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lunes, 25 de febrero de 2013

Problemas en la Universidad que creó López Obrador

“…Problemas en la Universidad que creó López Obrador…”
La Universidad citada,
a sus orígenes fiel,
si la creó Andrés Manuel
siempre estará emproblemada.

sábado, 16 de febrero de 2013

Esperanza política

De politica y cosas peores

Hay cinco palabras que un hombre jamás le dirá a una mujer. Esas palabras son: “Tienes las bubis demasiado grandes”…

Las personas con escrúpulos morales no deben leer esta columna el lunes venidero. Más aún: ni siquiera deben abrir la página en que aparece esta sección. Me alargo: harían bien en abstenerse hasta de tocar el periódico en que se publica. Y si me apuran diré que ese día deben salir de la ciudad, y aun del país. ¿Por qué? Porque pueden quedar  expuestos a los deletéreos efectos que provocará la aparición del cuento que el lunes relataré aquí. La dicha historia se llama “Filatelia”. Tras ese inocuo nombre se oculta una de las más tremebundas badomías que aquí se han dado a luz. Recomiendo cautela, por lo tanto. Nadie eche en saco roto esta oportuna admonición…

Algo está cambiando en México, y está cambiando para bien. Quizá los políticos han hecho examen de conciencia—algunos, sabe usted, la tienen— y se han dado cuenta de que no pueden seguir actuando como antes. O quizá la presión ejercida por los ciudadanos a través de las redes sociales está obligando a los políticos a mejorar la calidad de su actuación. Lo cierto es que vemos ahora cosas que hace apenas un año ni siquiera hubiésemos imaginado. Ahora los dirigentes de los partidos principales dialogan entre sí, y llegan con el Gobierno a acuerdos que pueden traducirse en importantes cambios para México. La mejor prueba de que las cosas están cambiando es que López Obrador no dijo —al menos hasta ahora— que la explosión en la Torre de Pemex fue parte de un compló de la mafia del poder para distraer a la ciudadanía de las maniobras tendientes a entregar nuestro petróleo —con otras cosas más— al extranjero. Tengo una teoría. La madurez de los ciudadanos no es efecto de la madurez de los políticos, sino a la inversa: conforme la ciudadanía se vuelve mejor —más consciente, más preparada, más demandante—, quienes hacen política se ven precisados a mejorar la calidad de su actuación. Pienso que eso está sucediendo entre nosotros. ¿Ingenuidad? Quizá. Pero prefiero ser iluso esperanzado y no pragmático realista condenado al negro abismo de la desesperación. (¡Caón, qué frase esta última! Parece salida de las páginas de “El joyel mirobolante” de don José María Vargas Vila. Voy a apuntarla, a ver si la puedo usar en un concurso de oratoria o en algún manifiesto de esos que firman los suscritos que hablan)…

Las reuniones de tu generación pueden volverse un poco incómodas. Todos tus compañeros se ven tan gordos, tan calvos, tan arrugados, tan canosos, que ninguno te reconoce. Don Añilio, señor de edad madura, fue a la junta anual de su grupo, la primera generación de la Escuela Lancasteriana de Artes Mecánicas, llamada Male porque su fundador era disléxico. Himenia Camafría, madura señorita soltera a quien don Añilio cortejaba con caballerosa discreción, le preguntó en la meriendita de los jueves cómo le había ido en el encuentro con sus antiguos compañeros. Le contó don Añilio: “El grupo lo formábamos 40. Quedamos sólo cinco. En la reunión uno se la pasó hablando de la afección que tiene en los pulmones; otro dijo de los muchos problemas de su hígado; el tercero describió en detalle la enfermedad de sus riñones, y el último se extendió en la enumeración de sus problemas de corazón. Aquello no fue un encuentro de viejos camaradas: pareció más bien un recital de órganos”…

Loretela y su esposo Veneraldo querían tener hijos, y no podían. Les dijo el padre Arsilio, su director espiritual: “Iré a la ermita de San Serenín del Monte, santo patrono de las mujeres que desean ser madres, y encenderé una vela por ustedes”. Nueve meses después el padre Arsilio estaba leyendo su Liturgia de las Horas cuando la señorita Peripalda, catequista, le fue a avisar que Loretela estaba dando a luz. Acudió el buen sacerdote a la clínica de maternidad, y se encontró con la gozosa novedad de que la parturienta había tenido quíntuples. “¡Felicidades, hija mía! —le dijo a la exultante madre-. Has cumplido con creces el bíblico mandato de multiplicar la especie humana. Pero dime: ¿dónde está tu esposo Veneraldo?”. Responde Loretela: “Cuando apareció el tercer bebé salió corriendo a la ermita de San Serenín del Monte, a apagar la vela”…

FIN.

viernes, 1 de febrero de 2013

¡No manches!

De politica y cosas peores

El odontólogo estaba en trance de fornicio con una lindísima paciente, y en ese momento irrumpió en el consultorio su mujer. Al día siguiente el periódico local publicó la noticia: “Dentista sorprendido por su esposa cuando llenaba la cavidad equivocada”…

Al terminar la comida don Chinguetas encendió un cigarrillo y le dio una ávida fumada. “¡Primero de febrero al fin! —dijo muy contento—. ¡Creo que mi propósito de Año Nuevo ya duró lo suficiente!”…

Babalucas se dispuso a gozar los deliquios de amor con Pirulina. Ella le musitó al oído: “¿No vas a usar alguna protección?”. Fue el badulaque y se puso su casco de futbol americano…

Capronio, sujeto ruin y desconsiderado, le dijo a su mujer: “Creo que nunca podré olvidar el día en que te conocí”. “¡Ay!” –se emocionó ella, conmovida. “Pero seguiré intentándolo” –remató el canalla…

Tres excursionistas se vieron precisados a pernoctar en una cabaña que tenía una sola cama. Al día siguiente dos de ellos amanecieron con sus partes de varón adoloridas. El que había dormido en medio les comentó: “Tuve un extraño sueño. Toda la noche soñé que estaba esquiando”…

“No manches”, dicen los muchachos. Y no lo dicen por mala educación, sino por buena: la frase es eufemismo para disimular otra expresión más ruda: “No mames”. Tampoco ésta dicción es en verdad tan fuerte: la palabra “mamón” designa a aquel que aún está mamando la leche materna. Al pedirle a alguien que no mame se le está exhortando a no ser tan bobalicón o simple como un crío en lactancia todavía. Sucede, sin embargo, que esas palabras son equívocas, por su connotación sexual, y entonces se disfrazan recurriendo al circunloquio supradicho: “No manches”. Lo usó con tino López Obrador al referirse al dictamen de la Comisión Fiscalizadora del Instituto Federal Electoral según el cual AMLO fue el único candidato a la Presidencia que se excedió en sus gastos de campaña. Tal dictamen se antojó tan dudoso, extravagante, inverosímil, disparatado, absurdo, exótico, increíble, improbable y peregrino (no necesariamente en ese orden) que dio lugar no sólo a desatadas críticas, sino también a gran copia de chocarrerías, entre ellas la de López Obrador: “No manchen”. Quizá por eso el IFE reculó. Eso se oye muy feo. Diré mejor: ció. Eso nadie lo entenderá, ni yo. Diré más bien: se patraseó. Eso parece vulgarismo. Diré entonces: dio marcha atrás, retrocedió. Acordaron los consejeros, en efecto —y acordaron bien—, postergar una semana el debate sobre la eventual multa al Movimiento Progresista. Esperemos que tal aplazamiento favorezca los criterios de legalidad, equidad e imparcialidad que deben presidir las decisiones de ese Instituto tan cuestionado y puesto en solfa últimamente…

Sonó el timbre de la puerta, y la señora de la casa abrió. Quien llamaba era un compadre de su esposo. “Mi marido no está” –le informó al hombre. “Ya lo sé, comadrita —dijo el tipo—. Precisamente esperé a que se marchara. Es con usted con la que quiero hablar”. Ella, extrañada pero curiosa, lo invitó a pasar. En la sala le dijo el visitante, sin preámbulos: “Comadre: usted me gusta mucho. Le ofrezco 10 mil dólares si me deja gozar de sus encantos”. “¡Compadre! —exclamó ella—. ¡Es usted un grosero, un insolente, un atrevido! Los 10 mil dólares ¿serían en efectivo o en cheque?”. “Como usted quiera, comadrita —replicó el oferente— Se los puedo dar también en pagarés, letras de cambio, IOUs, cheques de viajero, títulos de la renta pública, acciones quirografarias o Bonos del Ahorro Nacional”. La mujer empezó a aducir la fe que a su marido había jurado al desposarlo; su virtud y decencia de casada; su nunca mancillado honor, pero mientras así moralizaba iba pensando en todo lo que podría comprarse con aquella cantidad. Suspiró entonces y dijo: “Que sea en efectivo, compadre, si me hace usted favor”. Fueron a la alcoba, pues, y ahí empezó a tener efecto aquella irregular concertación. El compadre, mientras se refocilaba cumplidamente, decía una y otra vez: “¡Dios mío! ¡Dios mío!”. Eso llamó mucho la atención de la señora, pues su marido lo único que solía decir en tales ocasiones era: “¡Mpf! ¡Mpf!”. Le preguntó al ilícito amador: “¿Por qué invoca usted, compadre, al Supremo Hacedor?”. Sin responder a la pregunta repitió el sujeto: “¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿De dónde voy a sacar los 10 mil dólares?”…

FIN.

miércoles, 30 de enero de 2013

El IFE y los gastos

De politica y cosas peores

He aquí tres palabras con las cuales una mujer puede abatir el ego —y lo demás— de un hombre: “¿Ya estás ahí?”…

Astatrasio Garrajarra es un borracho. El término es liso y llano, como los amparos contaminados de política, pero describe muy bien al temulento. Cierto día llegó a la Cantina Modotti y pidió un trago. “Lo siento, señor —le dijo el barman—, pero viene usted muy tomado. No puedo servirle más”. Farfullando dicterios se retiró Atatrasio. Pocos minutos después volvió a entrar y pidió una copa. “Señor —le dijo el cantinero—, ya ha bebido usted bastante. Discúlpeme, pero no le serviré”. Garrajarra salió tartajeando entre dientes maldiciones. No habían pasado ni cinco minutos cuando de nuevo entró y pidió una bebida. “Perdone —insistió el de la taberna—, ya le dije que no voy a servirle”. “¡Uta! —exclamó entonces Astatrasio—. ¿Pos en cuántas cantinas trabajas, güey?”…

Vamos a suponer —es un supositorio, dijo aquél— que son ahora las 11 de la mañana.

El sol brilla, radiante; su luz esplende en un cielo azul por unanimidad. En ese momento llega a mi casa el Instituto Federal Electoral en pleno, con su Presidente y todos sus consejeros. El titular me hace entrega de un oficio que dice: “En este momento es de día”. Son las 11 de la mañana, ya lo señalé. A pesar de eso voy a la ventana y me asomo para cerciorarme de que es cierto que lo que el IFE dice. Quiero decir que el tal Instituto posee una cuota mínima de credibilidad. Y me lo explico: sus integrantes no son ya consejeros ciudadanos; son personeros de los partidos por virtud de los cuales llegaron a ocupar el cargo. Actúan entonces conforme al interés que los llevó a gozar el discreto encanto de la nómina. Por eso meneamos la cabeza con escepticismo cuando el IFE declara que el único candidato a la Presidencia que se excedió en sus gastos de campaña fue López Obrador. ¿Habrá quien comulgue con esa rueda de molino? Los tres partidos importantes se excedieron en sus gastos de campaña; quienquier que tenga un par de ojos y una tercia de dedos de frente lo habrá supuesto con sólo ver la copiosa propaganda de los candidatos, repetida ad náuseam. Quizás AMLO fue el único que no tuvo un tenedor de libros lo suficientemente mañoso para hacer cuadrar las cifras como lo hicieron los contadores del PRI y el PAN. Otra vez, como en el desdichadísimo caso de la mujer francesa, lo leguleyo se impone sobre lo verdadero. Pero no le preocupe eso a López Obrador. En primer lugar él no pagará los platos rotos; en segundo, podrá presentarse otra vez —ya lo está haciendo— como un perseguido de “la mafia en el poder”. Esa propaganda bien vale una multa…

El reverendo Minischlong, pastor de un pequeño pueblo en el Bible Belt americano, pasó a mejor vida. Las amigas de la viuda dejaron pasar un tiempo razonable —cuatro días— y se aplicaron luego a buscarle un nuevo marido a la señora. El único candidato disponible era el carnicero del lugar, mister Dingus.

A la interesada no le gustó el partido: ¿cómo se iba a casar con aquel hombre rudo e ineducado, después de haber sido la esposa de un Doctor in Divinity especializado en Homiletics? Pero se acercaba ya el invierno, y además el precio de la carne estaba por las nubes, de modo que finalmente aceptó las atenciones del toroso tablajero, y unos meses después lo desposó. El primer día de casados le dijo el hombre al despertar por la mañana: “Mi padre, que de Dios goce, me enseñó que el hombre debe hacerle el amor a su mujer al comenzar el día”. Horas después se hallaba la recién casada en la cocina cuando irrumpió el toroso marido, cuya carnicería estaba en la planta baja de la casa. “Mi abuelo, may he rest in peace —le dijo a la asombrada esposa—, me enseñó que el hombre debe hacerle el amor a su mujer a mediodía”. Y esa noche, cuando ella se disponía apenas a recitar sus oraciones, su flamante marido la tomó por la cintura y le dijo al tiempo que la hacía caer sobre la cama: “Mi bisabuelo, de feliz memoria, me enseñó que el hombre debe hacerle el amor a su mujer al término de la jornada”. Igual, con las mismas tres sesiones, sucedió los días siguientes. El domingo, en la iglesia, las amigas de la flamante novia le preguntaron cómo le estaba yendo con su nuevo esposo: “No tiene educación formal —les dijo ella con una gran sonrisa—, pero de sus ancestros recibió valiosas enseñanzas”…

FIN.

Multan a López Obrador

“... Multan a López Obrador...”.

También multarán a otros
partidos de varios sellos.
Pero no pagarán ellos:
pagaremos, sí, nosotros.

miércoles, 16 de enero de 2013

Políticos y versátiles

De politica y cosas peores
 
Doña Macalota compró en un bazar una lámpara de forma extraña. Al llegar a su casa la frotó para limpiarla, y de la lámpara salió un genio de Oriente. Le ofreció a la mujer: “Te concederé un deseo”. Ella respondió: “Espera”. Tomó el teléfono y llamó a su esposo, don Chinguetas. “No me preguntes nada —le dijo—. Solamente respóndeme: ¿a quién te quieres parecer: a Leonardo di Caprio o a Brad Pitt?”…
 
Rodney Dangerfield, el comediante norteamericano que nunca obtiene respeto, dijo una vez que su perro aprendió a suplicar viéndolo a él frente a la puerta de la recámara de su mujer. Lo mismo le sucedía a don Frustracio, el lacerado esposo de doña Frigidia. Esta señora, ya se sabe, es la mujer más fría del planeta. En cierta ocasión fue a La Antigua, en Guatemala, y el Volcán de Fuego se congeló por los siglos de los siglos. Hace unas noches el infeliz señor le pidió en el lecho a su gélida consorte el cumplimiento del débito conyugal. “¿Débito? —dijo ella—. A ti no te debo nada”. Y así diciendo le volvió la espalda. “Pero, mujer —intentó don Frustracio argumentar—, la última vez que lo hicimos fue cuando se cumplió el 50 aniversario del film El Mago de Oz, y eso fue en 1989”. “¿Y ya quieres otra vez? —clamó indignada señora—. ¡Eres un erotómano, un sátiro, un verraco, un fauno, un verriondo, un maniático sexual!”. “Con un calificativo tengo —se amohinó el esposo—. Y te exijo que cumplas tu papel de esposa, pues a mis años no puedo ser lo que en Estados Unidos llaman Self-made man”. Ella, de mala gana, accedió finalmente a hacer esa dación. En el curso de las acciones doña Frigidia se dirigió de súbito a su esposo: “Y a propósito: he oído decir que muchos hombres gritan en el momento de la pasión sensual. Algunos hasta llegan a lanzar sonoros ululatos como los de Johnny Weissmuller en las películas de Tarzan. “¿Por qué tú nunca gritas?”. Contestó don Frustracio: “Porque no quiero despertarte”…
 
Decir “político camaleónico” es incurrir en datismo, batología, perisología, tautología, pleonasmo o redundancia. En efecto, el político por antonomasia es camaleónico: cambia según las circunstancias; se acomoda, como las veletas, a la mudanza de los vientos. Tomemos por ejemplo el caso prototípico de López Obrador. En la elección del 2006 su discurso fue violento, y eso asustó a las clases medias, que se le alejaron. Algunos ricos empresarios con quienes se alió en el 2012 le hicieron ver que no le convenía esa actitud violenta. Mudó entonces de talante como mudar de camiseta, e inventó —o le inventaron— aquello de la República Amorosa. Pero esa chupaleta casi nadie se la tragó, y en esa segunda ocasión su conducta desconcertó a muchos que lo habían seguido por su actitud combativa contra los hombres del dinero y en favor de los pobres. Ahora, de cara al 2018, arrumba en el cuarto de los trebejos la mansedumbre franciscana que hace apenas unos cuantos meses exhibió, y vuelve a mostrarse pugnaz y belicoso; emplea otra vez los denuestos de ayer, y lanza adjetivos a diestra y a siniestra para consumo de las mayorías. Desde luego no estamos en el terreno de la esquizofrenia, que es un terreno real. Nos movemos en el de la política. Ventaja es, sin embargo, que López Obrador insista en lo pacífico de su movimiento. Tendrá pronto mucho dinero a su disposición, y eso lo hará todavía más pacífico, pues no hay borracho que coma lumbre, si me es permitida esa expresión. AMLO puede haber mandado al diablo las instituciones, pero esas señoras todavía están aquí, y parecen más robustas cada día. Tendremos pues ahora en López Obrador un político más institucional y menos revolucionario, por encima de las diatribas con que busca el aplauso de las galerías y su lucimiento personal. Que todo esto sea para bien…
 
Sigue ahora un cuento de color rojo, casi púrpura. Quienes no gusten de esas tonalidades deben buscar otras en el disco de Newton, o saltarse hasta donde dice FIN…
 
Santa Claus regresó al Polo Norte después de repartir los regalos de la Navidad. Al llegar le dijo a Rodolfo, el Reno de la Nariz Roja: “Te voy a contar algo que me sucedió, pero prométeme que no se lo vas a decir a nadie, y menos aún a mi mujer”. “Te guardaré el secreto —prometió Rodolfo, intrigado—. Dime: ¿qué te pasó?”. Responde Santa: “Bajé por la chimenea de una casa, y encontré en la sala a una chica vestida sólo con un brevísimo baby doll que dejaba ver todos sus encantos. Me turbé tanto que salí por la puerta”. “¿Por la puerta?” –se extrañó el reno. “Sí —confirmó muy apenado Santa—. Por la chimenea ya no pude salir”… (No le entendí)…
 
FIN.

jueves, 10 de enero de 2013

López Obrador se afilió a la Morena

“... López Obrador se afilió a la Morena...”.

El discurso que AMLO brinda,
y la forma en que condena,
nos muestran que esa Morena
no es la Morenita Linda.

lunes, 16 de marzo de 2009

Periplo

De politica y cosas peores

El reverendo Rocko Fages, pastor de la Iglesia de la Tercera Venida (no confundir con la Iglesia de la Tercera Avenida, que prohíbe hacer el amor de pie porque eso tiene cierto parecido con el baile, vedado a los feligreses), fue como misionero a las islas de los Mares del Sur. Ahí su esposa se consiguió una criadita aborigen. La muchacha llegó a la casa con los enhiestos senos al aire, según era costumbre. La señora, que no los tenía tan enhiestos, juzgó que aquello era una intolerable falta a la moral, y le ordenó a la chica que se cubriera el pecho. Ella se lo cubrió, pero lo hizo con la tela que le cubría lo de abajo, de modo que aquella parte quedó muy a la vista, especialmente a la del reverendo. Su esposa le dijo: “Tendremos que enseñarle a esta muchacha la diferencia entre el bien del mal”. Respondió el pastor: “Tú encárgate de enseñarle el bien. De lo demás me encargo yo”. El mal, en efecto, tiene un cierto atractivo que no posee el bien. Se diría que el departamento de publicidad del diablo es mejor que el de su competencia. En las pastorelas infantiles todos los niños quieren ser el diablito, y nadie el ángel. Cuando en la prepa todavía se estudiaba Ética yo cursé la materia en el glorioso Ateneo Fuente, de Saltillo. Nuestro libro de texto tenía un sonoro nombre: se llamaba “El secreto del bien y del mal”. Su autor era, si la memoria no me engaña, José Romano Muñoz. En él aprendí que toda acción humana debe estar presidida por una teleología, es decir encaminarse a un fin valioso. Un acto no puede ser bueno si se hace para conseguir un fin malo.

Ha sido muy alabada la gira que López Obrador hizo por la República, gira en la cual llegó a todos los municipios donde se llevan a cabo elecciones. Antes de hacer el elogio del periplo habrá que ver cuál fue su causa última, es decir, su finalidad. Varios comentadores han dicho que López Obrador y algunos de sus cercanos consejeros están buscando que el presidente Calderón no termine su sexenio, y llegan incluso a hablar de su derrocamiento. Eso estaría peligrosamente cerca de la incitación al golpe de Estado. Un discurso así no cabe en un país que se halla en una transición democrática obtenida con muchos trabajos y muchos sacrificios. Al parecer hay quienes buscan lograr por medios ilegales lo que dentro de las instituciones no han podido conseguir. Si la gira de López Obrador fue un ejercicio democrático, bien vengan los elogios y alabanzas. Pero no puede merecer encomio lo que tienda a echar por la borda esa incipiente democracia para sustituirla por un caudillismo autoritario como el que sufren ya otras naciones de América Latina...

El urólogo le dice a su paciente después de examinarlo: “Le tengo dos noticias: una buena y una mala. La buena es que su parte de varón le va a crecer 8 pulgadas, y le va a engrosar 2”. “¡Fantástico! —se alegra el individuo—. ¿Y la mala noticia?”. Le informa con voz sombría el facultativo: “Es elefantiasis”...

Una muchacha conoció a un tipo de extraño aspecto que la invitó a pasear por el bosque. A la mitad del paseo ella sintió miedo. Le dice al hombre: “Me atemoriza la soledad del bosque”. Responde con tono siniestro el individuo: “Dímelo a mí, que voy a tener que regresarme solo”...

Viene ahora un cuento de color subido. Las personas que no gusten de leer cuentos de color subido sáltense hasta donde dice FIN...

Un comerciante salió de su tienda para ir al café con los amigos. Su esposa le gritó desde la puerta: “¡No me dejaste dinero para el gasto!”. Responde él: “A’i coge”. “Me parece muy bien —acepta ella—. ¿Cuánto cobro?”. “¡No te acomodes! —se enoja él—. A’i coge, de la caja”. (No le entendí)...

FIN.