cuántas veces”. Luego de un largo silencio inquiere Facilisa: “¿Tiene usted una calculadora”...
 
La linda maestra de Inglés le indica a Pepito: “Has terminado el primer curso. No tengo ya nada qué enseñarte”. Responde el precoz niño: “¿Puedo hacerle algunas sugerencias”...
 
La abuelita de Pirulina le daba sabios consejos. “Lo que debes hacer, hijita —le recomendaba--, es buscarte ya un hombre que te convenga”. “Lo estoy buscando, abuela —le asegura Pirulina--. Pero mientras tanto me divierto con hombres que no me convienen”...
 
Don Languidio tuvo trato de fornicio con una ávida muchacha que hacía comercio con su cuerpo. Al final del apurado trance le dice la codiciosa pecatriz a don Languidio, pensando en el dinero que éste le pagaba: “¿Cuándo lo haremos otra vez? Dígame el día”. Responde con voz feble el veterano: “Mejor te digo el año”...
 
Cosa de Perogrullo es señalar que la República es la cosa pública. Eso equivale a decir que pertenece a todos. Resulta contrasentido, entonces, que en una república haya partidas secretas. Es como si en un convento de trapenses hubiese una radiola. Ciertamente durante 70 años todo el erario estuvo a disposición del Presidente en turno, que tenía en el presupuesto nacional una enorme partida secreta de la cual podía disponer conforme a su voluntad omnímoda. Se supone, sin embargo, que la democracia ha de ser luz y pureza, pureza y luz, como el cristal de roca. Y se supone también que vivimos ya tiempos democráticos. La transparencia es entonces requisito sine qua non —y deje usted sine qua non: absolutamente indispensable— del buen manejo de los fondos públicos. Esa transparencia ha de extenderse a otros entes, como los sindicatos, que copiaron todos los vicios y corrupciones del aparato oficial, y los magnificaron. La democracia no ha llegado todavía a esas organizaciones. Mantienen sin cambio alguno la misma estructura que tenían en la época del PRI. Obligar por ley a los sempiternos líderes de esos sindicatos a rendir cuentas a sus agremiados es exigencia que ya no se puede postergar, y es también un paso muy importante en la urgente tarea de democratizar el sindicalismo mexicano, tan sujeto aún a las ataduras de antes...
 
¡Hoy! ¡Sí, hoy a las 6 de la tarde, en el Salón de Actos del Palacio de Minería, presentaré en la Feria del Libro mi más reciente obra: “La Otra Historia de México. Hidalgo e Iturbide: la gloria y el olvido”. Contaré anécdotas tan inverosímiles que parecen verdaderas; citaré datos estremecedores sobre los héroes que nos dieron Patria; diré cosas que siempre nos ocultó la mentirosa historia oficialista, y coincidiré contigo en el común amor a México, al que no puede dañar nunca la verdad. Te espero a ti, que perteneces al grupo de mis cuatro lectores queridísimos, para darte las gracias por tu afecto y tu amistad...
 
Desde lo alto del puente que cruzaba el río dos jactanciosos individuos estaban haciendo una necesidad menor. Dice uno de los presuntuosos tipos: “¡Qué frío está el río!”. Replica el otro: “Deja lo frío. ¡Qué hondo!”. (No le entendí)...
 
El viajero llegó a un país de Oriente, y el Primer Ministro le mostró cosas relacionadas con el sistema de justicia. Al visitante le llamó la atención ver una guillotina pequeñita, tan pequeña que cabía en una mano. “¿Por qué es tan pequeña esa guillotina
” —preguntó—. “La usamos para los violadores —explica el funcionario—. La Comisión de Derechos Humanos nos prohibió decapitarlos”... (Tampoco le entendí)...
 
FIN.

viernes, 20 de febrero de 2009

"A Saltillo, mi ciudad..."

De politica y cosas peores
 
El veterinario se disponía a inseminar artificialmente a una vaca. Vuelve la cabeza la vaquita, y entornando los grandes ojos de Juno le dice al médico: “¿Qué? ¿Ni siquiera me vas a dar un besito?”...
 
Se casó Meñico, joven paupérrimamente dotado por la naturaleza, con Pirulina, muchacha sabidora. Al empezar la noche del connubio Meñico dejó caer la bata que cubría sus escasos atributos. Lo ve Pirulina y sugiere: “¿Qué te parece si mejor nos ponemos a ver la tele?”...
 
Himenia Camafría, madura señorita soltera, recibió en su casa la visita de don Añilio, senescente caballero. El invitado se tomó varios copetines que la anfitriona le ofreció sin intención segunda. Animado por las copiosas libaciones, don Añilio le preguntó a la señorita Himenia. “¿Me perdonaría, querida amiga, si me aprovechara de usted?”. “Creo que sí, Añilio -responde ella acercándose un poco más a su invitado-. Lo que no le podría perdonar es que me desaprovechara”...
 
Mañana sábado, a las 18:00 horas, en el hermoso Salón de Actos del Palacio de Minería, presentaré mi más reciente libro: “La Otra Historia de México. Hidalgo e Iturbide: la gloria y el olvido”. Desde hace ya varios meses esta obra se mantiene en la lista de los 10 libros más vendidos en el país. Eso me deja estupefacto, atónito, asombrado, boquiabierto, sorprendido y admirado. Ni en mis más locos delirios habría podido imaginar que un libro de historia con cerca de 800 páginas, y además escrito por mí, pudiera convertirse en un best-seller. Pero mis sabios amigos de Diana, Grupo Planeta, conocen infinitamente más que yo de libros, e hicieron de este mío un suceso editorial extraordinario. Yo puse en la dedicatoria de la obra: “A Saltillo, mi ciudad, donde mis ojos se abrieron a la luz. Al Ateneo Fuente, mi escuela, donde la luz se abrió a mis ojos”. En la presentación hablaré de mis recuerdos de colegial que aprendió pronto que la duda enseña más que la conformidad; diré de las mentiras que se nos han contado acerca de cómo nació México; citaré datos que fueron ocultados por la historiografía oficial; narraré el hondo drama de esos dos tormentosos y atormentados personajes, Hidalgo e Iturbide; y luego charlaré contigo, amiga, amigo que perteneces al entrañable grupo de mis cuatro lectores; estrecharé tu mano, y si lo quieres pondré unas palabras afectuosas en tu libro, y alguien nos tomará una foto con tu cámara o con tu celular. Quiero decir que nos reuniremos en esa humana eucaristía que se imparten mutuamente el escritor y quien lo lee. Encontrarme contigo será uno más de los regalos que me da la vida...
 
Ni el señor ni la señora quedaron satisfechos con la casa que les diseñó el arquitecto. Se queja el señor: “La casa no tiene cuarto de juegos. ¿Dónde voy a meter a mis amigos?”. Se queja la señora: “Y mi recámara no tiene clóset. ¿Dónde voy a meter yo a los míos?”...
 
Llegaron los recién casados a registrarse en el hotel donde pasarían su luna de miel. Les pregunta el encargado: “¿Quieren cama matrimonial, o king size?”. Se adelanta a contestar la desposada: “King size, por favor”. “¿Para qué king size, mi amor? —opone el anheloso desposado—. Creo que en una cama matrimonial nos acomodaremos bien”. “Mejor king size -insiste ella-. Lo verás cuando me quite la faja”...
 
La chica encargada del archivo le pidió a Rosibel, la secretaria de don Algón, que la anunciara con el señor. “Voy a pedirle aumento de sueldo” -le informó. “Te aconsejo que vengas dentro de algunos días -le sugiere Rosibel arreglándose el vestido y el peinado-. Acabo de conseguir que me aumente el sueldo a mí, y en este momento el jefe no tiene ningún poder de decisión”...
 
FIN.

lunes, 16 de febrero de 2009

El IFE y los partidos

De politica y cosas peores
 
El lunes es el segundo día de la semana. Y nunca segundas partes fueron buenas. Goza de mala fama el lunes: dice el refrán que en lunes ni las gallinas ponen. El alma se entristece —las almas suelen ser románticas, y tienden a la melancolía—, y el cuerpo, sempiterno burrito remolón, no quiere volver a la faena diaria.
 
El lunes es proclive al pesimismo. (Schopenhauer debe haber nacido en lunes). Leo acerca del IFE y me entristezco. Nacido para ser un organismo de los ciudadanos, ese instituto es hoy propiedad de los partidos, que lo manejan a su antojo. Y ciertamente los partidos no representan a los ciudadanos. Son entes de interés privado que en ocasiones llegan a ser negocios de familia, o empresas personales.
 
En manos de los partidos ha caído el IFE, que cada día inspira menos confianza y cada vez en mayor medida se vuelve instrumento para que los partidos conserven y acrecienten los gajes, prebendas, sinecuras, beneficios, prerrogativas, emolumentos, remuneraciones, lucros, ventajas, utilidades y provechos de que gozan. (Perdón: me faltó “canonjías”).
 
No cabe duda: los partidos han secuestrado a la democracia. Dramática es la frase, reconózcolo, pero la dije para poner un poco de color en la grisácea opacidad del lunes.
 
Resumiendo: el IFE y los partidos —todos— me tienen muy encaboronado. A fin de disipar ese encaboronamiento procedo a relatar algunas historietillas de humor pícaro...
 
El ginecólogo terminó su jornada de trabajo. Le dice a su última paciente: “Al final del día suelo tomar aquí mismo una copita. ¿No gusta usted una?”. “Creo que me caería bien” —responde la mujer—. El médico escanció las copas, y empezaron los dos una conversación amena. En eso se oyó que alguien entraba. Se asoma el doctor y dice luego con ansiedad a la señora: “¡Rápido! ¡Desvístase y abra las piernas! ¡Es mi esposa!”...
 
Don Geroncio, añoso caballero, casó con Pirulina, muchacha en flor de edad. Al empezar la noche de las bodas le dice a su flamante mujercita: “Vamos a ponernos de acuerdo, linda. Si pongo la mano en tu pecho, eso significará que tengo deseo carnal. Si la pongo en el mío, eso significará que tengo un infarto”...
 
El agente de seguros trataba de venderle uno a la señora de la casa. Le dice: “Supongamos que su marido muere. ¿Qué haría usted?”. Responde ella: “Me compraría un perro que me gruñera todo el día y un perico que se la pasara diciendo indejadas. Así no lo extrañaría tanto”...
 
Una pareja de esposos norteamericanos viajaba por Canadá. En el camino se perdieron. Llegaron a un pequeño pueblo, entraron en la única tienda del lugar y le preguntaron al hombre que estaba ahí: “Perdone, señor: ¿en dónde estamos?”. Responde con laconismo el individuo: “Saskatoon, Saskatchewan”. “¡Caramba! —exclama desolada la señora—. Realmente estamos perdidos. ¡Aquí ni siquiera hablan inglés!”...
 
La adivinadora de la suerte le dice a la ranita: “Conocerás a un guapo joven que querrá saberlo todo acerca de ti”. “¡Fantástico! —se alegra la ranita—. ¿Sucederá eso en el Bosque Encantado?”. “No —replica la adivinadora—. Sucederá en la clase de Biología”...
 
El niñito de tres años estaba en la tina de baño. Se mira sus partecitas y le pregunta a su mamá: “Mami: ¿esto es mi cerebro?”. Contesta la señora: “Todavía no, hijito”...
 
Don Cornulio llegó a su casa cuando no era esperado, y le extrañó encontrar a su esposa en la recámara, sin ropa alguna y presa de gran agitación. Sobre el buró había un cenicero en el cual humeaba un puro. Amoscado, le pregunta a la señora: “Y ese puro ¿de dónde salió?”. Se oye una temblona voz venida de abajo de la cama: “Creo que de Cuba”...
 
FIN.