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martes, 5 de febrero de 2013

Lo mejor del Super Bowl

De politica y cosas peores

Una mujer de prominentes atributos posteriores llegó al Nacional Monte de Piedad, y ante el asombro del encargado de valuar las prendas puso las unánimes pompas en la ventanilla. “No vengo a empeñarlas –le dijo con naturalidad al valuador-. Sólo quiero que me las valúe, para saber su posible precio en el mercado”…

Pepito y su amigo Juanilito estaban en el parque. Frente a ellos pasaron dos muchachonas de exuberante anatomía y sinuosos movimientos serpentinos. Le dice Pepito a Juanilito: “¿Sabes qué? Estoy empezando a sospechar que en la vida hay algo más que tabletas, play station y futbol”…

Había una chica de esas que, dice la conocida frase, tienen cuerpo de tentación y cara de arrepentimiento. Le decían La Camarona, porque quitándole la cabeza todo lo demás estaba buenísimo.

Tiempo después le cambiaron el apodo por La Beisbolista. Cometió un error, y se le llenó la casa…

En el campo nudista charlaban dos hermosas féminas cuyos espléndidos encantos atraían la atención de todos los másculos presentes. Le dice con disgusto una a la otra: “¡Odio a los hombres que te visten con la mirada!”…

Nalgarina y Pomponona tenían mucho en qué sentarse. Y sin embargo en el bar le dijo Pomponona a Nalgarina: “Tomemos nuestras copas en la barra, y de pie. Si nos sentamos ocultaremos la mercancía”…

Rosibel, la guapa secretaria de don Algón, era dueña de una extraordinaria pechonalidad. A su lado Jayne Mansfield, la más prominente pechugona del cine americano, podía considerarse despechada, y Dolly Parton una tábula rasa. Don Algón llevó a la oficina a su hijo recién salido de la universidad, y mostrándole de lejecitos a Rosibel le anunció poniéndole una mano sobre el hombro: “Hijo mío: ahora que yo me retire todo eso será tuyo”. (Y es fama que el muchacho ni siquiera preguntó: “¿Y la Cheyenne, ’apá?”)…

Me he dado cuenta, columnista, de que los chascarrillos que has contado son variaciones sobre el mismo tema. Todos versan sobre las atractivas prendas corporales de la mejor mitad del género humano: la mujer. ¿A qué se debe ese denominador común? Voy a decirlo. Disfruté mucho el Super Bowl. El juego final entre San Francisco y Baltimore estuvo tan lleno de rasgos únicos, de extraordinarios incidentes, que es muy probable que ese partido sea el más raro e interesante de todos los que se han jugado en la historia del Súper Tazón. Un dramático final; los insólitos errores cometidos; el sensacional regreso de 108 yardas; el hecho de que dos hermanos fueran los head coaches de los equipos rivales; incluso el extrañísimo suceso del apagón en el estadio, que causó la suspensión más larga —33 minutos— en un juego; todo eso hizo de este partido un hito en la gran crónica del futbol americano.

Habrán de disculparme los aficionados, sin embargo, si digo que lo mejor del Super Bowl fue Beyoncé.

Antes de razonar mi dicho haré una digresión de carácter estrictamente filológico. Las palabras están ya tan gastadas por el uso que para expresar el cabal sentido de algo hay que decir dos veces el vocablo que lo nombra. “Quiero café café” –repetimos para significar nuestro deseo de beber un auténtico café (como el de La Parroquia, en Veracruz), y no un sucedáneo de café. En el mágico pueblo de Santiago, Nuevo León, había un lugareño a quien la gente llamaba la Perolona, porque vendía grandes bolsas de las cuales decía: “Son de lona”. Y enfatizaba en seguida: “Pero lona”. Pues bien: Beyoncé Knowles es una mujer mujer. Lo es no porque tenga una munificente carnadura que me hizo recordar a las espléndidas divas de mi primera juventud: Ninón Sevilla, Meche Barba, Rosa Carmina, María Antonieta Pons. ¡Ah, aquellas grupas mayestáticas! ¡Oh, aquellos basilicales muslos! ¡Y aquellos tetámenes ubérrimos, y aquellas cinturas de palmera, y aquellos ojos que al mirar le decían al varón: “Date por muerto”! Todo eso tiene aquella magnífica señora, Beyoncé. Pero es “mujer mujer” principalmente porque posee talento, inteligencia, gracia, y sentido de la propia libertad. Cuerpo y espíritu, en resumen.

¿Puede haber combinación mejor? Ni carne sin alma ni alma sin de dónde agarrarse uno. “Barro para mi barro y azul para mi cielo”, decía Ramón López Velarde hablando de su mujer ideal. Que me perdonen, pues, los aficionados al deporte de las tacleadas, pero lo mejor del Super Bowl 47 —mucho mejor que el regreso de 108 yardas— fue Beyoncé. ¡Viva la vida!...

FIN.

martes, 22 de enero de 2013

Una ‘cruzada’ de lo mismo

De politica y cosas peores

Libidiano, hombre proclive a la concupiscencia de la carne, cortejó a una señora en el coche comedor del tren. Ella le advirtió: “Soy casada”. “Yo también” –respondió el labioso seductor. Tres martinis fueron suficientes para que la respetable dama olvidara su estado civil y acompañara a Libidiano a su cabina. En ella estaban, entregados a los prolegómenos de la refocilación, cuando acertó a entrar el inspector que recogía los boletos. Se azaró al ver a la pareja en aquella urente situación. “Está bien —lo tranquilizó Libidiano—.

Somos casados”… Declaró don Algón lleno de suficiencia: “Me gusta ser amable con mis inferiores”. Le preguntó su esposa: “¿Y dónde los encuentras?”…

La mamá de la novia les hizo un regalo a los recién casados: un juego de toallas marcadas “Ella” y “Eso”…

Decía un señor: “Mi esposa y yo discutimos todos los días por cuestiones de religión. Ella adora el dinero, y yo no se lo puedo dar”…

Le informó el detective a doña Otelia: “Seguí a su esposo ayer. Fue a un bar, y luego a un motel de paso”. “¡Me lo sospechaba! —bufó ella—. ¿Y por qué andaba el canalla en esos lugares?”. Responde el investigador privado: “La estaba siguiendo a usted”…

El experto en equipos de sonido se hizo de una nueva amiguita. Le advirtió ella: “De una vez te lo digo: no me gusta la alta fidelidad; practico más bien la alta frecuencia”…

Angustiado, Babalucas llamó por teléfono al hospital: “¡Manden una ambulancia! ¡Mi esposa está a punto de dar a luz!”. Quiso saber la persona encargada: “¿Es su primer hijo?”. “¡No! —se desespera Babalucas—. ¡Soy su esposo!”…

El galán le preguntó a la chica en el lobby bar del hotel: “¿Cuál es tu pasatiempo favorito?”. Respondió ella con una sonrisa: “Follar”. Aclaró él: “No me refiero a tu profesión”…

Lo primero: no me gusta el nombre. Dirán algunos que ese disgusto es prurito de necedad, meras ganas de joder; pero llamar “cruzada” a un programa de gobierno, aparte de lo grandilocuente del vocablo, hace que quien escuche el nombre evoque, aun en modo subliminal, conceptos que nada tienen que ver con lo civil. La palabra “cruzada”, obvio es decirlo, proviene de la palabra “cruz”. Da idea entonces de apostolado; de poderosos que acuden en auxilio de los débiles. Paternalismo otra vez; otra vez dádiva. Reconozco que en situaciones de emergencia, de extrema necesidad, esa ayuda, llámese o no cruzada, es indispensable. Hay veces en que se debe dar el pez porque no hay tiempo para enseñar a pescarlo. Ciertamente en muchas partes del país millones de mexicanos viven ahora en esa condición, y requieren apoyo inmediato a través de programas como Oportunidades y otros.

Pero la anunciada Cruzada Nacional contra el Hambre y la Pobreza parece ser más de lo mismo; repetición de acciones que desde hace muchos años se han llevado a cabo con diversos nombres, quizá menos sonoros que el de “cruzada”, pero con iguales contenidos y con absoluta ineficacia a fin de cuentas. El mejor medio de combatir la pobreza y su obligada derivación, el hambre, es el trabajo. Industrializar el sur y las demás regiones agobiadas por la necesidad sería el medio más apto para quitar de ellas el atraso en que sus habitantes viven. Para eso, sin embargo, es forzoso romper con algunos usos y costumbres que los demagogos quieren a toda costa preservar, aunque esas costumbres y esos usos propicien el alcoholismo, el ocio, el maltrato a las mujeres, el caciquismo autoritario y otros vicios y lacras que resultan de la marginación y el aislamiento. Liberar los recursos humanos y aprovechar en forma racional los naturales; abrirse a la modernidad; permitir que a esas regiones llegue la inversión nacional y extranjera; todo eso traería consigo la creación de fuentes de empleo, y eso a su vez liberaría a la población de sus ancestrales ataduras, y contribuiría a eliminar las desigualdades entre el México moderno, que mira hacia el futuro, y ese otro México propiedad de unos cuantos que mantienen a muchos mexicanos fuera de la corriente de la historia, apartados de los tiempos nuevos y de la realidad. Pero suspendo aquí mi comentario porque advierto que estoy muy encaboronado.

Mírenme: el rostro se me ha puesto color rojo; tengo la frente perlada de sudor; me laten las sienes, y el pulso se me ha acelerado. Voy a tomarme la presión, y luego iré a recostarme en una otomana que tengo. Se llama Daixa, y es originaria de Estambul. Con su permiso…

FIN.

jueves, 12 de marzo de 2009

Impuestos

De politica y cosas peores

Don Algón tuvo una aventurilla con su secretaria. Más bien —reconozcámoslo— tuvo con ella dos o tres aventurillas. O cuatro o cinco, o seis. O siete, ya no sé. El caso es que poco después la muchacha empezó a actuar con sobra de confianza. Don Algón la llamó aparte y le dijo: “Oye, nena: es cierto que tú y yo hemos salido algunas veces. Pero ahora estás faltando al trabajo; llegas tarde; te llevas mercancía a tu casa y sacas dinero de la caja. ¿Quién te dijo que podías hacer todo eso?”. Responde la muchacha sin dejar de masticar su chicle: “Mi abogado”...

El padre Arsilio estaba resolviendo un crucigrama. Le pregunta a la monjita que le ayudaba en la parroquia: “Sor Bette: ¿qué es algo que tiene la mujer, en cuatro letras, y las últimas tres letras son -oño?”. Responde sin vacilar Sor Bette: “Moño”. “Es cierto —dice admirado el padre Arsilio—. ¿Tiene usted un borrador?”. (No le entendí)...

Una de las tareas del Gobierno es cobrarnos los impuestos. Esa labor de cobro es una de las cosas que el Gobierno hace mejor, entre las muchas otras cosas que hace mal, o que debiendo hacer no hace. El problema no es que debamos pagarle impuestos al Gobierno. Tan inevitables como la muerte son esos tributos. El problema es que sentimos que buena parte del dinero que pagamos es mal utilizado. No hablo de corrupción, de peculado ni de malversaciones, hierbas malas que nadie ha podido —ni podrá nunca— arrancar de raíz. Hablo de todo aquello que se paga con nuestros impuestos y que no redunda en bien para la comunidad. Hablo de las enormes prerrogativas de que gozan los partidos políticos. Hablo de la costosa burocracia electoral. Hablo de los diputados y senadores que ni siquiera deben ganar una elección para tener acceso a las jugosas dietas que perciben. Hablo de los altísimos sueldos, bonos, prestaciones, aguinaldos y gratificaciones que se asignan a sí mismos algunos funcionarios y algunos mal llamados representantes populares. Varios meses del año debemos trabajar los mexicanos para ese Gobierno que no ha aprendido todavía a usar con eficiencia y con justicia el dinero tan trabajosamente ganado por los contribuyentes. No hay en el mundo quien pague sus impuestos con una sonrisa. Los golpes en el bolsillo duelen a veces más que los del alma, y más —mucho más— que aquellos que nos damos en las espinillas. (Solía decir don Simón Arocha, señor de genio e ingenio de mi natal Coahuila, que Diosito bueno se equivocó cuando nos puso el chamorro en la parte de atrás de la pierna. Debió ponérnoslo adelante, pues así nos evitaríamos aquellos dolorosos golpes en las espinillas. Puesto atrás, el chamorro para lo único que sirve es para que nos muerdan los perros). Pero al menos los ciudadanos de otros países no ven que su dinero se malgaste así. Somos un país pobre con partidos ricos, y con políticos acomodaticios muy bien acomodados...

En el bar un individuo trabó conversación con un hombre de color, y le confió que su vida marital era infeliz. “No logro —le dijo— que mi esposa se entusiasme en el momento del amor”. Le dice el afroamericano: “Cuando los de mi raza hacemos el amor solemos lanzarnos con ímpetu, y luego retirarnos poco a poco. Otra vez nos lanzamos con ímpetu, y de nuevo nos retiramos poco a poco. Eso satisface mucho a la mujer”. El individuo decidió poner en práctica tal técnica. Aquella noche, en efecto, al hacer el amor con su señora se lanzó con ímpetu, y luego poco a poco se retiró. De nuevo se lanzó con ímpetu, y luego se retiró con lentitud. La esposa observó aquello y dijo a su marido: “¿Y ahora? ¿Qué te ha dado por hacerlo como los negros?”...

FIN.

sábado, 28 de febrero de 2009

Ideologías

De politica y cosas peores
 
El marido le dijo a su mujer: “Me gustaría que cuando tuvieras un orgasmo me lo dijeras”. “No puedo” —responde ella. “¿Por qué no?” —se amosca el marido. Contesta la señora: “Porque me tienes prohibido que te hable a la oficina”...
 
El jefe de la cárcel para presos políticos de un país bananero llamó a los prisioneros y les informó: “Vamos a mandar la mitad de ustedes a Estados Unidos, y la otra mitad a Canadá!”. “¡Fantástico!” —exclamaron a coro los reclusos. Se vuelve el jefe a su ayudante y le ordena: “Trae la sierra eléctrica”...
 
En la noche de bodas el recién casado se asombró al ver que su flamante mujercita se presentaba ante él completamente al natural, en peletier, pero luciendo un pequeño sombrerito. “¡Qué hermosa eres! —le dijo con arrobo al contemplar sin veladuras los íntimos encantos de su amada—. Pero ¿por qué ese sombrerito?”. “Por pudor —responde ella—. Mi mamá me dijo que nunca me dejara ver por ti sin nada encima”...
 
Una señora le dijo a Babalucas que su marido había muerto. “¿Cómo puede estar muerto mi amigo?” —exclamó el badulaque, consternado. “Muerto está —confirmó la señora tristemente—. Muerto y sepultado”. “¿Muerto y sepultado? —se aflige Babalucas—. ¡Caramba, entonces la cosa estuvo peor!”...
 
Con esa misma forma de pensar yo me pregunto si acaso las ideologías en México están muertas y han sido sepultadas. Parece no haber ya ninguna distinción entre un panista, un priÍsta y un perredista, siendo que supuestamente representan el primero a la derecha; al centro el segundo, y el tercero a la posición de izquierda. Los políticos cambian ahora de partido como cambiar de calcetines, prenda la más idónea para ejemplificar esa pedestre conducta que en nuestros tiempos se ve con naturalidad. La mayoría de nuestros hombres públicos no tienen una ideología; tienen sólo ambiciones. Los mueve el apetito del dinero y el poder; no sienten la vocación del político verdadero, cuyo afán es servir a su comunidad con altruismo y ética. De esa tela ya no hay, decían nuestros abuelos para significar que algo bueno había desaparecido. Aquí han desaparecido las ideas. Al menos ésa es la idea que tengo...
 
Regresó Meñico del baño del restorán, y su compañero de mesa se asombró al ver que llevaba la entrepierna toda mojada. “¿Qué te pasó?” —le preguntó, azorado. Explica Meñico: “El oftalmólogo me puso lentes de aumento esta mañana. Ahora que fui al baño a hacer una necesidad menor saqué lo que tenía que sacar. Lo vi muy grande; dije: ‘Éste no es el mío’, y lo volví a guardar. Fue entonces cuando me mojé”...
 
Un muchacho estaba en vísperas de casarse. Buscó a un amigo suyo que recientemente había hecho lo mismo y le preguntó: “¿Cómo es el matrimonio?”. Responde el amigo: “Al principio es muy bonito. Pero luego sales de la iglesia y...” ...
 
Después del trance erótico en un motel de corta estancia le dice don Algón a su amiguita: “Todas las veces que hemos estado juntos las tengo registradas”. “¡Qué lindo detalle! —se emociona la muchacha—. ¿Las tiene registradas en su diario?”. “No —precisa don Algón—. En mi talonario de cheques”...
 
Pepito le pregunta a su papá: “Papi: ¿cuál es el sexo débil?”. Replica el señor con un hondo suspiro: “Nosotros los hombres, hijo; después de los 60”...
 
Cuando nació Picio, el hombre más feo del condado, los médicos le dijeron a sus padres: “Lo sentimos mucho. Hicimos todo lo que pudimos, pero el niño vivió”...
 
Le pregunta una señora a otra: “¿Por qué insistes siempre en ir con el doctor Pitoncio, habiendo tantos médicos?”. Contesta la otra: “Es que no sabes lo que usa en vez de termómetro”. (No le entendí)...
 
FIN.


CUENTOS POLÍTICOS

Paren al mundo, quiero bajarme…

Paren al mundo, quiero bajarme: me resisto a leer cada mañana la prensa para encontrarme con más fotografías de decapitados ni deseo saber cómo se dispara la cifra de acribillados pertenecientes a diversas bandas de mafiosos. No, sólo pienso en huir de las balaceras por medio de las cuales los envenenadores del mundo se disputan el mercado de estupefacientes; ya no quiero levantarme con más noticias relativas al asalto de gente humilde a la que despojan de su raya o su menguada quincena ni quiero cansarme de protestar por la ejecución de chamacos inocentes pertenecientes a familias de acaudalados mexicanos que han hecho su fortuna, en su mayoría, con el producto de su trabajo. Ya no me tranquiliza contemplar más fotografías de brigadas del Ejército patrullando las diversas ciudades de la república. Me sublevo al leer homilías dominicales de arzobispos que declaran “en esta santa casa, la casa de Dios se purifican las limosnas pagadas por los narcotraficantes…”. Me irritan cada vez más las fotografías de los líderes de los sindicatos oficiales, auténticos secuestradores de la nación, que ostentan relojes, cuyo precio es superior a 20 años de trabajo de sus agremiados ni resisto, asimismo, descubrir las mansiones de estos siniestros personajes en el extranjero, adquiridas con impuestos pagados por el dolorido pueblo de México.

Basta, todo está podrido. Los maestros de nuestros hijos se niegan a ser capacitados, los alumnos reprueban en un 90% los exámenes de admisión para ingresar en la Universidad Nacional, la prueba de que en las escuelas mexicanas se incuba la mediocridad y la dependencia.
La Iglesia no puede seguir sosteniendo que “es más fácil que entre un camello por el ojo de una aguja que un rico en el reino de los cielos”, cuando la mayor parte de los ricos crean empresas, generan riqueza, empleos, divisas y prosperidad, por lo que tienen garantizado un lugar en el infierno…

Paren al mundo, quiero bajarme porque se utiliza a niños palestinos como escudos humanos durante los conflictos armados en contra del Estado de Israel, de la misma manera en que me resulta indigerible que los fanáticos musulmanes suicidas se rodeen el cuerpo con cartuchos de dinamita para hacerlos estallar en cualquiera de sus cinco rezos cotidianos. Me deprimen los crecientes porcentajes de desempleo al pensar en los padres de familia que carecen de ingresos para pagar colegiaturas, medicinas, hipoteca o renta de la casa habitación. No puedo dejar de pensar en los empresarios que tienen contratadas deudas en dólares y que asisten a la devaluación cotidiana de nuestra moneda, mal que se agrava desde que no llegan los ingresos por exportaciones programadas debido a la contracción de los mercados mundiales. Surgen por doquier fraudes bursátiles, inmensos desfalcos en los fondos de pensiones de los que depende el bienestar y la supervivencia de millones de personas de la tercera edad. Los empleos antes considerados indignos por los nacionales de ciertos países, hoy son nuevamente demandados como parte de la parálisis económica que genera a diario un mayor calentamiento social al propiciar el robo de famélico, estimular la xenofobia, incentivar la expansión de la industria del despojo, la del asalto con violencia, la del secuestro, libre de impuestos y de sanciones.

Un nuevo gobierno de la extrema ultraderecha en Israel denuncia la construcción de bombas atómicas en Irán y califica a este último gobierno como una auténtica amenaza nuclear para el Estado hebreo. Es claro que las diferencias en el Medio Oriente se resolverán mediante un voluminoso intercambio de artefactos nucleares, con lo cual no haremos sino regresar a la Edad de Piedra de llegar a escalar el conflicto a nivel planetario.

Los polos se descongelan con el sobrecalentamiento atmosférico, suben los niveles de los mares y de los océanos, bien pronto asistiremos a la desaparición de puertos y ciudades que quedarán sepultados bajo las aguas.
Continuarán los cambios climáticos, los incendios en zonas boscosas, lloverá cuando no debería llover, nevará cuando no debería nevar, surgirán huracanes cada vez más devastadores, se producirán inundaciones sin precedentes en la historia de la humanidad, nos acosarán la sequía y otros fenómenos meteorológicos como consecuencia de la veleidad de fenómenos como el Niño, surgirán enfermedades desconocidas por ingerir huevos o carne de animales engordados con hormonas o pescados alimentados con sustancias tóxicas derramadas irresponsablemente en los mares.

Paren al mundo, quiero bajarme: las guerras generadas por rivalidades y por ambiciones políticas religiosas o económicas; la invasión de narcotraficantes; la violencia y la delincuencia incontrolables; la ausencia de empleos; la quiebra de la moral y de la ética mundiales; la contaminación mundial en sus más diversas manifestaciones, me están llevando a la conclusión de que es necesario tomar unas vacaciones porque he llegado a la conclusión de que: estábamos.

viernes, 20 de febrero de 2009

"A Saltillo, mi ciudad..."

De politica y cosas peores
 
El veterinario se disponía a inseminar artificialmente a una vaca. Vuelve la cabeza la vaquita, y entornando los grandes ojos de Juno le dice al médico: “¿Qué? ¿Ni siquiera me vas a dar un besito?”...
 
Se casó Meñico, joven paupérrimamente dotado por la naturaleza, con Pirulina, muchacha sabidora. Al empezar la noche del connubio Meñico dejó caer la bata que cubría sus escasos atributos. Lo ve Pirulina y sugiere: “¿Qué te parece si mejor nos ponemos a ver la tele?”...
 
Himenia Camafría, madura señorita soltera, recibió en su casa la visita de don Añilio, senescente caballero. El invitado se tomó varios copetines que la anfitriona le ofreció sin intención segunda. Animado por las copiosas libaciones, don Añilio le preguntó a la señorita Himenia. “¿Me perdonaría, querida amiga, si me aprovechara de usted?”. “Creo que sí, Añilio -responde ella acercándose un poco más a su invitado-. Lo que no le podría perdonar es que me desaprovechara”...
 
Mañana sábado, a las 18:00 horas, en el hermoso Salón de Actos del Palacio de Minería, presentaré mi más reciente libro: “La Otra Historia de México. Hidalgo e Iturbide: la gloria y el olvido”. Desde hace ya varios meses esta obra se mantiene en la lista de los 10 libros más vendidos en el país. Eso me deja estupefacto, atónito, asombrado, boquiabierto, sorprendido y admirado. Ni en mis más locos delirios habría podido imaginar que un libro de historia con cerca de 800 páginas, y además escrito por mí, pudiera convertirse en un best-seller. Pero mis sabios amigos de Diana, Grupo Planeta, conocen infinitamente más que yo de libros, e hicieron de este mío un suceso editorial extraordinario. Yo puse en la dedicatoria de la obra: “A Saltillo, mi ciudad, donde mis ojos se abrieron a la luz. Al Ateneo Fuente, mi escuela, donde la luz se abrió a mis ojos”. En la presentación hablaré de mis recuerdos de colegial que aprendió pronto que la duda enseña más que la conformidad; diré de las mentiras que se nos han contado acerca de cómo nació México; citaré datos que fueron ocultados por la historiografía oficial; narraré el hondo drama de esos dos tormentosos y atormentados personajes, Hidalgo e Iturbide; y luego charlaré contigo, amiga, amigo que perteneces al entrañable grupo de mis cuatro lectores; estrecharé tu mano, y si lo quieres pondré unas palabras afectuosas en tu libro, y alguien nos tomará una foto con tu cámara o con tu celular. Quiero decir que nos reuniremos en esa humana eucaristía que se imparten mutuamente el escritor y quien lo lee. Encontrarme contigo será uno más de los regalos que me da la vida...
 
Ni el señor ni la señora quedaron satisfechos con la casa que les diseñó el arquitecto. Se queja el señor: “La casa no tiene cuarto de juegos. ¿Dónde voy a meter a mis amigos?”. Se queja la señora: “Y mi recámara no tiene clóset. ¿Dónde voy a meter yo a los míos?”...
 
Llegaron los recién casados a registrarse en el hotel donde pasarían su luna de miel. Les pregunta el encargado: “¿Quieren cama matrimonial, o king size?”. Se adelanta a contestar la desposada: “King size, por favor”. “¿Para qué king size, mi amor? —opone el anheloso desposado—. Creo que en una cama matrimonial nos acomodaremos bien”. “Mejor king size -insiste ella-. Lo verás cuando me quite la faja”...
 
La chica encargada del archivo le pidió a Rosibel, la secretaria de don Algón, que la anunciara con el señor. “Voy a pedirle aumento de sueldo” -le informó. “Te aconsejo que vengas dentro de algunos días -le sugiere Rosibel arreglándose el vestido y el peinado-. Acabo de conseguir que me aumente el sueldo a mí, y en este momento el jefe no tiene ningún poder de decisión”...
 
FIN.

jueves, 12 de febrero de 2009

Agobiado

De politica y cosas peores
 
Don Languidio, señor de edad madura, iba a tener trance de coición con mujer joven. Al empezar las acciones pregunta ella: “¿No va usted a usar preservativo?”.
 
“Perdóname, linda —responde con voz feble el añoso galán—. Si en su estado natural batallo, ¿te imaginas si le pongo un peso adicional?”...
 
Capronio le dice a su amigo señalándole a un señor que iba por la calle: “Odio a ese hombre. Pronunció unas palabras que me echaron a perder toda la vida”. “¿Qué palabras fueron ésas?
 
—se inquieta el amigo—. Contesta Capronio, rencoroso: “Los declaro marido y mujer”...
 
Rosibel le cuenta a Susiflor: “Don Algón es un grosero. Me dijo que si hacía el amor con él me regalaría este reloj”...
 
Mañana haré aquí una declaración que conmoverá a dos naciones: Argentina y México. ¡No se la pierdan mis cuatro lectores en ambos países!...
 
Por los pasillos y corrillos de Washington, D.C., se escucha una versión seguramente apócrifa acerca de algo que le habría sucedido a Barack Obama la primera noche que pasó en la Casa Blanca. Según ese relato, el nuevo Presidente de Estados Unidos no pudo conciliar el sueño aquella noche. Se sentía agobiado por la grave responsabilidad que sobre sus hombros había recaído, equiparable sólo a la de escribir una columna diaria para este prestigiadísimo periódico. Insomne, desvelado, salió Barack del lecho, vistió una bata y encaminó sus pasos por los desiertos corredores de la mansión presidencial. Llegó a la rotonda donde están los bustos de los más grandes presidentes norteamericanos. Fue al de George Washington y le dijo: “Nuestra política exterior está marcada por conflictos que no somos capaces de solucionar. Tú fuiste el primero en la paz, el primero en la guerra y el primero en el corazón de tus conciudadanos, aunque sólo el segundo en aquellito, pues contrajiste nupcias con mujer que había tenido ya función de estreno. Dime: ¿qué debo hacer?”.
 
Respondió el marmóreo busto del Padre de la Independencia: “Ve al Congreso”. Se dirigió en seguida Obama a la efigie de Thomas Jefferson, y díjole: “Nuestra política interior está marcada por el escepticismo. La gente no cree ya en nosotros. Dime: ¿qué debo hacer?”.
 
Responde la imagen del fundador del republicanismo: “Ve al pueblo”. A continuación fue Obama a donde estaba el busto de Abraham Lincoln, y le dijo: “Nuestra economía está marcada por la bancarrota. El desempleo cunde; las empresas van a la quiebra; se tambalea el dólar; caen los depósitos bancarios. Hay una grave recesión. Dime: ¿qué debo hacer?”.
 
Responde con sombrío acento el busto de Lincoln: “Ve al teatro”...
 
Me resisto a dar crédito a esa anécdota, que tiene todos los visos de lo inverosímil. En efecto, Obama goza de buen sueño, según ha declarado su señora esposa, y no es creíble que haya pasado toda una noche sin dormir. Aun así la narración ilustra las difíciles condiciones económicas que arrostra la nación vecina. Y si eso dice pan de huevo ¿qué dirá cemita de agua.
 
Quiero decir, si las finanzas de nuestros poderosísimos vecinos andan en la lona ¿cómo andarán las nuestras...
 
(Nota: Aprovecho la ocasión para aclarar que esa expresión: “andar en la lona”, no se refiere a la lona del ring de boxeo. Alude a la que tienen las llantas bajo la cubierta de caucho. Cuando esa cubierta se desgasta por el uso, entonces aparece la lona, y eso significa que la llanta está en las últimas. De ahí viene la frase que hoy utilicé: “Andar en la lona”. Gracias)...
 
El señor cura visitó la casa de Pepito, y supo que el niño tenía un perico llamado “Gallito”. Le dice con voz dulce: “Tu periquito luce en la cabeza esas plumitas rojas. ¿Por eso se llama ‘Gallito’”.
 
“No —responde el niño—. Se llama así porque tiene la costumbre de tirarse a las gallinas”...
 
FIN.

martes, 10 de febrero de 2009

La Perla Tapatía

De politica y cosas peores
 
Hay un elegante restorán en la Zona Rosa de la Capital. Se llama “La Pija de Clinton”. A ese lugar llevó don Algón, salaz ejecutivo, a Rosibel, muchacha en flor de edad. Ella escogió los platillos más caros de la carta. Al parecer se fijó primero en la parte derecha del menú, la de los precios, y sólo después en la columna de la izquierda, donde venían los nombres de las viandas. Además pidió cuatro aperitivos, dos ensaladas, dos sopas, dos platos fuertes y tres postres; luego un café de los costosos, y por último cinco o seis bajativos importados. “Oye, linda —le dice don Algón muy amoscado—. ¿Así cenas todos los días en tu casa”. “No —replica con una gran sonrisa la muchacha—. Pero en mi casa nadie me quiere fornicar”...
 
Le preguntó alguien a un sujeto: “La persona con quien tuviste tu primera experiencia sexual ¿era hombre o mujer?”. “¡Caramba! —se inquieta el individuo—. Ahora que lo pienso, no tuve la curiosidad de preguntar”...
 
Cuando mi esposa y yo nos casamos —45 años se van a cumplir de eso— poseíamos una riqueza enorme: éramos pobres. No teníamos dinero para ir de viaje de bodas a Acapulco, que era entonces el puerto más de moda, y ni siquiera nos alcanzaba para llegar a la Ciudad de México. Así, nuestra luna de miel la pasamos en Guadalajara. Un año después regresé ahí. Entonces sí salí a la calle, y pude conocer las hermosuras de la preciosa Perla Tapatía, si me es permitida esa expresión inédita. No podía yo imaginar que alguna vez los tapatíos me adoptarían como suyo, y que me brindarían esa hospitalidad tan señorial, de hidalgos mexicanos, que todos los jaliscienses saben dar. En cierta ocasión fui a dar una conferencia invitado por la Cámara de Comercio de Guadalajara. Conocí entonces a su presidente, Raúl Alejandro Padilla Orozco. Recuerdo que me llamaron la atención sus dotes de excelente organizador; su dinamismo, el buen concepto en que lo tenían —pese a su juventud— los comerciantes y empresarios de mayor tradición en la ciudad. Pensé que un hombre así seguramente llegaría muy alto. No me equivoqué. Al paso de los años oí hablar de los logros de Raúl. Llegó a ser Presidente de la Confederación Nacional de Cámaras de Comercio, y luego Diputado federal. En tal carácter preside la difícil Comisión de Presupuesto. Bajo su conducción es la primera vez —hasta donde yo sé— que durante tres años consecutivos esa Comisión ha logrado sacar en tiempo y forma el presupuesto nacional, y además con el consenso de todos los partidos. Ahora Raúl Alejandro aspira a poner su experiencia, su capacidad de trabajo, todas sus dotes de buen político al servicio de su comunidad, y es precandidato en la elección interna mediante la cual el PAN designará a su candidato a la alcaldía de Zapopan. Mis amigos me dicen que si Padilla Orozco es postulado, Acción Nacional tendrá prácticamente asegurado el triunfo en la elección final. Yo no sé mucho de política (de política nadie sabe mucho), pero estoy cierto de que Raúl Alejandro, a quien conozco bien, sería un excelente alcalde de Zapopan, y que haría en ese puesto el mismo magnífico papel que ha hecho en todos los cargos que ha tenido. Lo digo públicamente porque nadie debe hablar bien de un amigo a sus espaldas...
 
Un astronauta viajó a Marte. A su regreso un amigo le preguntó cómo eran las marcianas. “Son exactamente iguales a las mujeres de la Tierra —respondió el viajero—. Dos brazos; dos piernas; la misma cara; todo. En una cosa se distinguen: las marcianas tienen las pompis por delante, y las bubis en la espalda”. “Extraña anatomía —reflexiona el otro—. Se han de ver muy raras”. “Raras sí se ven —admite el astronauta—. Pero ¡vieras qué a gusto baila uno con ellas!”... (Nota del autor: sobre todo las pegaditas. Ya me imagino “Amor perdido”)...
 
FIN.