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viernes, 8 de febrero de 2013

Regalos de la vida

De politica y cosas peores

Pirulina, muchacha pizpireta, fue a confesarse con el Padre Arsilio. Le dijo que había tenido tratos de fornicio con Pedro, Juan y varios. El sacerdote la reprendió, severo: “Hija mía: ¿sabes lo que te vas a ganar por hacer eso?”. Replicó Pirulina con naturalidad: “No cobro, padrecito”…

El buen Jesús y San Pedro bajaron a la Tierra, pues sintieron el deseo de jugar unos tres o cuatro hoyos de golf. Jesús hizo el primer tiro. La pelota golpeó en el tronco de un árbol y saltó hacia lo alto. Un águila que pasaba la tomó en su pico, y al ver que no era nada comestible la soltó. La pelota cayó directamente en el hoyo. ¡Hole in one! Le dice, amoscado, San Pedro al buen Jesús: “Como milagro no está mal, Señor. ¡Pero no se te ocurra hacer esto cuando juguemos por dinero!”…

Silly Kohn, vedette de moda, participaba en un concurso de cultura general. Le preguntó el conductor: “¿Quién es el autor de la obra teatral ‘Don Juan Tenorio’?”. Vaciló Silly. La mujer que estaba atrás de ella le sopló en voz baja: “Zorrilla”. La vedette se volvió con enojo: “¡Y tú pendeja!”…

La vida, esa señora impredecible, suele hacerme súbitos regalos. Leo en el último número de la revista Caras: “Entrevistamos a Armando Fuentes Aguirre, Catón, el periodista con el mejor humor”. ¡Qué maravilla! Es la entrevista que me hizo Caleb Torres, una de las más completas y reveladoras que a lo largo de mi vida se me han hecho. Aparece ilustrada con espléndidas fotografías de ese gran artista que es Rodrigo Cassou. Dice así la presentación del texto: “El peculiar estilo de Catón, que mezcla la política con el típico humor mexicano, le ha ganado miles de lectores en México y algunos países de Iberoamérica”. No exagero si digo que quien quiera conocerme como soy, y enterarse de aspectos ignorados de mi vida —quizás alguno de mis cuatro lectores sienta ese insólito deseo—, debe leer este artículo de colección publicado en Caras. ¿De dónde sacaron sus autores esos rarísimos retratos de mi niñez y juventud, que yo mismo ignoraba que existieran? ¿Cómo hizo Caleb para lograr que le dijera yo cosas que a nadie antes le había dicho? ¿Qué extraordinaria sensibilidad, o qué mágica lente usó Rodrigo para hacer que en sus fotografías me vea yo como me veo? Gracias doy a esos generosísimos colegas por haberme sacado de mí mismo para mostrarme tal cual soy. Gracias a Lucía Alarcón de Zamacona, la directora editorial de Caras, y a Ana Carballido Castillo, su coordinadora editorial, por la hospitalidad que me dieron en sus páginas. Y a la señora vida, gracias por haberme hecho este regalo. Hoy viernes, día en que toda la familia se junta en nuestra casa, pondré como sin intención la revista sobre la mesa de la sala para que ahí la vean mis hijos y mis nietos. También los papás y los abuelos tenemos derecho a presumir un poco…

Dulcilí, muchacha ingenua, hacía el amor con su lúbrico galán en un ameno prado, junto al arroyuelo. Exclama jubilosa: “¡Bien dice mi mamá, que se puede gozar más en el campo, en pleno contacto con la naturaleza, que en los antros de la ciudad, tan llenos de humo y música ruidosa!”…

Susiflor les anunció a sus padres que Avidio, su novio, se iba a presentar esa noche a solicitar su mano. Preguntó con voz grave el genitor: “¿Tiene dinero?”. “¡Ah! —exclama Susiflor—. Todos los hombres son iguales. ¡Él me preguntó lo mismo acerca de ti!”…

El pato encontró a la patita en malos pasos con el ganso del corral. Ella se justificó, humilde: “Recuerda que antes de casarnos te dije que me gustan mucho los gansitos”…

La hija de doña Panoplia de Altopedo, dama de buena sociedad, compartió con los invitados algo que la noche anterior le había sucedido. “En la oscuridad de mi cuarto —relató—, creí ver un fantasma. ¡Se me puso la carne de gallina!”. “Jovencita —le llamó la atención doña Panoplia—. A nosotros no se nos pone la carne de gallina. Debes decir: ‘Se me puso la carne de pavo real’”…

La señora regresó el lunes de un viaje. Su pequeño hijo le contó, emocionado: “Yo y papi dormimos juntos el viernes”. La linda mucama de la casa lo corrigió, sonriendo: “Papi y yo dormimos juntos el viernes”. “No –la corrigió a su vez el niño-. Lo de ustedes fue el sábado”…

FIN.

sábado, 2 de febrero de 2013

‘Piensa mal y acertarás’

De politica y cosas peores

Afrodisio Pitongo, hombre de libídine arriscada, llegó a la oficina con los ojos morados, lleno de cardenales y lacerias. Le preguntaron sus compañeros, alarmados: “¿Qué te sucedió?”. Responde con quebrantada voz el tal Pitongo: “Me golpeó un amigo porque estuve de acuerdo con él”. “¿Cómo es eso?” –se asombraron los otros. Explica Afrodisio: “Dijo él: ‘Mi mujer es buenísima en la cama’. Y dije yo: ‘Es cierto’”…

Susiflor le comentó a Dulcilí: “La virginidad es como un billete de mil pesos: si lo das no te queda nada, y si lo conservas no te sirve de nada”…

El médico tenía su mano puesta en la parte más alta del muslo de la hermosa chica. Pregunta ella, intrigada: “¿Está usted seguro, doctor, de que ahí es donde se debe tomar el pulso?”…

Antes de lo esperado doña Macalota llegó a su casa de un viaje, y encontró a su esposo, don Chinguetas, tomando una ducha con la joven criadita de la casa. 
“¿Qué significa esto?” –preguntó doña Macalota, que tenía una extraña propensión a indagar el significado de las cosas. Respondió, imperturbable, don Chinguetas: “Tú sabes bien que me gusta cantar bajo la regadera, y ya me cansé de hacerlo sin acompañamiento”…

Ilustra mi comentario de hoy una ancianita que solía decir al confesarse: “Me acuso, padre, de que levanto falsos que luego salen ciertos”. En efecto, la naturaleza humana, tan inhumana a veces, nos lleva siempre a pensar mal, pues no pocas veces a fin de cuentas eso equivale a haber pensado bien. El refranero popular, tan realista que linda con lo cínico, propone una regla que al parecer no falla: “Piensa mal y acertarás”. La explosión en el edificio de Pemex dio lugar a que inmediatamente algunos pensaran en la posibilidad de un atentado terrorista. La especie no se debe admitir sin más ni más, pero tampoco sin más ni más se debe desechar. Hay fanáticos de ideologías extremistas que no vacilan en llegar a la violencia criminal para imponer o preservar sus dogmas. Desde luego a estas alturas los expertos ya saben a qué se debió aquel hecho desastrado. Lo deseable es que se nos diga la verdad acerca de lo sucedido. Es mejor estar intranquilos en la verdad que con calmo sosiego en la mentira. Yo quiero pensar que se trató de un accidente —casi siempre esa es la versión oficial que se da—, pero… ¡Insensato columnista! ¡Con esos puntos suspensivos dejaste en suspenso a la República! Y eso que son nada más tres. ¿Te imaginas si hubieran sido seis puntos suspensivos, o 14, ó 36? ¿Acaso no tenemos ya suficientes motivos de inquietud? ¿A tantas y tantas causas de zozobra añades una más? ¿En qué país vivimos? O, mejor enunciada la pregunta: ¿en qué país sobrevivimos? Ea, moja tu cálamo en tinta no tan negra, y exorna tu peroración con algunos relatos de humor lene que pongan al menos una vislumbre de vaga claridad en la calígine que nos rodea…

Don Añilio llevaba en las espaldas muchos almanaques, aunque no tantos que se hubiesen acabado en él las apetencias por esa dulce pasta —la expresión es de don Federico Gamboa— que es la tibia y muelle carne femenina. Una tarde el provecto caballero visitó a su amiguita Himenia Camafría, célibe madura pero que también había conservado sus coqueterías. Animado por dos o tres copitas de vermú que le escanció la dama don Añilio le recitó algunos versos sugestivos (“Bésame con el beso de tu boca, / cariñosa mitad del alma mía. / Un solo beso el corazón invoca, / que la dicha de dos me mataría”), lo cual puso a la dueña de la casa en apretada tentación de dar al traste con la reserva y parsimonia que hasta entonces había usado en el trato con el sexo opuesto. La detuvo, sin embargo, el recuerdo de sus lecturas de piedad en el Colegio de las Adoratrices, entre ellas el libro “Pureza y hermosura”, de Monseñor Tihamer Toth. Para desviar el curso que las cosas iban tomando se echó aire vigorosamente con un abanico en el cual aparecía Pedro Infante vestido de motociclista de tránsito. Don Añilio solicitó, vehemente: “¡Un beso al menos, cara amiga mía!”. “Hagamos una cosa —sugirió la señorita Himenia así estrechada—. Me esconderé en algún sitio de la casa, y usted me buscará. Si me encuentra le daré el ósculo que me pide. Si no me encuentra, estoy atrás de las cortinas del comedor”…

FIN.

martes, 29 de enero de 2013

Alerta roja

De politica y cosas peores

Alerta roja. La expresión tiene tono dramático. Da idea de peligro y de urgencia para hacerle frente. Incita a estar con los ojos abiertos, en actitud de centinela vigilante que se dispone en cualquier momento a actuar. ¿Qué viene el enemigo? ¡Alerta roja! ¿Que la cortina de la gran presa está a punto de ceder? ¡Alerta roja! ¿Que en una fiesta doña Gargariola anuncia que va a cantar el Ciribiribín acompañándose ella misma con el acordeón? ¡Alerta roja! Hay casos, sin embargo, en que no se justifica esa alerta de color subido. Por ejemplo, el señor Zambrano ha puesto a su partido, el PRD, en alerta roja para impedir que haya inversión privada en el sector energético, y para defender la integridad de esa exitosa empresa que es Pemex, paradigma mundial de transparencia, modernidad, eficiencia y productividad.

Colocados así, en roja alerta, los señores perredistas se opondrán a que en Pemex se cambie incluso un foco, pues eso atentaría contra Los Ideales de la Revolución y contra La Idiosincrasia Nacional. Hay un dato, empero, que al parecer el PRD ha omitido inscribir en sus registros: el año 2013 no es el mismo que el año 1938. Muchas cosas han cambiado desde la nacionalización del petróleo, y en este mundo de hoy, globalizado, conceptos como el de nacionalismo van desapareciendo para ceder el sitio a otras visiones que evitan, so riesgo de estancarse, que los países se aferren a criterios insulares y de autosuficiencia que ya no se pueden mantener. Urge una reforma energética que modernice a Pemex y lo saque del atraso en que se encuentra en relación con otras empresas similares. Favorecer la inversión privada no es entregar el petróleo a manos extranjeras; es propiciar que ese recurso sea mejor aprovechado en bien de México y de los mexicanos. Encendamos una alerta roja, sí, pero contra los dogmatismos anacrónicos que tienen al país sumido en la inmovilidad… Un momentito, por favor. Voy a ponerme en pie y a caminar algunos pasos para mostrar que yo no estoy sumido en la inmovilidad. Gracias. Con ese mismo propósito teclearé ahora algunos chascarrillos. Favor de no encender la alerta roja…

Dulcilí les dijo a sus papás: “Mañana presentaré el examen de educación sexual. Será oral”. “¡Si es oral no lo presentes!” –se alarmó la mamá de Dulcilí…

Cuando tienes un año de edad lo importante es estar vivo. Cuando tienes 10 años lo importante es ir bien en la escuela. Cuando tienes 20 años lo importante es ejercitar el sexo. Cuando tienes 30 años lo importante es haber hallado un buen trabajo. Cuando tienes 40 años lo importante es mantenerte en forma. Cuando tienes 50 años lo importante es cenar huevos con chorizo y que no te hagan daño. Cuando tienes 60 años lo importante es poder ponerte en aptitud de ejercitar el sexo. Cuando tienes 70 años lo importante es contar con un buen médico. Cuando tienes 80 años lo importante es recordar las cosas. Cuando tienes 90 años lo importante es poder moverte. Y cuando tienes 100 años lo importante es estar vivo…

Alguien le preguntó a Babalucas: “¿Qué opina usted de la destitución del alcalde Moreno?”. Replicó el badulaque muy solemne: “En política no debe contar el tono de la piel”…

Un señor le dijo a otro: “Mi automóvil tiene un dispositivo que en voz alta me dice cómo debo manejar. Me indica si voy conduciendo muy aprisa, o mal; me avisa que adelante va un ciclista; me señala todo lo que hay en el camino: un poste, un bache, otro vehículo al que me acerqué demasiado; me reprocha si me pasé un semáforo en ámbar. Incluso me dice si voy bien peinado o no, o que la corbata no me combina bien”. El otro se asombró: “¿Todo eso te indica ese dispositivo?”. “Sí —confirma el señor—. Claro, solamente funciona cuando en el automóvil va mi esposa”…

El doctor Ken Hosanna, célebre facultativo, le informó con mucha pena al recién operado: “Lo confundimos con otro paciente, señor Lacerio, y en vez de sacarle el apéndice le hicimos una operación de cambio de sexo”. “¡San Cosme y San Damián! —exclamó el pobre señor invocando a los santos patrones de la Medicina—. ¿Quiere eso decir que ya no tengo atributo varonil?”. “En efecto —confirmó el galeno—. Ésa es la mala noticia. La buena es que en el futuro podrá tener todos los que quiera”…

FIN.

jueves, 10 de enero de 2013

Teoría Pura del Derecho

Vamos a echarnos un rapidito” –le dijo Impericio a su mujer. Respondió ella con reconcomio: “¿Acaso te sabes otros?”…
 
En una granja criadora de pavos dos de ellos estaban conversando al final de la temporada navideña. Le dice uno al otro, preocupado: “Creo que en el 2013 debemos comer menos, Pípilo. No sé si lo notaste, pero los más gordos fueron los que en estos días desaparecieron”…
 
La atractiva rubia de bien torneadas piernas iba a comparecer en juicio. Inquieta, le preguntó a su abogado defensor: “¿Debo revelar todo ante el jurado?”. “No —le indicó el jurisperito—. Nada más levántese un poco más la falda”…
 
En la cena de Año Nuevo el papá de Pepito comentó: “Dulcilí, mi secretaria, es una muñequita”. Preguntó el chiquillo desde su lugar: “¿Y cierra los ojos cuando la acuestas?”…
 
Un gay de edad madura charlaba con un amigo suyo. Le contó: “Fui a Londres, y me llevé una tremenda decepción”. “¿Por qué?” –pregunta el otro. Responde, mohíno, el primero: “El Big Ben es un reloj”…
 
Con gemebundo acento Dulcilí le informó a su papá: “Perdí mi virginidad”. El señor, profundamente concentrado en su iPad, le contesta: “¿Ya buscaste abajo de la cama?”…
 
Guardo con afecto y gratitud el recuerdo de uno de mis más sabios y queridos maestros: don Luis Recasens Siches. Él me contó que en cierta ocasión, hablando con Hans Kelsen, le dijo con franqueza al célebre jurista: “Soy un crítico de su obra”. Respondió Kelsen sonriendo: “Yo también”. Hans Kelsen es el creador de la famosa Teoría Pura del Derecho, según la cual —hablo grosso modo— las leyes valen por sí mismas, independientemente de los factores reales que incidieron en su creación y de cualquier concepto relacionado con criterios éticos, como la justicia, por ejemplo. Kelsen mismo fue víctima de la teoría que propuso: judío, su tesis confería validez a las leyes antisemitas dictadas por el régimen de Hitler. Hubo de salir apresuradamente de Austria para sustraerse a ellas, y se exilió en los Estados Unidos. Kelsen hacía énfasis en la necesidad de una “ciencia del Derecho” que sustituyera a una “política del Derecho”. Digo todo esto porque en México los políticos se sustraen con frecuencia al imperio de la ley, pero la ley no puede nunca sustraerse al imperio de los políticos. Prueba de lo que digo es la torpe acción de los asambleístas del Distrito Federal que reformaron la ley expresamente para favorecer a los culpables de actos vandálicos y de pandillerismo cometidos el pasado primero de diciembre. ¿Asamblea Legislativa? Quienes aprobaron esa sucia reforma, hecha para un caso especial y con dedicatoria, no merecen el nombre de legisladores: son politicastros que usaron burdamente su poder —en mala hora adquirido— y torcieron la ley con fines puramente partidistas, de política. Como castigo a su indigno proceder envío a los tales asambleístas una sonora trompetilla alejada de toda teoría pura. He aquí esa grandísona pedorreta, altitonante cuesco o fragorosa ventosidad bucal: “¡Ptrrrrrrrrrrrrr!”…
 
Dijo el conferencista especializado en temas de sexualidad: “Hay cinco tipos de orgasmo en la mujer. Son el gozoso; el lamentoso, el que llamo ‘asertoso’; el religioso, y, finalmente, el mentiroso”. Levantó la mano uno de los asistentes: “¿Podría usted decirnos en qué consiste cada uno de ellos?”. “Desde luego —respondió el conferenciante—. El orgasmo gozoso es cuando en el momento del éxtasis la mujer grita con fruición: ‘¡Ah! ¡Oh! ¡Qué rico! ¡Qué sabroso! ¡Tenías qué ser de Saltillo, papacito!’. El orgasmo lamentoso es cuando la mujer grita cerrando los ojos con gesto parecido al del dolor: ‘¡Ay! ¡Ay!’. El orgasmo que llamo ‘asertoso’ es cuando la mujer grita: ‘¡Sí! ¡Sí!’, o ‘¡Yes! ¡Yes!’ y ‘¡Yea, yea’, si ha estado sujeta a la poderosa influencia del país del norte. El religioso es cuando al llegar al culmen de la unión coital la mujer grita: ‘¡Dios mío! ¡Dios mío!’, o también: “¡Valedme, ángeles y arcángeles; serafines y querubines; tronos, virtudes, principados, potestades y dominaciones! ¡Acudid en mi auxilio, apóstoles, vírgenes, mártires y confesores! ¡Interceded por mí, santas ánimas del Purgatorio!’. Vuelve a preguntar el hombre del público: “¿Y cuál es el orgasmo mentiroso?”. Inquiere a su vez el conferenciante: “¿Cómo se llama usted, señor?”. Responde el tipo: “Mi nombre es Carmelino”. “Muy bien —le informa el disertador—. En su caso un orgasmo mentiroso será cuando su esposa grite: ‘¡Carmelino! ¡Oh, Carmelino!’”…
 
FIN.

domingo, 15 de marzo de 2009

Pudicia

De politica y cosas peores

Ella era muy tímida. Se llamaba Sensitiva, y tenía la modestia de esa flor que cierra sus pétalos cuando siente la cercanía de una mano. Su novio, Timoracio, sufría la misma timidez. Era apocado y ñoño. Pero el amor vence toda cortedad (o casi toda), y guía a los amantes hacia el bien deseado. “Amor magister est optimus”; el amor es el mejor maestro, escribió Plinio el Joven en sus Cartas (IX, 4,19,4). Se casaron los dos, y fueron a pasar su luna de miel en un lugar de moda. No hubo luna de miel, siento decirlo. El amor que unió sus almas no pudo unir sus cuerpos, pues la exagerada pudicia de los recién casados, y su invencible timidez, les impidieron consumar el desposorio. Al regresar a casa les contaron a sus respectivos padres lo que había sucedido: no había sucedido nada. Ellos, preocupados, llevaron a sus muchachos con un terapeuta sexual. El especialista, después de oírlos, les hizo una sencilla recomendación: “Tómense una copita o dos —les dijo—. Así vencerán la timidez que los cohíbe. Luego actúen con la misma naturalidad de los perritos”. Una semana después Sensitiva y Timoracio regresaron con el facultativo. Los dos lucían una radiante sonrisa de satisfacción. Habían logrado vencer su timidez, dijeron, y llevar a feliz término las nupcias. El terapeuta les preguntó con pícara sonrisa: “¿Se tomaron una copita o dos, y actuaron luego con la misma naturalidad de los perritos?”. “No —responde Timoracio—. Nos tomamos nueve copitas, o diez. Así nos dimos valor para salir a la calle y actuar con la misma naturalidad de los perritos”...

Babalucas era empleado público. Se presentó con él un extranjero, y Babalucas se dispuso a tomarle sus datos. Le preguntó: “¿Nombre?”. Responde el visitante: “Michael O’Brian”. “Decídase —le pide con enojo el tonto roque—. Un nombre u otro”...

En diferente ocasión Babalucas fue a una librería y preguntó al encargado: “¿Tienen algo de Hemingway?”. Contesta el librero: “Tenemos ‘El viejo y el mar’”. Se queda pensando Babalucas y dice luego: “Déme el mar”...

Empédocles Etílez entró en su casa a las 3 de la mañana, y bien borracho. Le grita su mujer hecha una furia: “¡Mira nomás a qué horas llegas!”. “¿Quién te dijo que llego? —respondió el temulento—. Vengo nomás por la guitarra”...

En el futbol todo el público abucheaba a un espectador. Una chica le preguntó a su acompañante: “¿Por qué lo abuchean?”. Responde él: “Le arrojó una botella al árbitro”. “¡Qué barbaridad! —exclama la muchacha—. ¿Y le pegó?”. “No —responde el otro—. Por eso lo abuchean”...

Dulcilí, romántica joven, le pregunta a su novio Libidiano: “Después de casada ¿me seguirás queriendo igual?”. “Hasta más —responde el salaz tipo—. Mi especialidad son las casadas”...

Una señora llamó a una agencia de colocaciones para pedir una niñera que le cuidara a su hijito aquella noche. Especificó: “La niñera debe saber karate, judo, kung fu, jiu jitsu, boxeo y tae kwan do”. “¿Tan rudo así es su hijito?” —inquiere con asombro el encargado. “Mi hijito es un ángel —contesta la señora—. Pero luego mi marido lleva a su casa a la niñera, por eso ella debe saber artes marciales”...

Doña Holofernes, esposa de don Poseidón, tenía la costumbre de revisar con un dedo a las gallinas, a fin de ver si tenían huevo. Una vez el perico de la casa andaba en el corral. La señora, algo corta de vista, lo confundió con una gallina, y se dispuso a hacerle el tacto esfinteral. “A mí con delicadeza, por favor —pide asustado el periquito—. Soy primerizo”...

Don Martiriano le dice a doña Jodoncia: “Debemos dos cuentas: la de la compañía de luz y la del médico. Sólo podemos pagar una. ¿Cuál de las dos pagamos?”. “La de la compañía de luz —responde sin dudar doña Jodoncia—. El médico ya no te puede apagar nada”...

FIN.

martes, 10 de marzo de 2009

Locos

De politica y cosas peores

Le dice Dulcilí a Libidio: “Si paso la noche en tu departamento me sentiré muy mal en la mañana”. Responde el seductor: “Dormimos hasta tarde”...

Relataba un paciente de hospital: “La enfermera me preguntó: ‘¿Cómo está hoy nuestra salud?’. ‘Bien’ —le respondí. Y le agarré una de nuestras pompas. Entonces ella nos dio una cachetada”...

Este mundo está lleno de locos. Demos gracias a Dios. Locos son los poetas, tocados por un dedo divino que les abre los ojos para que vean lo que nosotros no podemos ver. Locos son todos los que se dan a la belleza: los que componen música o la tocan; los que cantan; los que pintan, esculpen, danzan, escriben, construyen armonías de piedra o vuelven eternas con su cámara las fugitivas imágenes del mundo. Locos son todos los hombres y las mujeres que hacen teatro, esa gran copia de la vida, y al hacerlo nos muestran que la vida es una gran copia del teatro. Locos son los que en la algarabía de los hombres oyen la voz de Dios, y van tras Él. Locos todos los que aman, pues el amor no es verdadero amor si no es locura. Locos los que siguen un sueño —cualquier sueño— y van tras él hasta llegar al último. Otra especie de locos hay: son los toreros. Es la gente del toro en general. A mí me gusta esa fiesta, la taurina, por la cual sigue viviendo un magnífico animal, el toro de lidia, que de otra manera desaparecería o quedaría condenado a la estólida muerte de los rastros. Soy un villamelón, lo reconozco, pero un villamelón enamorado. Me asombra y me deslumbra esa liturgia —ya más antigua que la de la Iglesia— en que el hombre recrea la lucha eterna del bien y el mal; de la vida y de la muerte; de la belleza y la fealdad. Este domingo que pasó fui a una corrida en mi ciudad. Acabado el paseíllo estaba yo muy quitado de la pena viendo hacia los tendidos, cuando estalló la plaza en una ovación. Mi esposa me dijo apresuradamente que me pusiera en pie. “¿Por qué?”. “Mira”. Habían sacado el cartelón con el nombre del primer toro: “Catón”. Y mis paisanos saltilleros me aplaudían. Aturrullado me levanté y agradecí el aplauso. Al final sonó una sonora voz venida del tendido de sol: “¡Señor Catón! ¡Eso fue para el maestro, con cariño!”. Y hubo otro aplauso más. La verdad, yo debería estar perpetuamente rezando la oración llamada por el pueblo “la Magnífica”, que es una acción de gracias. Mis queridísimos paisanos han hecho de mí un profeta en su tierra, y yo se los agradezco siempre desde el fondo de mi asombrado corazón. Gozar de su afecto es uno de mis mayores gozos. Espero merecerlo. Luego dos jóvenes toreros me brindaron sendos toros: Arturo Macías, lidiador alegre y natural, dueño de temple y de valor; y José Mauricio, dominador, artista y gran estoqueador. De buena suerte fueron esos brindis, pues los dos diestros les cortaron las orejas a los toros que me hicieron el honor de brindarme. Son ya estas nuevas figuras dos ases en la baraja taurina mexicana. Les doy otra vez gracias; y gracias doy a mi tocayo y amigo de la juventud, Santana Armando Guadiana Tijerina, que no posee una sola locura, sino dos, pues además de ser ganadero es empresario, y está haciendo que en Saltillo renazca la fiesta. Sobre todo, gracias a los aficionados saltilleros, que son puro corazón: me dieron con su espontáneo y generoso aplauso uno de los más bellos instantes de mi vida...

En la noche nupcial ella se quitó la peluca, el maquillaje, los lentes de contacto de color y los postizos delanteros y traseros. Luego se acostó junto a su flamante maridito y le preguntó con voz mimosa: “¿Me quieres?”. “Supongo que sí —responde él desconcertado—. Pero no te reconozco”...

Otros recién casados llegaron al hotel donde pasarían su noche de bodas. Les dice el administrador: “Son mil pesos por cada uno”. Sin vacilar el novio puso 3 mil pesos sobre el mostrador... (No le entendí)...

FIN.