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martes, 26 de febrero de 2013

Justicia cinematográfica

De politica y cosas peores

‘‘¿Estás teniendo sexo?” –le preguntó doña Panoplia de Altopedo, señora de buena sociedad, a su hija célibe. Y es que la dama se consideraba progre. “Sí, mamá” –reconoció la chica. “Entonces ten esto” –le ofreció doña Panoplia. Y así diciendo le entregó a la muchacha un paquetito de condones. “No los necesito –dijo ella-. Sólo tengo sexo con mujeres”…

A pesar de ser crítico cinematográfico, a Pipo Lanarts le gusta mucho el cine. Hay algo, sin embargo en lo cual no está de acuerdo. Le parece una equivocación llamar al cine “el séptimo arte”. (Nota del autor: en México, cuando la producción de películas fue estatizada, el cine llegó a ser el arte número 792).

Opina Pipo que el cine es el primer arte de nuestra época; el que los suma a todos –como la ópera-, y el que con mayor claridad y difusión describe nuestro tiempo y nuestro mundo. Ciertamente hay cine malo, pero también hay mala poesía, y mala pintura, y mala música. Entonces, aunque es crítico de cine, Pipo Lanarts es fervoroso cinéfilo. Se había ausentado de las salas cinematográficas –cada vez le resulta más penoso salir de su casa, pequeño paraíso que disfruta intensamente-, y gozaba el llamado “cine en pantuflas”, el que se ve en casita. Pero ahora, con las salas VIP, donde se puede recostar como en su cama en comodísimos sillones, y disfrutar de variados comeres y beberes, Lanarts ha recobrado la magia de ir al cine. Vio las películas que fueron nominadas para el Óscar, y estuvo de acuerdo con los resultados, sobre todo con el que otorgó la estatuilla a Daniel Day-Lewis.

Histórica fue la noche del domingo, pues Day-Lewis recibió por tercera vez el Óscar al mejor actor, lo cual nadie, ni los más grandes entre los más grandes, había logrado. Desde luego está el caso de la enorme Katharine Hepburn, que en la categoría de mejor actriz se allegó cuatro estatuillas, pero aquí se habla del mejor actor. Pipo Lanarts ama el cine clásico; aquellas gloriosas películas fruto del star system en los años treintas, cuarentas y cincuentas; pero piensa que el cine de nuestro tiempo es igualmente bueno. No cree que el Óscar sea lo máximo en la carrera de un artista de la pantalla grande. Recuerda, por ejemplo, a Luise Rainer, la primera actriz que ganó el Premio de la Academia en dos ocasiones consecutivas -por “El gran Ziegfeld” y por “La buena tierra”-, quien luego cayó en injusto olvido.

Fue ella la primera y más notable víctima de la llamada “maldición del Óscar”. Tampoco ignora Pipo que algunos de los más grandes actores de Hollywood jamás obtuvieron el premio, entre ellos Richard Burton y Peter O’Toole, y que todavía no lo ha ganado una maravillosa actriz, Glenn Close, nominada seis veces, ninguna de las cuales ha subido al podio. Aun así Pipo Lanarts considera que el Óscar es obviamente un preciado galardón; vive con intensidad el colorido folclor que rodea a las ceremonias de entrega, y declara que los resultados de este año fueron justos. (¡Caramba, ni parece crítico de cine!)...

En cierta revista dedicada a mujeres en busca de marido apareció este aviso de ocasión: “Busco al hombre que me haga feliz. Marido ya tengo”…

En un avión iban sentados juntos un caballero y un perico. La azafata les preguntó que querían beber. El señor pidió un vaso de agua. El loro dijo: “A mí tráeme un whisky doble. ¡Y pronto, idiota!”.

La muchacha, asustada por aquel exabrupto inesperado, fue corriendo y le trajo el whisky al pajarraco. Fue tal su prisa que se le olvidó traer el agua que le había pedido el otro pasajero. El cotorro apuró de un trago el whisky, y en seguida le dijo a la azafata: “Tráeme otro igual. ¡Y rapidito, imbécil!”. Se apresuró otra vez la chica, y le trajo al perico la bebida. El señor, al ver que tampoco ahora le había traído la azafata el vaso de agua, pensó que sería atendido si usaba la misma táctica que el loro. Le dijo a la muchacha: “¡Y yo quiero mi vaso de agua, estúpida!”. No acababa aún de decir eso cuando llegaron dos fornidos miembros de la tripulación; agarraron al hombre y al perico, y abriendo la puerta del avión los arrojaron sin miramientos al vacío. Mientras el hombre caía vertiginosamente el loro lo alcanzó volando y le dijo: “Amigo: sólo si sabes volar puedes ponerte grosero en un avión”…

Al empezar la noche de bodas Meñico Maldotado se presentó por primera vez al natural ante su flamante mujercita. Le vio ella la alusiva parte y dijo con molestia: “Todo el argüende del noviazgo, la boda, y el viaje hasta acá ¿para eso?”…

FIN.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Juniors de la política

De politica y cosas peores

En altas horas de la noche sonó el teléfono en el departamento de Meñico Maldotado, que dormía ya profundamente. Contestó él, sobresaltado, y escuchó la voz de una mujer. Quien llamaba era su amiga Pirulina, con quien Meñico había tenido algunos escarceos de carácter erótico-sensual. Le dijo la muchacha: “Perdona mi llamada inoportuna, Meñi, pero acabo de leer en Internet que la gripe aviar ataca primero a los pájaros pequeños, y quise decírtelo inmediatamente, para que te prevengas”…

Astatrasio Garrajarra, ebrio con su itinerario, fue con un doctor, pues sentía dolores y molestias en todo el cuerpo. Después de examinarlo le dice el facultativo: “No puedo dar con la causa de su malestar. Pienso que es por la bebida”. “Ya veo —replica el temulento—.

Volveré cuando esté usted sobrio”…

El empleado de la oficina, hombre maduro, con tupido bigote y gruesas gafas, tenía una entrevista con el jefe de personal. Le dice éste: “Lo que nos perturba un poco, señor Glafírez, no es que haya usted encontrado la religión, sino que venga al trabajo vestido de monja”…

La esposa de Ovonio Grandbolier, el hombre más perezoso del condado, le confió a una amiga: “Mi marido tiene un grave problema de columna: no la puede separar del sillón”…

Los juniors de la política superan ya, y por mucho, a los de la iniciativa privada. Antes eran los hijos de los banqueros, de los grandes empresarios, comerciantes e industriales, quienes se paseaban en automóviles de lujo, se exhibían con mujeres que todo lo exhibían y daban fiestas desmadrosas como las de La dolce vita, toda proporción guardada. Ahora los hijos de la política son esos patéticos especímenes, los juniors rastacueros que una y otra vez ofrecen el espectáculo de su altanería y su mentecatez.

El llamado Niño Verde, que no es tal niño, sino adolescente ya, un adolescente cuarentón, es claro ejemplo de eso. Sus excesos son resultado de una viciosa legislación electoral que permite la existencia de falsos partidos que son en verdad empresas lucrativas en manos de un individuo o una familia. Habría que hacer una reforma radical por la cual los partidos deban su registro a los votos que ganen en las urnas por sí mismos, y no a los que sumen por efecto de alguna alianza o coalición con los partidos grandes. Las leyes y las instituciones electorales han de servir para ayudar a México a salir del subdesarrollo político en que se halla, no para reflejarlo. (¡Bófonos!)…

El médico de la casa de ancianos respondía las preguntas de los huéspedes en la sesión semanal. Preguntó doña Pasita, dulce viejecita de 85 años: “Doctor: ¿a mi edad es posible quedar embarazada?”. “Claro que no” –sonrió el médico. Desde el fondo del salón se oyó la voz de don Pitorro, anciano de la misma edad: “¿Lo ve, Pasita? Le dije que no teníamos nada de qué preocuparnos”…

Llegó un individuo a la consulta del doctor Duerf, célebre psiquiatra.

El tipo traía un plátano metido en un oído, y un pepino en el otro. “¿Cómo ve, doctor?” –le pregunta al analista-. ¿Cuál cree que sea mi problema?”. Pensativo, con una mano en la barbilla, responde el doctor Duerf: “Se me hace que no está usted comiendo bien”…

Inquirió Babalucas en el súper: “¿Por qué está tan caro este yogurt?”. Le informó la encargada: “Son bacilos cultivados”. Replica Babaluas: “No me importa la educación que tengan”…

Don Chinguetas se sentó ante el televisor y le pidió a su hijo: “Tráeme una cheve, antes de que empiece”. Poco después le dijo: “Tráeme otra cerveza, que no tarda en empezar”. No pasaron muchos minutos, y le volvió a pedir: “Tráeme otra cheve, porque ya va a empezar”.

Doña Macalota, la esposa de don Chinguetas, estalló. Le gritó a su marido con destemplada voz: “¿Ése es el ejemplo que le das a tu hijo? ¿Te parece bien estar así, echadote, sin hacer nada, bebiendo cerveza tras cerveza, mirando esos programas que nada más a ti te gustan y que son puras idioteces?”. Suspira don Chinguetas y le dice a su hijo: “¿Lo ves? Ya empezó”…

El maestro les preguntó a los niños: “¿Cuál es el vegetal que hace llorar?”. Contestó sin vacilar Pepito: “El repollo”. “No —lo corrigió el mentor—. El vegetal que hace llorar es la cebolla, no el repollo”. “¿Que no? —insistió Pepito—. Que le den un repollazo en los éstos, a ver si no se le salen las lágrimas”…

FIN.

domingo, 20 de enero de 2013

Casos y cosas naturales

De politica y cosas peores
 
La noche de bodas iba a comenzar. De repente la anhelosa novia estornudó. Su maridito le dijo: “¡Salud!”. “Oye —se molestó ella—, ¿venimos a platicar o a hacer lo otro?”…
 
En Estados Unidos los investigadores hablan de una enfermedad que paraliza a muchas mujeres de la cintura para abajo. Se llama “matrimonio”…
 
Meñico Maldotado, infeliz joven a quien la naturaleza regateó sus dones en la parte varonil, fue con Pirulina, damisela con mucha ciencia de la vida, a un discreto motelito. Maldotado se mostró al natural ante su sabidora compañera. Ella le vio la correspondiente parte y luego dijo: “¡Mira qué linda! ¿Qué quiere ser cuando crezca?”…
 
Casha Lotta, actriz de teatro entrada en años, estaba algo pasada de peso, por no decir que era muy gorda. A pesar de su edad y sus arrobas seguía haciendo papeles de dama joven, entre ellos el de Margarita Gautier, la pálida heroína de Dumas. En cierta ocasión la compañía donde actuaba Casha representó “La dama de las camelias” en un villorrio del norte. Llegó la escena en que el enamorado Armando Duval, llamado con urgencia por su padre, debía ir a su pueblo. Le dice con desolado acento a Margarita: “¿Cómo puedo llevarte conmigo, amada mía?”. Se escuchó el grito de un pelado: “¡En dos viajes, cuñao!”…
 
El pirata Hook —ese que en el brazo derecho lleva un gancho en vez de mano— se hallaba en una playa de moda tomando el sol con su mujer. Frente a ellos pasó una estupenda rubia cubierta sólo por brevísimo bikini, y en cuyo cuerpo escultural se veía profusión de esparadrapos, vendoletas y curitas. La fiera esposa de Hook clavó en él una mirada inquisitiva. Y balbuce, temeroso, el pirata del gancho: “¡Te juro que ni siquiera la conozco!”…
 
Doña Macalota tomaba lecciones de canto. Iba a ofrecer su primer recital, y para eso ensayó algunas canciones , entre ellas “Ciribiribin”, “After the ball”, y aquella que dice: “Alas tener quisiera, / como las mariposas, / y volar de flor en flor, / embriagándome de amor…”. Había un problema, sin embargo: tan pronto ella empezaba sus gorjeos —especialmente en “Ciribiribin”— el perro de la casa rompía a aullar desgarradoramente. Don Chinguetas, el marido de doña Macalota, le dijo con impaciencia a su mujer: “¿Qué no sabes algunas canciones que el perro no se sepa?”…
 
La parejita llegó a registrarse en el hotel. El encargado le preguntó al muchacho: “¿Cuál va a ser su forma de pago?”. “Ninguna —responde él—. Estamos casados”…
 
Solicia Sinpitier, madura señorita soltera, vio en el escaparate de la tienda un letrero que decía: “¡Hoy! ¡Gran venta de empleados!”. Entró apresuradamente y le dijo con ansiedad a la chica que la atendió: “¡Quiero aquel morenito de bigote!”…
 
La esposa de Babalucas se sorprendió al verlo vistiendo una capa de Superman y otra de Batman, y con un bote de pintura y una brocha. Le explica el tonto roque: “Las instrucciones dicen que con dos capas se obtienen mejores resultados”…
 
Pocos días después de Navidad los papás de Pepito lo llevaron a la iglesia. El chiquillo vio una imagen del Cristo de la Misericordia y preguntó: “¿Quién es?”. Le respondió su papi: “Es Jesús”. “¡No manches! —replicó Pepito—. ¿Tan rápido creció?”…
 
Un mono de nieve le dijo a otro: “¿No percibes un olor así como a zanahoria?”…
 
Uglicia, mujer poco agraciada, viajaba en tren, y le tocó dormir en la litera de arriba. En la de abajo iba un hombre que roncaba sonoramente, tanto que Uglicia no podía conciliar el sueño. Desesperada, le habló al hombre para despertarlo: “Señor… Señor…”. “Ni lo pienses —le dijo el incivil sujeto—. Te vi cuando subimos al tren”…
 
Una ratoncita iba con su ratoncito, y vieron venir un gato blanco. “Vámonos —le dijo con prontitud la ratoncita al ratoncito—. También éstos son de mala suerte”…
 
La esposa de Avaricio Cenaoscuras, hombre ruin y cicatero, logró hacerse de un billete de 500 pesos. Temerosa de que su marido se lo encontrara tuvo la ocurrencia de ponerse el billete en la entrepierna. Le aconteció un accidente desgraciado, sin embargo: ya no se lo pudo sacar de ahí. Llena de alarma le contó a su marido lo que le había pasado, y le pidió que la llevara a una clínica. Al día siguiente Cenaoscuras fue a preguntar por su mujer. La enfermera encargada le preguntó a su vez: “¿Su esposa es la señora a la que se le fue por ahí un billete de 500 pesos?”. “Así es” —respondió don Avaricio. Le informa la enfermera: “No ha tenido ningún cambio”…
 
FIN.

jueves, 17 de enero de 2013

Señalado por la sangre

De politica y cosas peores
 
El guía del museo antropológico les mostró a los niños un diorama en el cual aparecían hombres y mujeres de la Edad de Piedra. Les dijo: “Durante millones de años el hombre de Neanderthal no anduvo erecto”. “Me lo explico -le comentó en voz baja Pepito a Juanilito-. ¿Ya viste a la mujer de Neanderthal?”...
 
Yo también me explico la actitud de quienes protestaron por la presencia de Felipe Calderón en Harvard. Algunas cosas buenas hizo el michoacano, pero quedó señalado de manera indeleble por la sangre que corrió durante su sexenio. Caso semejante es el Díaz Ordaz. Muchos lo consideran uno de los mejores Presidentes que México ha tenido en la época moderna, y sin embargo todo lo que hizo desaparece ante la mancha del 68. Igual, me temo, sucederá con Calderón. Se olvidarán sus buenas obras -ya se han olvidado-, y se le recordará como el Presidente de las muertes, de la muerte. Un observador sereno e imparcial podrá citar logros incuestionables del panista: la estabilidad económica, los programas sociales en beneficio de los pobres, etcétera. Pero en la memoria colectiva permanecerá la enorme cifra de muertos y desaparecidos que hubo durante su mandato. Se piensa que por causa de Calderón y de su desatinada guerra millones de mexicanos perdimos -y quizá ya no recobraremos nunca- la paz y la tranquilidad en que vivíamos. La inseguridad es tal que la vida se nos ha vuelto una aventura peligrosa. Así las cosas, el saldo sangriento de estos años prevalecerá sobre cualquier otra imagen, y constituye ya el juicio final sobre el ex Presidente. Fue esa sombra la que se proyectó sobre la admisión de Calderón, aun como huésped transitorio, en la Universidad de Harvard.
 
Se le recibe en forma vergonzante, como a invitado incómodo, en medio de balbuceantes explicaciones tendientes a paliar lo más posible los malos efectos que para la inmaculada imagen harvardiana pudieran derivar del paso del combatido personaje por su sagrado campus. Me pregunto cómo se las arreglarán aquellos solemnes profesores para deshacerse de esa ingrata presencia. Y otra pregunta me hago: ¿cuál es la capital de Dakota del Sur?...
 
Meñico Maldotado era un pobre joven con quien se mostró avara la naturaleza. En la región de la entrepierna tenía 5 centavos de canela, y mal despachada. Tan escaso capital poseía en esa parte que una vez estuvo con una chica del talón. Cuando ella lo vio al natural le propuso: “¿Qué te parece si nos saltamos hasta lo del cigarrito?”. Y es que Meñico le había dicho que primero disfrutarían el acto del amor y luego se fumarían un cigarro. (En otros tiempos las tres mejores cosas de la vida solían ser una copa antes y un cigarrito después. Ahora, para no acortarse la vida, muchos suprimen lo del cigarrito). Pues bien, sucedió que en cierta ocasión Meñico Maldotado entró en un bar. El cantinero y los parroquianos se sorprendieron al verlo, pues el recién llegado traía un avestruz atado a una cadenita, como si fuera un perro. Pidió Meñico una cerveza para él y unos cacahuates para su exótica ave. El hombre de la cantina le preguntó, asombrado: “¿Podría decirme, señor, por qué viene con usted un avestruz?”. “Es hembra -precisó Maldotado-. Y la razón por la cual viene conmigo es una historia en verdad triste”. “Me gustaría oírla -dijo el barman-. Los cantineros somos especialistas en historias tristes”. “Ninguna más pesarosa que la mía” -se dolió Meñico. Y relató: “Ha de saber usted, amigo, que la naturaleza me escatimó sus dones en el renglón correspondiente al atributo varonil. Desde niño era yo la burla de mis amiguitos, que hacían ludibrio de mi escasa dotación en esa parte. Luego, ya joven, fui la irrisión de mis compañeros de escuela en los vestidores del gimnasio. ¿Y qué diré de mi presencia en el baño de vapor del club? Todos al verme rompían en estruendosas carcajadas. Cuando salía de ahí, las señoras, sabedoras por sus maridos de aquella insuficiencia mía, se reían entre sí y luego figuraban con índice y pulgar una medida mínima, como de un centímetro. Y aquí viene lo del avestruz hembra. Un día, en una tienda de antigüedades, compré una misteriosa lámpara. Al frotarla salió de ella un genio que me dijo: “Te concederé un deseo”. Ni siquiera lo pensé. Le pedí: ‘¡Quiero una polla grande!’. Y aquí estoy”...
 
FIN.

sábado, 28 de febrero de 2009

Ideologías

De politica y cosas peores
 
El marido le dijo a su mujer: “Me gustaría que cuando tuvieras un orgasmo me lo dijeras”. “No puedo” —responde ella. “¿Por qué no?” —se amosca el marido. Contesta la señora: “Porque me tienes prohibido que te hable a la oficina”...
 
El jefe de la cárcel para presos políticos de un país bananero llamó a los prisioneros y les informó: “Vamos a mandar la mitad de ustedes a Estados Unidos, y la otra mitad a Canadá!”. “¡Fantástico!” —exclamaron a coro los reclusos. Se vuelve el jefe a su ayudante y le ordena: “Trae la sierra eléctrica”...
 
En la noche de bodas el recién casado se asombró al ver que su flamante mujercita se presentaba ante él completamente al natural, en peletier, pero luciendo un pequeño sombrerito. “¡Qué hermosa eres! —le dijo con arrobo al contemplar sin veladuras los íntimos encantos de su amada—. Pero ¿por qué ese sombrerito?”. “Por pudor —responde ella—. Mi mamá me dijo que nunca me dejara ver por ti sin nada encima”...
 
Una señora le dijo a Babalucas que su marido había muerto. “¿Cómo puede estar muerto mi amigo?” —exclamó el badulaque, consternado. “Muerto está —confirmó la señora tristemente—. Muerto y sepultado”. “¿Muerto y sepultado? —se aflige Babalucas—. ¡Caramba, entonces la cosa estuvo peor!”...
 
Con esa misma forma de pensar yo me pregunto si acaso las ideologías en México están muertas y han sido sepultadas. Parece no haber ya ninguna distinción entre un panista, un priÍsta y un perredista, siendo que supuestamente representan el primero a la derecha; al centro el segundo, y el tercero a la posición de izquierda. Los políticos cambian ahora de partido como cambiar de calcetines, prenda la más idónea para ejemplificar esa pedestre conducta que en nuestros tiempos se ve con naturalidad. La mayoría de nuestros hombres públicos no tienen una ideología; tienen sólo ambiciones. Los mueve el apetito del dinero y el poder; no sienten la vocación del político verdadero, cuyo afán es servir a su comunidad con altruismo y ética. De esa tela ya no hay, decían nuestros abuelos para significar que algo bueno había desaparecido. Aquí han desaparecido las ideas. Al menos ésa es la idea que tengo...
 
Regresó Meñico del baño del restorán, y su compañero de mesa se asombró al ver que llevaba la entrepierna toda mojada. “¿Qué te pasó?” —le preguntó, azorado. Explica Meñico: “El oftalmólogo me puso lentes de aumento esta mañana. Ahora que fui al baño a hacer una necesidad menor saqué lo que tenía que sacar. Lo vi muy grande; dije: ‘Éste no es el mío’, y lo volví a guardar. Fue entonces cuando me mojé”...
 
Un muchacho estaba en vísperas de casarse. Buscó a un amigo suyo que recientemente había hecho lo mismo y le preguntó: “¿Cómo es el matrimonio?”. Responde el amigo: “Al principio es muy bonito. Pero luego sales de la iglesia y...” ...
 
Después del trance erótico en un motel de corta estancia le dice don Algón a su amiguita: “Todas las veces que hemos estado juntos las tengo registradas”. “¡Qué lindo detalle! —se emociona la muchacha—. ¿Las tiene registradas en su diario?”. “No —precisa don Algón—. En mi talonario de cheques”...
 
Pepito le pregunta a su papá: “Papi: ¿cuál es el sexo débil?”. Replica el señor con un hondo suspiro: “Nosotros los hombres, hijo; después de los 60”...
 
Cuando nació Picio, el hombre más feo del condado, los médicos le dijeron a sus padres: “Lo sentimos mucho. Hicimos todo lo que pudimos, pero el niño vivió”...
 
Le pregunta una señora a otra: “¿Por qué insistes siempre en ir con el doctor Pitoncio, habiendo tantos médicos?”. Contesta la otra: “Es que no sabes lo que usa en vez de termómetro”. (No le entendí)...
 
FIN.


CUENTOS POLÍTICOS

Paren al mundo, quiero bajarme…

Paren al mundo, quiero bajarme: me resisto a leer cada mañana la prensa para encontrarme con más fotografías de decapitados ni deseo saber cómo se dispara la cifra de acribillados pertenecientes a diversas bandas de mafiosos. No, sólo pienso en huir de las balaceras por medio de las cuales los envenenadores del mundo se disputan el mercado de estupefacientes; ya no quiero levantarme con más noticias relativas al asalto de gente humilde a la que despojan de su raya o su menguada quincena ni quiero cansarme de protestar por la ejecución de chamacos inocentes pertenecientes a familias de acaudalados mexicanos que han hecho su fortuna, en su mayoría, con el producto de su trabajo. Ya no me tranquiliza contemplar más fotografías de brigadas del Ejército patrullando las diversas ciudades de la república. Me sublevo al leer homilías dominicales de arzobispos que declaran “en esta santa casa, la casa de Dios se purifican las limosnas pagadas por los narcotraficantes…”. Me irritan cada vez más las fotografías de los líderes de los sindicatos oficiales, auténticos secuestradores de la nación, que ostentan relojes, cuyo precio es superior a 20 años de trabajo de sus agremiados ni resisto, asimismo, descubrir las mansiones de estos siniestros personajes en el extranjero, adquiridas con impuestos pagados por el dolorido pueblo de México.

Basta, todo está podrido. Los maestros de nuestros hijos se niegan a ser capacitados, los alumnos reprueban en un 90% los exámenes de admisión para ingresar en la Universidad Nacional, la prueba de que en las escuelas mexicanas se incuba la mediocridad y la dependencia.
La Iglesia no puede seguir sosteniendo que “es más fácil que entre un camello por el ojo de una aguja que un rico en el reino de los cielos”, cuando la mayor parte de los ricos crean empresas, generan riqueza, empleos, divisas y prosperidad, por lo que tienen garantizado un lugar en el infierno…

Paren al mundo, quiero bajarme porque se utiliza a niños palestinos como escudos humanos durante los conflictos armados en contra del Estado de Israel, de la misma manera en que me resulta indigerible que los fanáticos musulmanes suicidas se rodeen el cuerpo con cartuchos de dinamita para hacerlos estallar en cualquiera de sus cinco rezos cotidianos. Me deprimen los crecientes porcentajes de desempleo al pensar en los padres de familia que carecen de ingresos para pagar colegiaturas, medicinas, hipoteca o renta de la casa habitación. No puedo dejar de pensar en los empresarios que tienen contratadas deudas en dólares y que asisten a la devaluación cotidiana de nuestra moneda, mal que se agrava desde que no llegan los ingresos por exportaciones programadas debido a la contracción de los mercados mundiales. Surgen por doquier fraudes bursátiles, inmensos desfalcos en los fondos de pensiones de los que depende el bienestar y la supervivencia de millones de personas de la tercera edad. Los empleos antes considerados indignos por los nacionales de ciertos países, hoy son nuevamente demandados como parte de la parálisis económica que genera a diario un mayor calentamiento social al propiciar el robo de famélico, estimular la xenofobia, incentivar la expansión de la industria del despojo, la del asalto con violencia, la del secuestro, libre de impuestos y de sanciones.

Un nuevo gobierno de la extrema ultraderecha en Israel denuncia la construcción de bombas atómicas en Irán y califica a este último gobierno como una auténtica amenaza nuclear para el Estado hebreo. Es claro que las diferencias en el Medio Oriente se resolverán mediante un voluminoso intercambio de artefactos nucleares, con lo cual no haremos sino regresar a la Edad de Piedra de llegar a escalar el conflicto a nivel planetario.

Los polos se descongelan con el sobrecalentamiento atmosférico, suben los niveles de los mares y de los océanos, bien pronto asistiremos a la desaparición de puertos y ciudades que quedarán sepultados bajo las aguas.
Continuarán los cambios climáticos, los incendios en zonas boscosas, lloverá cuando no debería llover, nevará cuando no debería nevar, surgirán huracanes cada vez más devastadores, se producirán inundaciones sin precedentes en la historia de la humanidad, nos acosarán la sequía y otros fenómenos meteorológicos como consecuencia de la veleidad de fenómenos como el Niño, surgirán enfermedades desconocidas por ingerir huevos o carne de animales engordados con hormonas o pescados alimentados con sustancias tóxicas derramadas irresponsablemente en los mares.

Paren al mundo, quiero bajarme: las guerras generadas por rivalidades y por ambiciones políticas religiosas o económicas; la invasión de narcotraficantes; la violencia y la delincuencia incontrolables; la ausencia de empleos; la quiebra de la moral y de la ética mundiales; la contaminación mundial en sus más diversas manifestaciones, me están llevando a la conclusión de que es necesario tomar unas vacaciones porque he llegado a la conclusión de que: estábamos.

viernes, 20 de febrero de 2009

"A Saltillo, mi ciudad..."

De politica y cosas peores
 
El veterinario se disponía a inseminar artificialmente a una vaca. Vuelve la cabeza la vaquita, y entornando los grandes ojos de Juno le dice al médico: “¿Qué? ¿Ni siquiera me vas a dar un besito?”...
 
Se casó Meñico, joven paupérrimamente dotado por la naturaleza, con Pirulina, muchacha sabidora. Al empezar la noche del connubio Meñico dejó caer la bata que cubría sus escasos atributos. Lo ve Pirulina y sugiere: “¿Qué te parece si mejor nos ponemos a ver la tele?”...
 
Himenia Camafría, madura señorita soltera, recibió en su casa la visita de don Añilio, senescente caballero. El invitado se tomó varios copetines que la anfitriona le ofreció sin intención segunda. Animado por las copiosas libaciones, don Añilio le preguntó a la señorita Himenia. “¿Me perdonaría, querida amiga, si me aprovechara de usted?”. “Creo que sí, Añilio -responde ella acercándose un poco más a su invitado-. Lo que no le podría perdonar es que me desaprovechara”...
 
Mañana sábado, a las 18:00 horas, en el hermoso Salón de Actos del Palacio de Minería, presentaré mi más reciente libro: “La Otra Historia de México. Hidalgo e Iturbide: la gloria y el olvido”. Desde hace ya varios meses esta obra se mantiene en la lista de los 10 libros más vendidos en el país. Eso me deja estupefacto, atónito, asombrado, boquiabierto, sorprendido y admirado. Ni en mis más locos delirios habría podido imaginar que un libro de historia con cerca de 800 páginas, y además escrito por mí, pudiera convertirse en un best-seller. Pero mis sabios amigos de Diana, Grupo Planeta, conocen infinitamente más que yo de libros, e hicieron de este mío un suceso editorial extraordinario. Yo puse en la dedicatoria de la obra: “A Saltillo, mi ciudad, donde mis ojos se abrieron a la luz. Al Ateneo Fuente, mi escuela, donde la luz se abrió a mis ojos”. En la presentación hablaré de mis recuerdos de colegial que aprendió pronto que la duda enseña más que la conformidad; diré de las mentiras que se nos han contado acerca de cómo nació México; citaré datos que fueron ocultados por la historiografía oficial; narraré el hondo drama de esos dos tormentosos y atormentados personajes, Hidalgo e Iturbide; y luego charlaré contigo, amiga, amigo que perteneces al entrañable grupo de mis cuatro lectores; estrecharé tu mano, y si lo quieres pondré unas palabras afectuosas en tu libro, y alguien nos tomará una foto con tu cámara o con tu celular. Quiero decir que nos reuniremos en esa humana eucaristía que se imparten mutuamente el escritor y quien lo lee. Encontrarme contigo será uno más de los regalos que me da la vida...
 
Ni el señor ni la señora quedaron satisfechos con la casa que les diseñó el arquitecto. Se queja el señor: “La casa no tiene cuarto de juegos. ¿Dónde voy a meter a mis amigos?”. Se queja la señora: “Y mi recámara no tiene clóset. ¿Dónde voy a meter yo a los míos?”...
 
Llegaron los recién casados a registrarse en el hotel donde pasarían su luna de miel. Les pregunta el encargado: “¿Quieren cama matrimonial, o king size?”. Se adelanta a contestar la desposada: “King size, por favor”. “¿Para qué king size, mi amor? —opone el anheloso desposado—. Creo que en una cama matrimonial nos acomodaremos bien”. “Mejor king size -insiste ella-. Lo verás cuando me quite la faja”...
 
La chica encargada del archivo le pidió a Rosibel, la secretaria de don Algón, que la anunciara con el señor. “Voy a pedirle aumento de sueldo” -le informó. “Te aconsejo que vengas dentro de algunos días -le sugiere Rosibel arreglándose el vestido y el peinado-. Acabo de conseguir que me aumente el sueldo a mí, y en este momento el jefe no tiene ningún poder de decisión”...
 
FIN.