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domingo, 24 de febrero de 2013

Recuerdos y costumbres

De politica y cosas peores

Día muy especial es el domingo. Algunos cristianos lo utilizan para pedirle a Dios que les ayude a ya no cometer los pecados que cometieron el sábado y que volverán a cometer el lunes. Antiguamente el domingo era llamado “el día del Señor”. Todos lo respetaban, con excepción de los golfistas. Ese respeto llegaba en ocasiones al extremo. En los últimos años del siglo diecinueve se le ocurrió al dueño de una fuente de sodas en Estados Unidos —la ciudad no ha sido bien determinada— poner sobre una porción de nieve de vainilla un poco de crema, mermelada de fresa y nuez molida, y coronarlo todo con una cereza. A tal ricura le dio el nombre de “Sunday”. Después, por presión de los ministros religiosos, que opinaron que tal nombre era una falta de respeto al día consagrado a Dios, le cambió una letra a la palabra, y así nació el famoso “sundae”. Nadie, ni en Estados Unidos ni en el resto del mundo, hacía sundaes tan espléndidos como los que en Saltillo preparaba la querida familia Nakasima en la nevería de su nombre. Esa delicia es uno de los mejores recuerdos de mi infancia. Me gustaría ser niño otra vez, primero para volver a ver a mis papás, y luego para volver a disfrutar un sundae de la Nevería Nakasima. Todo esto viene a colación porque los domingos no se deben profanar hablando de política. Narraré entonces algunos cuentecillos de humor lene, y luego me quedaré en casita, pues si todos los coches del mundo se pusieran en fila, uno tras otro, eso sería el tráfico de un domingo por la tarde…

Afrodisio Pitongo, hombre proclive a la concupiscencia de la carne, llegó a su departamento después de medianoche. Ya en la cama se acercó a su esposa con intención erótica evidente. (El erotismo, dice Vargas Llosa, es el sexo desanimalizado). Le dijo la señora: “Hoy no. Me duele la cabeza”. “Qué raro —manifestó Afrodisio, pensativo—. Debe andar algún virus por aquí. Las vecinas del 12 y del 14 me acaban de decir exactamente lo mismo”…

A un argentino de Buenos Aires le aconsejó alguien: “Obedece siempre a tus superiores”. “¡Pero che pibe! —protestó el porteño—. ¿Dónde voy a encontrar uno?”…

Declaró Babalucas con tristeza: “Soy hijo póstumo”. Nací 10 años después de la muerte de papá”…

Doña Frigidia pidió en la farmacia una buena cantidad de vaselina. “La necesito para propósitos sexuales” —le informó al asombrado farmacéutico. “¿Para propósitos sexuales?” —repitió el hombre sin saber qué decir. “Sí —confirmó doña Frigidia—. Todas las noches unto con vaselina la perilla de la puerta de mi cuarto, y así mi marido no puede entrar a demandarme sexo”…

Don Languidio ordenó en la fonda un plato de menudo sonorense. Cuando se lo sirvieron hizo un movimiento brusco, y el plato entero le cayó en el regazo. “¡Qué bueno que te cayó ahí! —se alegró su esposa—. ¡Siempre he oído decir que el menudo de Sonora es capaz de resucitar a un muerto!”. (Evoquemos la cuarteta inicial del inmortal soneto que en homenaje de ese egregio condumio escribió don Francisco Bernal: 

“¡Oh menudo sabroso, te saludo / en esta alegre y refrescante aurora / en que reclamo alientos, pues es hora / en que tú estás cocido y yo estoy crudo!...”)…

El director del internado instruyó a los estudiantes de nuevo ingreso. Les dijo: “Se prohíbe a los alumnos varones entrar en el dormitorio de las chicas después de las 9 de la noche. El que sea sorprendido ahí después de esa hora será multado con 100 pesos la primera vez, 300 la segunda y 500 la tercera”. Se oyó la voz de un estudiante: “¿Cuánto por toda la temporada?”…

El padre Arsilio solía entrar rápidamente en la pequeña cantina del pueblo; pedía un tequila doble, se lo tomaba y luego se iba a su casa a comer. Cierto día llegó, como de costumbre, y se encontró con la novedad de que estaba ahí una mujer de amplísimos hemisferios posteriores. La guapa fémina pidió una cerveza, la bebió, pagó y se fue. Le preguntó el cantinero al padre Arsilio: “¿Qué le pareció esa muchachona, padre?”. “Ni siquiera la vi —declaró el amable sacerdote—. Jamás pongo mis ojos en cosas terrenales”. El tabernero, apenado, se disculpó, y luego le dijo: “¿Qué le voy a servir, señor cura?”. “Lo de siempre —respondió el padre Arsilio—. Un teculo doble”…

FIN.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Juniors de la política

De politica y cosas peores

En altas horas de la noche sonó el teléfono en el departamento de Meñico Maldotado, que dormía ya profundamente. Contestó él, sobresaltado, y escuchó la voz de una mujer. Quien llamaba era su amiga Pirulina, con quien Meñico había tenido algunos escarceos de carácter erótico-sensual. Le dijo la muchacha: “Perdona mi llamada inoportuna, Meñi, pero acabo de leer en Internet que la gripe aviar ataca primero a los pájaros pequeños, y quise decírtelo inmediatamente, para que te prevengas”…

Astatrasio Garrajarra, ebrio con su itinerario, fue con un doctor, pues sentía dolores y molestias en todo el cuerpo. Después de examinarlo le dice el facultativo: “No puedo dar con la causa de su malestar. Pienso que es por la bebida”. “Ya veo —replica el temulento—.

Volveré cuando esté usted sobrio”…

El empleado de la oficina, hombre maduro, con tupido bigote y gruesas gafas, tenía una entrevista con el jefe de personal. Le dice éste: “Lo que nos perturba un poco, señor Glafírez, no es que haya usted encontrado la religión, sino que venga al trabajo vestido de monja”…

La esposa de Ovonio Grandbolier, el hombre más perezoso del condado, le confió a una amiga: “Mi marido tiene un grave problema de columna: no la puede separar del sillón”…

Los juniors de la política superan ya, y por mucho, a los de la iniciativa privada. Antes eran los hijos de los banqueros, de los grandes empresarios, comerciantes e industriales, quienes se paseaban en automóviles de lujo, se exhibían con mujeres que todo lo exhibían y daban fiestas desmadrosas como las de La dolce vita, toda proporción guardada. Ahora los hijos de la política son esos patéticos especímenes, los juniors rastacueros que una y otra vez ofrecen el espectáculo de su altanería y su mentecatez.

El llamado Niño Verde, que no es tal niño, sino adolescente ya, un adolescente cuarentón, es claro ejemplo de eso. Sus excesos son resultado de una viciosa legislación electoral que permite la existencia de falsos partidos que son en verdad empresas lucrativas en manos de un individuo o una familia. Habría que hacer una reforma radical por la cual los partidos deban su registro a los votos que ganen en las urnas por sí mismos, y no a los que sumen por efecto de alguna alianza o coalición con los partidos grandes. Las leyes y las instituciones electorales han de servir para ayudar a México a salir del subdesarrollo político en que se halla, no para reflejarlo. (¡Bófonos!)…

El médico de la casa de ancianos respondía las preguntas de los huéspedes en la sesión semanal. Preguntó doña Pasita, dulce viejecita de 85 años: “Doctor: ¿a mi edad es posible quedar embarazada?”. “Claro que no” –sonrió el médico. Desde el fondo del salón se oyó la voz de don Pitorro, anciano de la misma edad: “¿Lo ve, Pasita? Le dije que no teníamos nada de qué preocuparnos”…

Llegó un individuo a la consulta del doctor Duerf, célebre psiquiatra.

El tipo traía un plátano metido en un oído, y un pepino en el otro. “¿Cómo ve, doctor?” –le pregunta al analista-. ¿Cuál cree que sea mi problema?”. Pensativo, con una mano en la barbilla, responde el doctor Duerf: “Se me hace que no está usted comiendo bien”…

Inquirió Babalucas en el súper: “¿Por qué está tan caro este yogurt?”. Le informó la encargada: “Son bacilos cultivados”. Replica Babaluas: “No me importa la educación que tengan”…

Don Chinguetas se sentó ante el televisor y le pidió a su hijo: “Tráeme una cheve, antes de que empiece”. Poco después le dijo: “Tráeme otra cerveza, que no tarda en empezar”. No pasaron muchos minutos, y le volvió a pedir: “Tráeme otra cheve, porque ya va a empezar”.

Doña Macalota, la esposa de don Chinguetas, estalló. Le gritó a su marido con destemplada voz: “¿Ése es el ejemplo que le das a tu hijo? ¿Te parece bien estar así, echadote, sin hacer nada, bebiendo cerveza tras cerveza, mirando esos programas que nada más a ti te gustan y que son puras idioteces?”. Suspira don Chinguetas y le dice a su hijo: “¿Lo ves? Ya empezó”…

El maestro les preguntó a los niños: “¿Cuál es el vegetal que hace llorar?”. Contestó sin vacilar Pepito: “El repollo”. “No —lo corrigió el mentor—. El vegetal que hace llorar es la cebolla, no el repollo”. “¿Que no? —insistió Pepito—. Que le den un repollazo en los éstos, a ver si no se le salen las lágrimas”…

FIN.

lunes, 18 de febrero de 2013

Meses de dura sequía

De politica y cosas peores

Don Fortunio, hombre con muy buena suerte, paseaba por un centro comercial, y observó a una atractiva mujer que buscaba algo en el suelo. El afortunado caballero vio en un rincón un objeto que brillaba, y lo recogió. Resultó ser un ojo de cristal. Se percató entonces de que a la dama le faltaba un ojo. Fue hacia ella, y mostrándole el de vidrio le preguntó: “¿Es suyo?”. “Sí —respondió ella—. Por favor, ayúdeme a ponerlo en su lugar”. El venturoso caballero, después de limpiar muy bien el ojo de cristal, se lo colocó cuidadosamente. Ella, agradecida, lo invitó a ir a su departamento, y ahí le hizo el amor. Al terminar el agradable trance don Fortunio le preguntó a la hermosa mujer: “¿Haces esto con todos los hombres?”. “No —respondió ella—. Nada más con los que me llenan el ojo”…

La pequeña Rosilita le dijo a su mamá: “Mami: ¿verdad que todos los cuentos empiezan: ‘Había una vez…’?”. “No todos, hijita —la corrigió la señora al tiempo que le dirigía una fiera mirada a su marido—. Hay otros que empiezan: ‘Tuve mucho trabajo en la oficina; por eso llegué tan tarde anoche’”…

Alguien le preguntó a Babalucas: “¿Sabes patinar en hielo?”. Respondió el badulaque: “Ignoro si sé patinar o no. Jamás he podido mantenerme en pie el tiempo suficiente para averiguarlo”…

Llegó el día. Los días siempre llegan; los de la vida y el otro. “Pues si vemos lo presente / cómo en un punto se es ido / y acabado,  / si juzgamos sabiamente / daremos lo no venido / por pasado”. Así trovó Manrique en las dolidas Coplas que le inspiró la muerte de su padre. Coplas de pie quebrado se llaman esos versos en que la métrica y la rima imitan el toque de difuntos de las campanas eclesiales. Pues bien: parece que fue mañana cuando anuncié que sacaría aquí la deplorable historietilla conocida como “Filatelia”, inane nombre que oculta la desaforada badomía del relato. Y he aquí que el día llegó ya. Lean mis cuatro lectores ese cuento al final de esta columnejilla. Moralistas, y cualquier otra especie de gaznápiros, absténganse…

“Van meses y meses de dura sequía…”. Así comienza un bello poema de Otilio González, poeta saltillense de fina sensibilidad que por un trágico azar cayó asesinado en Huitzilac en una de aquellas primitivas matanzas de quítate tú para ponerme yo a las que la historia oficial llama “luchas revolucionarias”. En diversas partes del país se ha abatido una tremenda sequía que ha causado ya graves daños a la agricultura y a la ganadería. En Coahuila, mi estado, hay regiones donde hace más de un año que no cae una gota de lluvia. Los viejos campesinos del sur de la entidad me dicen que desde hace 60 años no han visto una sequía igual. Yo voy por los caminos —soy homo viator, como los peregrinos medievales—, y miro por todos lados esos siniestros remolinos de polvo que se alzan de la tierra y pintan de gris el inexorable azul de un cielo cruel sin nubes. Los antiguos pobladores de estos lares creían que en esas tolvaneras se mostraba el diablo, a quien llamaban Cachiripa, y trataban de conjurarlo con angustiados exorcismos: “¡Cruz, cruz, que se vaya el diablo y venga Jesús!”. La lluvia es Dios hecho agua, digo yo, pero no viene. Tan mal hemos tratado al mundo los humanos que a lo mejor perdió ya lo divino. Quién sabe. Lo que sí sé es que hace mucho tiempo no ha llovido en muchas partes de México, y que el campo, y quienes en él viven, necesitan la ayuda del Gobierno. Que no tarden en llegar esos apoyos. Que no haya sequía también en los funcionarios…

He aquí, por fin, el anunciado cuento: “Filatelia”. Las personas con tiquismiquis de pudicia deben interrumpir en este punto la lectura…

La Dirección  de Correos había emitido una serie de timbres postales con la reproducción de cuadros famosos del Museo del Prado. El subjefe de la oficina le dijo al director: “Señor: me temo que vamos a tener que retirar de la circulación el timbre con la Maja Desnuda, de Goya”. “¿Por qué? —se inquietó el funcionario—. ¿Ha habido protestas de algún grupo religioso o moralizador?”. “No —responde el otro—. Pero los hombres lamen siempre la estampilla por el lado equivocado”… ¡Qué barbaridad! Hacían lo que pensó hacer aquel sujeto que vio a una mujer espectacular y le dijo a un amigo: “Con ésa yo empezaría a besar desde la pata”. El otro lo corrigió: “Querrás decir desde el pie”. “No —insistió el tipo—. Desde la pata… de la cama”. (Caón, creo que estuvo más pelado el comentario que el chiste. Mejor paso a retirarme)…



FIN.

miércoles, 6 de febrero de 2013

‘A un panal de rica miel…’

De politica y cosas peores
 
Viagra y suplemento vitamínico de hierro. Don Chinguetas, señor de edad madura, cometió el error de tomar esas dos sustancias al mismo tiempo, y ahora anda con la ésta apuntando continuamente hacia el Norte…
 
El padre de Pepito quiso darle a su desfachatado crío una lección moral. Le dijo: “George Washington, siendo niño, cortó con un hacha un árbol de cerezo que había plantado su papá, y de inmediato confesó su falta. ¿Sabes, entonces, por qué no lo castigó su padre?”. “Sí —responde el chiquillo sin dudar—.

Porque todavía tenía el hacha en la mano”…
 
Don Añilio, el señor que discretamente cortejaba a Himenia Camafría, madura señorita soltera, le preguntó una tarde, mientras los dos bebían en la casa de ella un té de yerbadulce u orozuz con galletas Marías (la señorita Himenia las llamaba “pastas”): “Si alguna vez usted y yo nos casáramos, amiga mía, ¿qué fecha del calendario le gustaría para llevar a cabo nuestros desposorios?”. Contestó de inmediato la señorita Himenia: “El 21 de diciembre”. “¿Por qué?” –inquirió el senescente caballero. Explicó la señorita Camafría: “Porque es la noche más larga del año”…
 
“A un panal de rica miel dos mil moscas acudieron…”. ¿Saben mis cuatro lectores cuántas notificaciones para el registro de nuevos partidos se presentaron ante el Instituto Federal Electoral? ¡Cincuenta! Risum teneatis, amici? ¿Podéis contener la risa, amigos? Ese crecido número se explica si se consideran las jugosas prerrogativas que ofrece a los concesionarios del poder político una legislación electoral hecha por los partidos para los partidos.

Quien logra el registro de unas siglas partidistas se convierte automáticamente en millonario. No necesita haber trabajado un solo día, y ya no tendrá que trabajar el resto de su vida. De ahí el marcado interés que muchos muestran en la política. Por lo menos en 48 de esos 50 casos no se trata de civismo: se trata de pancismo. Lo dicho: “A un panal de rica miel dos mil moscas acudieron…”. Y ya no digo más, porque estoy muy encaboronado…
 
El galán con quien esa noche salió la pizpireta Pirulina se sorprendió al ver que la muchacha llevaba un cinto en los tobillos. “¿Por qué lo traes ahí?” –le preguntó asombrado. Explica ella con una sonrisa: “Es que mi mami me hizo prometerle que no dejaría que me tocaras más abajo del cinto”…
 
Un lugareño fue a la oficina de Correos de su pueblo y preguntó por el código postal de Kote, Florida.

El encargado buscó en vano ese nombre en los registros y el mapa de ese estado. Después de mucho batallar cayó en la cuenta de que la ciudad a que se refería el individuo era Tampa. (No le entendí)…
 
Un cazador iba por lo más espeso de la jungla africana, ahí donde la mano del hombre no ha puesto nunca el pie. En eso le salieron al paso dos feroces leones de melena negra. El cazador alzó su rifle y accionó el gatillo. ¡Horror, el arma estaba encasquillada, y no disparó! El hombre, entonces, echó a correr a toda su velocidad. Le dice uno de los leones al otro: “Permíteme un momentito, por favor. Nunca puedo resistir la comida rápida”…
 
Aquella muchacha tenía unas piernas cipresinas, largas y finas como las de Cyd Charisse, la actriz y bailarina a la que Cabrera Infante llamaba “la Cyd Campeadora”. Las golosas miradas masculinas iban siempre hacia las bien torneadas piernas de la chica. Y comentaba ella, perpleja: “No sé por qué los hombres nos miran tanto las piernas a las mujeres, si luego es lo primero que hacen a un lado”…
 
Una jirafa entró en un bar, se sentó en uno de los banquillos de la barra y pidió un tequila doble.

El cantinero y los parroquianos se le quedaron viendo, estupefactos. “¿Por qué me miran así? —preguntó desconcertada la jirafa—. Ya cumplí los 21 años”…
 
Babalucas fue a cobrar un cheque. Le pide la cajera: “¿Tiene usted alguna identificación?”. “Sí —contesta el badulaque—. Un lunar en la nalga izquierda”…
 
Don Astasio entró en la recámara y sorprendió a su esposa en los brazos de un desconocido.

Antes de que el mitrado marido pudiera pronunciar palabra le dijo la señora con tono de reproche: “Tú tienes la culpa. Me dejas sola demasiado tiempo”. Replica don Astasio, gemebundo: “¡Pero si sólo fui a la cocina a traer un vaso de agua!”…
 
FIN.

viernes, 1 de febrero de 2013

¡No manches!

De politica y cosas peores

El odontólogo estaba en trance de fornicio con una lindísima paciente, y en ese momento irrumpió en el consultorio su mujer. Al día siguiente el periódico local publicó la noticia: “Dentista sorprendido por su esposa cuando llenaba la cavidad equivocada”…

Al terminar la comida don Chinguetas encendió un cigarrillo y le dio una ávida fumada. “¡Primero de febrero al fin! —dijo muy contento—. ¡Creo que mi propósito de Año Nuevo ya duró lo suficiente!”…

Babalucas se dispuso a gozar los deliquios de amor con Pirulina. Ella le musitó al oído: “¿No vas a usar alguna protección?”. Fue el badulaque y se puso su casco de futbol americano…

Capronio, sujeto ruin y desconsiderado, le dijo a su mujer: “Creo que nunca podré olvidar el día en que te conocí”. “¡Ay!” –se emocionó ella, conmovida. “Pero seguiré intentándolo” –remató el canalla…

Tres excursionistas se vieron precisados a pernoctar en una cabaña que tenía una sola cama. Al día siguiente dos de ellos amanecieron con sus partes de varón adoloridas. El que había dormido en medio les comentó: “Tuve un extraño sueño. Toda la noche soñé que estaba esquiando”…

“No manches”, dicen los muchachos. Y no lo dicen por mala educación, sino por buena: la frase es eufemismo para disimular otra expresión más ruda: “No mames”. Tampoco ésta dicción es en verdad tan fuerte: la palabra “mamón” designa a aquel que aún está mamando la leche materna. Al pedirle a alguien que no mame se le está exhortando a no ser tan bobalicón o simple como un crío en lactancia todavía. Sucede, sin embargo, que esas palabras son equívocas, por su connotación sexual, y entonces se disfrazan recurriendo al circunloquio supradicho: “No manches”. Lo usó con tino López Obrador al referirse al dictamen de la Comisión Fiscalizadora del Instituto Federal Electoral según el cual AMLO fue el único candidato a la Presidencia que se excedió en sus gastos de campaña. Tal dictamen se antojó tan dudoso, extravagante, inverosímil, disparatado, absurdo, exótico, increíble, improbable y peregrino (no necesariamente en ese orden) que dio lugar no sólo a desatadas críticas, sino también a gran copia de chocarrerías, entre ellas la de López Obrador: “No manchen”. Quizá por eso el IFE reculó. Eso se oye muy feo. Diré mejor: ció. Eso nadie lo entenderá, ni yo. Diré más bien: se patraseó. Eso parece vulgarismo. Diré entonces: dio marcha atrás, retrocedió. Acordaron los consejeros, en efecto —y acordaron bien—, postergar una semana el debate sobre la eventual multa al Movimiento Progresista. Esperemos que tal aplazamiento favorezca los criterios de legalidad, equidad e imparcialidad que deben presidir las decisiones de ese Instituto tan cuestionado y puesto en solfa últimamente…

Sonó el timbre de la puerta, y la señora de la casa abrió. Quien llamaba era un compadre de su esposo. “Mi marido no está” –le informó al hombre. “Ya lo sé, comadrita —dijo el tipo—. Precisamente esperé a que se marchara. Es con usted con la que quiero hablar”. Ella, extrañada pero curiosa, lo invitó a pasar. En la sala le dijo el visitante, sin preámbulos: “Comadre: usted me gusta mucho. Le ofrezco 10 mil dólares si me deja gozar de sus encantos”. “¡Compadre! —exclamó ella—. ¡Es usted un grosero, un insolente, un atrevido! Los 10 mil dólares ¿serían en efectivo o en cheque?”. “Como usted quiera, comadrita —replicó el oferente— Se los puedo dar también en pagarés, letras de cambio, IOUs, cheques de viajero, títulos de la renta pública, acciones quirografarias o Bonos del Ahorro Nacional”. La mujer empezó a aducir la fe que a su marido había jurado al desposarlo; su virtud y decencia de casada; su nunca mancillado honor, pero mientras así moralizaba iba pensando en todo lo que podría comprarse con aquella cantidad. Suspiró entonces y dijo: “Que sea en efectivo, compadre, si me hace usted favor”. Fueron a la alcoba, pues, y ahí empezó a tener efecto aquella irregular concertación. El compadre, mientras se refocilaba cumplidamente, decía una y otra vez: “¡Dios mío! ¡Dios mío!”. Eso llamó mucho la atención de la señora, pues su marido lo único que solía decir en tales ocasiones era: “¡Mpf! ¡Mpf!”. Le preguntó al ilícito amador: “¿Por qué invoca usted, compadre, al Supremo Hacedor?”. Sin responder a la pregunta repitió el sujeto: “¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿De dónde voy a sacar los 10 mil dólares?”…

FIN.

martes, 29 de enero de 2013

Alerta roja

De politica y cosas peores

Alerta roja. La expresión tiene tono dramático. Da idea de peligro y de urgencia para hacerle frente. Incita a estar con los ojos abiertos, en actitud de centinela vigilante que se dispone en cualquier momento a actuar. ¿Qué viene el enemigo? ¡Alerta roja! ¿Que la cortina de la gran presa está a punto de ceder? ¡Alerta roja! ¿Que en una fiesta doña Gargariola anuncia que va a cantar el Ciribiribín acompañándose ella misma con el acordeón? ¡Alerta roja! Hay casos, sin embargo, en que no se justifica esa alerta de color subido. Por ejemplo, el señor Zambrano ha puesto a su partido, el PRD, en alerta roja para impedir que haya inversión privada en el sector energético, y para defender la integridad de esa exitosa empresa que es Pemex, paradigma mundial de transparencia, modernidad, eficiencia y productividad.

Colocados así, en roja alerta, los señores perredistas se opondrán a que en Pemex se cambie incluso un foco, pues eso atentaría contra Los Ideales de la Revolución y contra La Idiosincrasia Nacional. Hay un dato, empero, que al parecer el PRD ha omitido inscribir en sus registros: el año 2013 no es el mismo que el año 1938. Muchas cosas han cambiado desde la nacionalización del petróleo, y en este mundo de hoy, globalizado, conceptos como el de nacionalismo van desapareciendo para ceder el sitio a otras visiones que evitan, so riesgo de estancarse, que los países se aferren a criterios insulares y de autosuficiencia que ya no se pueden mantener. Urge una reforma energética que modernice a Pemex y lo saque del atraso en que se encuentra en relación con otras empresas similares. Favorecer la inversión privada no es entregar el petróleo a manos extranjeras; es propiciar que ese recurso sea mejor aprovechado en bien de México y de los mexicanos. Encendamos una alerta roja, sí, pero contra los dogmatismos anacrónicos que tienen al país sumido en la inmovilidad… Un momentito, por favor. Voy a ponerme en pie y a caminar algunos pasos para mostrar que yo no estoy sumido en la inmovilidad. Gracias. Con ese mismo propósito teclearé ahora algunos chascarrillos. Favor de no encender la alerta roja…

Dulcilí les dijo a sus papás: “Mañana presentaré el examen de educación sexual. Será oral”. “¡Si es oral no lo presentes!” –se alarmó la mamá de Dulcilí…

Cuando tienes un año de edad lo importante es estar vivo. Cuando tienes 10 años lo importante es ir bien en la escuela. Cuando tienes 20 años lo importante es ejercitar el sexo. Cuando tienes 30 años lo importante es haber hallado un buen trabajo. Cuando tienes 40 años lo importante es mantenerte en forma. Cuando tienes 50 años lo importante es cenar huevos con chorizo y que no te hagan daño. Cuando tienes 60 años lo importante es poder ponerte en aptitud de ejercitar el sexo. Cuando tienes 70 años lo importante es contar con un buen médico. Cuando tienes 80 años lo importante es recordar las cosas. Cuando tienes 90 años lo importante es poder moverte. Y cuando tienes 100 años lo importante es estar vivo…

Alguien le preguntó a Babalucas: “¿Qué opina usted de la destitución del alcalde Moreno?”. Replicó el badulaque muy solemne: “En política no debe contar el tono de la piel”…

Un señor le dijo a otro: “Mi automóvil tiene un dispositivo que en voz alta me dice cómo debo manejar. Me indica si voy conduciendo muy aprisa, o mal; me avisa que adelante va un ciclista; me señala todo lo que hay en el camino: un poste, un bache, otro vehículo al que me acerqué demasiado; me reprocha si me pasé un semáforo en ámbar. Incluso me dice si voy bien peinado o no, o que la corbata no me combina bien”. El otro se asombró: “¿Todo eso te indica ese dispositivo?”. “Sí —confirma el señor—. Claro, solamente funciona cuando en el automóvil va mi esposa”…

El doctor Ken Hosanna, célebre facultativo, le informó con mucha pena al recién operado: “Lo confundimos con otro paciente, señor Lacerio, y en vez de sacarle el apéndice le hicimos una operación de cambio de sexo”. “¡San Cosme y San Damián! —exclamó el pobre señor invocando a los santos patrones de la Medicina—. ¿Quiere eso decir que ya no tengo atributo varonil?”. “En efecto —confirmó el galeno—. Ésa es la mala noticia. La buena es que en el futuro podrá tener todos los que quiera”…

FIN.

martes, 22 de enero de 2013

Una ‘cruzada’ de lo mismo

De politica y cosas peores

Libidiano, hombre proclive a la concupiscencia de la carne, cortejó a una señora en el coche comedor del tren. Ella le advirtió: “Soy casada”. “Yo también” –respondió el labioso seductor. Tres martinis fueron suficientes para que la respetable dama olvidara su estado civil y acompañara a Libidiano a su cabina. En ella estaban, entregados a los prolegómenos de la refocilación, cuando acertó a entrar el inspector que recogía los boletos. Se azaró al ver a la pareja en aquella urente situación. “Está bien —lo tranquilizó Libidiano—.

Somos casados”… Declaró don Algón lleno de suficiencia: “Me gusta ser amable con mis inferiores”. Le preguntó su esposa: “¿Y dónde los encuentras?”…

La mamá de la novia les hizo un regalo a los recién casados: un juego de toallas marcadas “Ella” y “Eso”…

Decía un señor: “Mi esposa y yo discutimos todos los días por cuestiones de religión. Ella adora el dinero, y yo no se lo puedo dar”…

Le informó el detective a doña Otelia: “Seguí a su esposo ayer. Fue a un bar, y luego a un motel de paso”. “¡Me lo sospechaba! —bufó ella—. ¿Y por qué andaba el canalla en esos lugares?”. Responde el investigador privado: “La estaba siguiendo a usted”…

El experto en equipos de sonido se hizo de una nueva amiguita. Le advirtió ella: “De una vez te lo digo: no me gusta la alta fidelidad; practico más bien la alta frecuencia”…

Angustiado, Babalucas llamó por teléfono al hospital: “¡Manden una ambulancia! ¡Mi esposa está a punto de dar a luz!”. Quiso saber la persona encargada: “¿Es su primer hijo?”. “¡No! —se desespera Babalucas—. ¡Soy su esposo!”…

El galán le preguntó a la chica en el lobby bar del hotel: “¿Cuál es tu pasatiempo favorito?”. Respondió ella con una sonrisa: “Follar”. Aclaró él: “No me refiero a tu profesión”…

Lo primero: no me gusta el nombre. Dirán algunos que ese disgusto es prurito de necedad, meras ganas de joder; pero llamar “cruzada” a un programa de gobierno, aparte de lo grandilocuente del vocablo, hace que quien escuche el nombre evoque, aun en modo subliminal, conceptos que nada tienen que ver con lo civil. La palabra “cruzada”, obvio es decirlo, proviene de la palabra “cruz”. Da idea entonces de apostolado; de poderosos que acuden en auxilio de los débiles. Paternalismo otra vez; otra vez dádiva. Reconozco que en situaciones de emergencia, de extrema necesidad, esa ayuda, llámese o no cruzada, es indispensable. Hay veces en que se debe dar el pez porque no hay tiempo para enseñar a pescarlo. Ciertamente en muchas partes del país millones de mexicanos viven ahora en esa condición, y requieren apoyo inmediato a través de programas como Oportunidades y otros.

Pero la anunciada Cruzada Nacional contra el Hambre y la Pobreza parece ser más de lo mismo; repetición de acciones que desde hace muchos años se han llevado a cabo con diversos nombres, quizá menos sonoros que el de “cruzada”, pero con iguales contenidos y con absoluta ineficacia a fin de cuentas. El mejor medio de combatir la pobreza y su obligada derivación, el hambre, es el trabajo. Industrializar el sur y las demás regiones agobiadas por la necesidad sería el medio más apto para quitar de ellas el atraso en que sus habitantes viven. Para eso, sin embargo, es forzoso romper con algunos usos y costumbres que los demagogos quieren a toda costa preservar, aunque esas costumbres y esos usos propicien el alcoholismo, el ocio, el maltrato a las mujeres, el caciquismo autoritario y otros vicios y lacras que resultan de la marginación y el aislamiento. Liberar los recursos humanos y aprovechar en forma racional los naturales; abrirse a la modernidad; permitir que a esas regiones llegue la inversión nacional y extranjera; todo eso traería consigo la creación de fuentes de empleo, y eso a su vez liberaría a la población de sus ancestrales ataduras, y contribuiría a eliminar las desigualdades entre el México moderno, que mira hacia el futuro, y ese otro México propiedad de unos cuantos que mantienen a muchos mexicanos fuera de la corriente de la historia, apartados de los tiempos nuevos y de la realidad. Pero suspendo aquí mi comentario porque advierto que estoy muy encaboronado.

Mírenme: el rostro se me ha puesto color rojo; tengo la frente perlada de sudor; me laten las sienes, y el pulso se me ha acelerado. Voy a tomarme la presión, y luego iré a recostarme en una otomana que tengo. Se llama Daixa, y es originaria de Estambul. Con su permiso…

FIN.

lunes, 21 de enero de 2013

Lincoln, Spielberg y la política

Presente lo tengo Yo
Doña Jodoncia y don Martiriano iban a cumplir 25 años de casados. La fiera señora le comunicó a su abnegado esposo: “El día del aniversario vamos a renovar nuestros votos matrimoniales”. Con voz llena de esperanza preguntó don Martiriano: “¿Qué ya caducaron?”…
Aquel minero del carbón trabajaba en el turno de la noche. Llegó a su casa una mañana, y se desvistió para bañarse. Su esposa lo vio y le dijo incontinenti: “Me estás engañando”. “¿Por qué piensas eso?” –se aturrulló el minero. Le explicó la mujer: “Vienes, como siempre, con todo el cuerpo cubierto de polvo de carbón; pero traes la ésta limpiecita”…
Babalucas trabajaba de mesero en “The Nearsighted Lynx”, un elegante restorán de moda. Entró una pareja de casados, y el señor, cuya esposa era una conocida escritora, pidió una botella de champán. “¿Celebran algo?” –les preguntó, obsequioso, Babalucas. “Sí —respondió feliz y orgulloso el marido—. Mi esposa acaba de terminar un libro que le tomó dos años”. “No manche usted, caballero —se asombró el badulaque—. ¿Tan despacito lee la señora?”…
Pipo Lanarts, el crítico de arte adscrito a esta columneja, vio la película “Lincoln”, y no le gustó mucho. Reconozco, desde luego, que a los críticos no se les debe hacer demasiado caso. Dijo bien aquel autor que dijo: “Critics? I’m not interested in what eunuchs say about sex”. “¿Los críticos? No me interesa lo que los eunucos puedan decir sobre el sexo”. A Pipo el film de Steven Spielberg sobre Lincoln le pareció plano, y aun enredado y aburrido a veces. La figura del gran emancipador luce más, y con mayor intensidad y dramatismo, en una vieja película hecha por D. W. Griffith, con Walter Huston, el año 30 del pasado siglo, lo mismo que en la excelente versión de Raymond Massey, diez años después. Se nota que Spielberg filmó esta película con el Oscar en mente. Pipo espera que se lo lleve, siquiera sea para compensar al gran director por el despojo que sufrió cuando su inmortal creación “E.T” perdió la estatuilla ante ese largo y soporífero bodrio que es “Gandhi”, en el 82. Con todo, vale la pena ver “Lincoln” por las extraordinarias actuaciones de Daniel Day-Lewis, Sally Field y Tommy Lee Jones, al igual que las de David Strathairn, James Spader y Hal Holbrook. Dos cosas aprendió Pipo luego de asistir al estreno de ese film. La primera, que Lincoln era un apóstol, sí, pero un apóstol muy político. La emancipación de los negros no fue cosa de pura humanidad: al quitarles a los sureños los esclavos, una propiedad susceptible de ser tasada en dinero, y absolutamente necesaria para la producción, el Presidente estaba rompiendo la columna vertebral de la economía del Sur, y acelerando así su derrota en la guerra. La otra cosa que en “Lincoln” aprendió Pipo Lanarts es que los diputados y senadores son especímenes de la misma clase en todo tiempo y lugar. Basta escuchar los insultos —sacados de las actas de las sesiones— que los congresistas de la época de Lincoln se dirigían unos a otros, para aprender que lo que vemos en nuestras Cámaras no es nada nuevo. La política —o sea la lucha por el poder— es sucia por naturaleza, y en mayor o menor medida, pone sus impurezas en quienes la practican, así sean Gandhi o Lincoln. Decir eso no es cinismo: es realismo. Y es también aprender a mirar lo malo que en el campo de la política hay en los buenos, y lo bueno que en los malos puede haber. Tal es entiendo, mi trabajo de columnista y de escritor de libros sobre historia: encontrar lo que de ángel tienen los demonios, y hacer ver lo que de demonio hay en los ángeles. (¡Caón, qué finalazo!)…
Don Cornulio salió de su casa a las 8 de la mañana del sábado, igual que hacía siempre, para jugar sus acostumbrados 18 hoyos de golf. Al salir, sin embargo, se encontró con la novedad de que hacía un tiempo de perros: nevaba copiosamente, soplaba un aire gélido, y la temperatura era de bajo cero. Así pues volvió a su recámara, se desvistió sin ruido y se metió en la cama y se acurrucó junto a su esposa. Le dijo en voz baja: “Hace un frío de los mil demonios”. “Lo imagino —respondió la señora—. ¿Y creerás que con este tiempo el indejo de mi marido se fue a jugar golf?”…
FIN.

domingo, 20 de enero de 2013

Casos y cosas naturales

De politica y cosas peores
 
La noche de bodas iba a comenzar. De repente la anhelosa novia estornudó. Su maridito le dijo: “¡Salud!”. “Oye —se molestó ella—, ¿venimos a platicar o a hacer lo otro?”…
 
En Estados Unidos los investigadores hablan de una enfermedad que paraliza a muchas mujeres de la cintura para abajo. Se llama “matrimonio”…
 
Meñico Maldotado, infeliz joven a quien la naturaleza regateó sus dones en la parte varonil, fue con Pirulina, damisela con mucha ciencia de la vida, a un discreto motelito. Maldotado se mostró al natural ante su sabidora compañera. Ella le vio la correspondiente parte y luego dijo: “¡Mira qué linda! ¿Qué quiere ser cuando crezca?”…
 
Casha Lotta, actriz de teatro entrada en años, estaba algo pasada de peso, por no decir que era muy gorda. A pesar de su edad y sus arrobas seguía haciendo papeles de dama joven, entre ellos el de Margarita Gautier, la pálida heroína de Dumas. En cierta ocasión la compañía donde actuaba Casha representó “La dama de las camelias” en un villorrio del norte. Llegó la escena en que el enamorado Armando Duval, llamado con urgencia por su padre, debía ir a su pueblo. Le dice con desolado acento a Margarita: “¿Cómo puedo llevarte conmigo, amada mía?”. Se escuchó el grito de un pelado: “¡En dos viajes, cuñao!”…
 
El pirata Hook —ese que en el brazo derecho lleva un gancho en vez de mano— se hallaba en una playa de moda tomando el sol con su mujer. Frente a ellos pasó una estupenda rubia cubierta sólo por brevísimo bikini, y en cuyo cuerpo escultural se veía profusión de esparadrapos, vendoletas y curitas. La fiera esposa de Hook clavó en él una mirada inquisitiva. Y balbuce, temeroso, el pirata del gancho: “¡Te juro que ni siquiera la conozco!”…
 
Doña Macalota tomaba lecciones de canto. Iba a ofrecer su primer recital, y para eso ensayó algunas canciones , entre ellas “Ciribiribin”, “After the ball”, y aquella que dice: “Alas tener quisiera, / como las mariposas, / y volar de flor en flor, / embriagándome de amor…”. Había un problema, sin embargo: tan pronto ella empezaba sus gorjeos —especialmente en “Ciribiribin”— el perro de la casa rompía a aullar desgarradoramente. Don Chinguetas, el marido de doña Macalota, le dijo con impaciencia a su mujer: “¿Qué no sabes algunas canciones que el perro no se sepa?”…
 
La parejita llegó a registrarse en el hotel. El encargado le preguntó al muchacho: “¿Cuál va a ser su forma de pago?”. “Ninguna —responde él—. Estamos casados”…
 
Solicia Sinpitier, madura señorita soltera, vio en el escaparate de la tienda un letrero que decía: “¡Hoy! ¡Gran venta de empleados!”. Entró apresuradamente y le dijo con ansiedad a la chica que la atendió: “¡Quiero aquel morenito de bigote!”…
 
La esposa de Babalucas se sorprendió al verlo vistiendo una capa de Superman y otra de Batman, y con un bote de pintura y una brocha. Le explica el tonto roque: “Las instrucciones dicen que con dos capas se obtienen mejores resultados”…
 
Pocos días después de Navidad los papás de Pepito lo llevaron a la iglesia. El chiquillo vio una imagen del Cristo de la Misericordia y preguntó: “¿Quién es?”. Le respondió su papi: “Es Jesús”. “¡No manches! —replicó Pepito—. ¿Tan rápido creció?”…
 
Un mono de nieve le dijo a otro: “¿No percibes un olor así como a zanahoria?”…
 
Uglicia, mujer poco agraciada, viajaba en tren, y le tocó dormir en la litera de arriba. En la de abajo iba un hombre que roncaba sonoramente, tanto que Uglicia no podía conciliar el sueño. Desesperada, le habló al hombre para despertarlo: “Señor… Señor…”. “Ni lo pienses —le dijo el incivil sujeto—. Te vi cuando subimos al tren”…
 
Una ratoncita iba con su ratoncito, y vieron venir un gato blanco. “Vámonos —le dijo con prontitud la ratoncita al ratoncito—. También éstos son de mala suerte”…
 
La esposa de Avaricio Cenaoscuras, hombre ruin y cicatero, logró hacerse de un billete de 500 pesos. Temerosa de que su marido se lo encontrara tuvo la ocurrencia de ponerse el billete en la entrepierna. Le aconteció un accidente desgraciado, sin embargo: ya no se lo pudo sacar de ahí. Llena de alarma le contó a su marido lo que le había pasado, y le pidió que la llevara a una clínica. Al día siguiente Cenaoscuras fue a preguntar por su mujer. La enfermera encargada le preguntó a su vez: “¿Su esposa es la señora a la que se le fue por ahí un billete de 500 pesos?”. “Así es” —respondió don Avaricio. Le informa la enfermera: “No ha tenido ningún cambio”…
 
FIN.

viernes, 18 de enero de 2013

Declaraciones de bienes

De politica y cosas peores
 
Silly Kohn, vedette de moda, suele hacer una curiosa distinción entre un telón de teatro y el atributo varonil. Dice: “El telón nunca se baja sino hasta que el acto termina”. (No le entendí)…
 
Himenia Camafría, madura señorita soltera, llamó a por teléfono a la estación de bomberos. “Vivo en un tercer piso—dijo—, y un individuo está tratando de trepar por la pared para entrar por mi ventana”. Le indica el que contestó: “Se equivocó usted de número. Aquí es la estación de bomberos, no la de policía”. Replica la señorita Himenia: “¿Qué no son ustedes los que tienen esas escaleras largas?”…
 
Se casó el hijo de don Frustracio, el esposo de doña Frigidia. Unas semanas después el señor le preguntó al muchacho cómo le estaba yendo en el renglón de la intimidad matrimonial. “No muy bien —respondió con mohína el recién matrimoniado—. A ella no le gusta el sexo; parece monja”. “Ni me digas nada, hijo —suspiró don Frustracio—. Yo estoy casado con la Madre Superiora”…
 
He aquí una pregunta: ¿Cómo se puede dejar caer un huevo sobre un piso de concreto sin romperlo? Y he aquí la respuesta: En cualquier forma. Es imposible que un huevo pueda romper un piso de concreto. En relación con eso evoco los caballos de lechero de mi lejana infancia, tan cercana. A fuerza de recorrer cada día la misma ruta aquellos mansos y cansinos jamelgos se la aprendían de memoria, y la seguían sin que su dueño tuviera que guiarlos. Ya podía el cochero dormirse en su pescante. El caballo seguía a paso lento; llegaba a donde debía llegar y se detenía donde debía detenerse. Así es la mente humana, pienso yo: como caballo de lechero. La rutina hace que siga siempre el camino conocido; muy raras veces buscará un atajo o ruta alternativa. Por eso ante la pregunta: ¿cómo se puede dejar caer un huevo sobre un piso de concreto sin romperlo?, pensamos en el huevo, no en el piso. Y es que esa pregunta contiene una pequeña trampa anfibológica por la cual se le puede interpretar en dos sentidos. Igual sucede con la famosa declaración de bienes que hacen los funcionarios públicos. La verdad monda y lironda es que la tal declaración no sirve para nada. Es agua de borrajas, pura anfibología, ambigüedad. Cada caduno —así dice la gente del Potrero— puede tener muchos bienes y no figurar como dueño de ninguno en los registros públicos. Basta inscribir esas propiedades a nombre del cónyuge, los hijos, algún pariente o amigo de confianza, o una persona moral, cualquiera de las muchas sociedades que para tal efecto pueden ser de utilidad. Merced a esa simulación un opulento Creso puede pasar como pobre de solemnidad. No hagamos mucho caso, pues, de esas declaraciones de bienes. Mejor: no hagamos ningún caso de ellas. No todo lo que reluce es oro, ciertamente, pero el oro muchas veces no reluce. (¡Caón, qué finalazo!)…
 
En la cama el granjero puso la mano en el opimo busto de su esposa y le dijo: “¿Sabes qué? Si éstas dieran leche podríamos prescindir de las vacas”. La mujer puso la mano en otra parte de su burlón marido. “¿Y sabes qué? —le dijo—. Si esto funcionara podríamos prescindir de los vaqueros”…
 
Un individuo llegó corriendo a la farmacia y le reclamó al encargado: “¡Mi suegra acaba de morir! ¡Vino a surtir su receta, y en vez de darle usted quinina le dio estricnina!”. “Ah, —dice con toda calma el farmacéutico—. Entonces son 500 pesos más”…
 
Babalucas se inscribió en un taller de literatura. Le contó a su amigo: “Estamos leyendo una obra de Shakespeare”. “¿Cuál?” –preguntó el amigo. Respondió el badulaque: “William”…
 
Le dijo un individuo al siquiatra: “En mis sueños veo a cinco hermosas mujeres: una de pelo negro, una rubia, una pelirroja, un trigueña y la última pelona, pero no importa porque también está muy buena. Las cinco vienen hacia mí ofreciéndome lascivamente sus desnudos cuerpos. Yo las rechazo con las manos, pero ellas siguen viniendo cada noche. ¡Ayúdeme, doctor!”. Inquiere, desconcertado, el facultativo: “¿Cómo puedo ayudarlo?”. Responde con desesperación el tipo: “¡Haga que en mis sueños tenga yo las manos amarradas!”…
 
Don Inepcio estaba tomando lecciones de golf, y llegó muy molesto a su casa. “¿Por qué vienes así?” –le preguntó su esposa. Contesta el hombre: “Les pegué a dos bolas”. “¿Y por qué te enojas? —le dice la señora—. Ayer no le pudiste pegar a ninguna”. “Sí —replica don Inpecio—. Pero a éstas les pegué porque pisé un rastrillo de jardinero”…
 
FIN.

domingo, 13 de enero de 2013

Poca suerte

De Política y Cosas Peores

¿Por qué la hembra de la especie Mantis Religiosa le corta la cabeza al macho tras realizar el acto del amor? Porque es la única manera de evitar que inmediatamente después de terminar el acto se dé la vuelta y se ponga a roncar…
 
Ovonio Brandbolier, ya lo sabemos, es el hombre más perezoso del condado. Una mañana su esposa le preguntó: “¿Qué vas a hacer hoy?”. “Nada” —respondió lisa y llanamente el haragán. Le indica con acrimonia la señora: “Lo mismo hiciste ayer, y antier, y anteayer”. “Sí —reconoce Ovonio—. Pero no he terminado”. (El grandísimo poltrón no completaba en toda su vida un turno de 8 horas de trabajo)…
 
Himenia Camafría, madura señorita soltera, iba por un oscuro callejón, y le salió al paso un individuo que la amenazó con una navaja. “No se alarme —le dijo el asaltante—. Lo único que quiero de usted es su dinero”. “Dinero, dinero —repitió, mortificada, la señorita Himenia-. Todos los hombres son iguales. Lo único que les importa es el dinero”…
 
El director de publicidad de una empresa cigarrera quiso contrarrestar los efectos de la campaña de salud en que se advierte a los fumadores que el vicio de fumar puede ser causa de muerte. Para eso se propuso hallar a alguien que después de ser fumador toda su vida gozara de buena salud. Luego de mucho buscar encontró a un hombre de 80 años que tenía aspecto saludable a pesar de que se fumaba dos cajetillas de cigarros cada día. Le preguntó: “¿Quiere participar en un comercial de televisión? Le pagaremos bien”. “Sí —respondió el tipo—. Pero el comercial tendrán que filmarlo por la noche”. “¿Por qué?” —se extrañó el otro. Explica el individuo: “Porque hasta las 7 de la tarde dejo de toser”…
 
Casandro Malsinado tenía poca suerte. Un hado adverso lo perseguía de continuo. Cierta noche contrató los servicios de una mujer de la calle, daifa, zorra, buscona, ramera, perendeca o maturranga. En el motel ella le dijo: “Por favor, no en nuestra primera cita”…
 
La nietecita le preguntó a su abuela: “¿Cuántos años tienes, abue?”. Respondió la señora: “60”. “¿60? —exclamó la niñita con asombro—. ¡Caramba! ¿Y empezaste desde uno?”…
 
Le dijo un niño a otro: “Mi papá le gana a tu papá”. “¡Uh, qué chiste! —se burló el chiquillo—. ¡Mi mamá también le gana!”…
 
La esposa de don Languidio, senescente caballero, le comentó a una amiga: “Mi marido está tomando fósforo. Pero de nada le sirve: nunca prende”…
 
Otro señor se quejaba: “En el aspecto sexual mi matrimonio es un fracaso. Yo tomo Viagra. Mi mujer toma hierro. Y cuando yo estoy listo ella está oxidada”…
 
Capronio, sujeto ruin y desconsiderado, fue con su esposa y su suegra a Nueva York. “Yerno —le dijo la señora al tal Capronio—, me gustaría subir al Empire State”. “No lo haga, suegra –le aconsejó el majadero—. Podría ser atacada por aviones biplanos”. (¡Como el gorila King Kong en la película, le quería decir el desgraciado!)…
 
Babalucas, por su parte, viajó a Roma con su mujer. Al regresar un amigo le preguntó: “¿Vieron al Papa?”. “Claro que no —respondió el tontiloco—. El Papa es invisible”. “Baba —le apunta su señora—: la palabra es ‘infalible’”…
 
Dos políticos de pueblo fueron al cementerio a buscar nombres de muertos para ponerlos en el padrón electoral y simular en la próxima elección que habían votado por su partido. Llegaron a una lápida que decía: “Aquí yace Iñaki Arregorrigobarretecheurrindinagagorricochea”. Al ver lo largo de ese vascuence nombre uno de los políticos le dijo al otro: “Vamos a saltarnos a éste”. “¡Ah no! —protestó con vehemencia el compañero—. ¡Tiene tanto derecho a votar como los otros!”…
 
Los recién casados iban a pasar su primera noche en casa de los papás de ella, para tomar el avión al día siguiente. El cuarto de la chica estaba junto a la recámara de sus papás. Y sucedió que cuando quisieron hacer ciertas cositas la cama empezó a rechinar sonoramente. Apenada, la muchacha le propuso en voz baja a su flamante maridito que mejor fueran a un hotel cercano. Tomaron, pues, una valija para poner en ella algunos efectos personales. Al cerrarla se dieron cuenta de que la maleta no cerraba bien. En su cuarto los papás oyeron que su hija decía: “Déjame sentarme en ella”. Eso los incomodó, claro. Pero luego escucharon al novio decir: “Déjame sentarme en ella ahora yo”. Al oír tal cosa el señor se levantó apresuradamente de la cama y le dijo a su mujer: “¡Eso yo tengo qué verlo!”…
 
FIN.

viernes, 11 de enero de 2013

Trabajar día a día por México

De Política y Cosas Peores
 
“¿Tiene usted Viagra oftálmico?” -le preguntó Babalucas al encargado de la farmacia.
 
“¿Viagra oftálmico? -se desconcertó el hombre-. No creo que exista.
 
¿Por qué quiere usted Viagra oftálmico?”.
 
Responde el badulaque: “Es que voy a hacer el papel de gangster en una obra teatral, y el director me pide que tenga la mirada dura”.
 
Hoy se festeja el 95 aniversario de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo. Importante organismo es éste. Reúne a más de 250 Cámaras, 650 delegaciones, y tiene presencia en casi mil centros de población en la República. Los sectores representados por el organismo aportan el 53 por ciento del Producto Interno Bruto (dicho sea sin ofender a ese producto), y proporcionan más de la mitad de los empleos formales del país. La Confederación es actualmente dirigida por un saltillense: Jorge Dávila Flores. Lo conozco desde su juventud. Fue alumno del Ateneo Fuente en los tiempos en que yo era director de ese glorioso Colegio. Estudiante que obtenía las mejores calificaciones, era también magnífico jugador de futbol americano, lo mismo que su hermano José Luis. Para cualquier maestro es un orgullo ver que sus alumnos destacan en los varios caminos de la vida. Bajo la conducción de Jorge Dávila la Concanaco Servytur ha realizado promociones de tanto éxito como El Buen Fin, programa que este año favoreció a innumerables mexicanos, con ventas por casi 150 mil millones de pesos, 40 por ciento más que el año anterior, lo cual da idea de su éxito. Otro logro importante fue la campaña “Hablemos y Actuemos Bien por México”, gracias a la cual se ha conseguido atraer importantes inversiones extranjeras. En las actuales circunstancias nuestro país requiere la activa participación de todos los ciudadanos en la común tarea de hacer de México un lugar mejor para vivir. Ciertamente están cumpliendo esa misión los mexicanos que, por encima de todos los problemas y adversidades, trabajan día a día en el campo de la iniciativa privada. Celebro este aniversario de la Concanaco Servitur, y envío un cordial abrazo a mi ayer alumno y hoy amigo Jorge Dávila Flores.
 
Dice un moderno clásico: “La edad no protege contra el amor, pero el amor sí protege contra la edad”. Un proverbio de pueblo, sin embargo, contradice tan optimista afirmación. Propone ese aforismo: “Casamiento a edad madura, cornamenta o sepultura”.
 
Don Languidio, añoso caballero, pensó que aún había sol en sus tapias, y casó con Pirulina, frondosa mujer en flor de edad y dueña de magníficos atributos corporales. La noche de las bodas ella se le presentó ataviada con un vaporoso y blanco negligé. El maduro novio exclamó al verla: “¡Amada mía! ¡Tan pura y casta te ves que mi apetito varonil se frena ante tu virginal belleza!”. Y no la tocó ni con el pétalo de una cosa. La segunda noche ella vistió un negligé azul celeste. “¡Ángel del paraíso! -se extasió don Languidio-. ¡Ese color de cielo refleja tu virtud! ¡Ante ella retroceden mis impulsos de másculo en libídine!”. Y así diciendo se puso su piyama y su gorro de dormir y se entregó al sueño. Conducta poco airosa fue ésa, a juicio mío, pues Morfeo no debe estar donde Himeneo está. La siguiente noche Pirulina lució un negligé color de rosa. Prorrumpió con arrobo el senescente galán: “¡Mi vida! ¡Pareces una niña con ese atavío de infantil color! ¡Tu inocencia hace que se detengan, respetuosos, mis rijos de lubricidad!”. Y de nueva cuenta el provecto desposado no hizo obra de varón. Pirulina, que estaba ansiosa de gozar los deliquios del connubio, quiso suprimir los estorbos que imponían las ideas de virtud, inocencia virginal, candor de niña, etcétera, y esa noche se puso un negligé de encendido color rojo, con sensual liguero, brassiére de encaje transparente, medias de malla, pantie crotchless y zapatos de tacón aguja. “¡Ah! -se azaró don Languidio cuando la vio luciendo esa atrevida conmixtión-. ¡La natural inexperiencia de tu juventud te lleva a hacer renuncia de tu pudicicia! ¡Suplo esa falta con mi caballerosidad, y no me aprovecho de tu candidez!”. Y así diciendo la dejó otra vez medio vestida y totalmente alborotada. Esa noche Pirulina apareció cubierta con un negligé de color negro: “¿Por qué escogiste hoy tan severo color?” -le preguntó, inquieto, don Languidio. Respondió Pirulina: “Estoy de luto. Según he visto en las pasadas noches, hay algo por aquí que ya murió”.
 
FIN.

martes, 17 de marzo de 2009

Trabajo y ahorro

De politica y cosas peores

Celiberia Sinvarón, Himenia Camafría y Solicia Sinpitier, maduras señoritas solteras, visitaban el jardín zoológico. De pronto un gorila escapó de su jaula; tomó en sus brazos a la asustada Himenia, y echándola por tierra empezó a saciar en ella sus selváticos instintos. Le dice con enojo Celiberia a la señorita Sinpitier: “¡Gorila idiota! ¡No sé qué le vería a Himenia que no tengamos nosotras!”...

Hubo un torneo internacional de arco y flecha. Los mejores arqueros del mundo se presentaron a la justa. A cada uno se le entregaron 10 flechas, y todos se dirigieron a hacer sus tiros al sitio que les correspondía. Luego los jueces fueron a revisar los blancos. El único que había clavado sus 10 flechas en el centro del blanco fue el arquero mexicano. Le dieron la medalla de oro, claro. Cuando el tipo volvió a México su esposa le preguntó cómo había logrado hacer 10 blancos perfectos, si era sólo un mediocre tirador. Responde muy orgulloso el mexicano: “Primero disparé las flechas y luego pinté los blancos”...

El cuento que sigue es para pescadores. Semés, sultán de oriente, sorprendió a Scherazada, una de sus odaliscas, en trance de coición con un hombre de estatura elevada, y musculoso. Hizo que los jenízaros apresaran al audaz sujeto y lo castraran. Tiempo después Scherazada le mostró a otra odalisca a uno de los guardias del harén, también alto y robusto, y le dijo que estaba en secreta relación con él. “¡Caramba! —exclama admirada la amiga viendo al toroso sujeto—. ¡Qué grande es!”. “Y eso no es nada —responde con orgullo Scherazada—. ¡Hubieras visto al que Semés capó!”...

He oído decir que San Pedro, municipio de Nuevo León aledaño a Monterrey, es el más rico municipio de México. Si lo es, enhorabuena, pues su riqueza es fruto de las dos virtudes que hicieron grande a la comunidad regiomontana: trabajo y ahorro. Quienes fundaron esa población nunca esperaron nada del Gobierno. A base de esfuerzo y sacrificios labraron su propio bienestar, y dieron a sus trabajadores beneficios que en mucho se adelantaron en los renglones de vivienda, salud, educación y seguridad social a los que luego implantaron los gobiernos llamados revolucionarios. San Pedro está en vísperas de elegir un nuevo alcalde. El PAN, en democrática elección interna, escogió a su candidato. Es Mauricio Fernández, quien ya desempeñó ese cargo, en el cual hizo un magnífico papel. Mauricio ganó a pulso la candidatura navegando contra la corriente central de su partido. Tiene el apoyo de sus conciudadanos, que saben de su experiencia y de su vocación de servicio. En asuntos electorales no debe uno hacer profecías, pero sí puede expresar buenos deseos. El mío es que este hombre excelente, que sabe de política y de administración —y que sabe también de arte—, reciba la oportunidad de seguir sirviendo a su comunidad...

Afrodisio Pitongo, galán concupiscente, le hizo una proposición salaz a Teserina, muchacha muy devota. “No puedo hacer tal cosa —opuso ella—. Quebrantaría dos mandamientos: el sexto y el noveno”. “¿Y eso qué? —replica el lúbrico sujeto—. Todavía te quedarían ocho en buen estado”...

Suena el teléfono y contesta Babalucas. Le pregunta una voz: “¿Es el 22-99-03-72?”. Responde el tonto roque: “Sí no; no no; sí no; no sí”...

El equipo de futbol americano de cierta universidad americana había perdido todos sus partidos de la temporada. Le explica el coach al presidente de la institución: “Es que este año nuestros jugadores no tienen condición; están muy blandos”. “Ya veo —responde el funcionario—. Ordenaré que en adelante las porristas entrenen sin nada de ropa encima”. “¿Para qué?” —pregunta el coach, desconcertado. Explica el presidente: “A ver si así nuestros muchachos se endurecen”. (No le entendí)...

FIN.

domingo, 15 de marzo de 2009

Pudicia

De politica y cosas peores

Ella era muy tímida. Se llamaba Sensitiva, y tenía la modestia de esa flor que cierra sus pétalos cuando siente la cercanía de una mano. Su novio, Timoracio, sufría la misma timidez. Era apocado y ñoño. Pero el amor vence toda cortedad (o casi toda), y guía a los amantes hacia el bien deseado. “Amor magister est optimus”; el amor es el mejor maestro, escribió Plinio el Joven en sus Cartas (IX, 4,19,4). Se casaron los dos, y fueron a pasar su luna de miel en un lugar de moda. No hubo luna de miel, siento decirlo. El amor que unió sus almas no pudo unir sus cuerpos, pues la exagerada pudicia de los recién casados, y su invencible timidez, les impidieron consumar el desposorio. Al regresar a casa les contaron a sus respectivos padres lo que había sucedido: no había sucedido nada. Ellos, preocupados, llevaron a sus muchachos con un terapeuta sexual. El especialista, después de oírlos, les hizo una sencilla recomendación: “Tómense una copita o dos —les dijo—. Así vencerán la timidez que los cohíbe. Luego actúen con la misma naturalidad de los perritos”. Una semana después Sensitiva y Timoracio regresaron con el facultativo. Los dos lucían una radiante sonrisa de satisfacción. Habían logrado vencer su timidez, dijeron, y llevar a feliz término las nupcias. El terapeuta les preguntó con pícara sonrisa: “¿Se tomaron una copita o dos, y actuaron luego con la misma naturalidad de los perritos?”. “No —responde Timoracio—. Nos tomamos nueve copitas, o diez. Así nos dimos valor para salir a la calle y actuar con la misma naturalidad de los perritos”...

Babalucas era empleado público. Se presentó con él un extranjero, y Babalucas se dispuso a tomarle sus datos. Le preguntó: “¿Nombre?”. Responde el visitante: “Michael O’Brian”. “Decídase —le pide con enojo el tonto roque—. Un nombre u otro”...

En diferente ocasión Babalucas fue a una librería y preguntó al encargado: “¿Tienen algo de Hemingway?”. Contesta el librero: “Tenemos ‘El viejo y el mar’”. Se queda pensando Babalucas y dice luego: “Déme el mar”...

Empédocles Etílez entró en su casa a las 3 de la mañana, y bien borracho. Le grita su mujer hecha una furia: “¡Mira nomás a qué horas llegas!”. “¿Quién te dijo que llego? —respondió el temulento—. Vengo nomás por la guitarra”...

En el futbol todo el público abucheaba a un espectador. Una chica le preguntó a su acompañante: “¿Por qué lo abuchean?”. Responde él: “Le arrojó una botella al árbitro”. “¡Qué barbaridad! —exclama la muchacha—. ¿Y le pegó?”. “No —responde el otro—. Por eso lo abuchean”...

Dulcilí, romántica joven, le pregunta a su novio Libidiano: “Después de casada ¿me seguirás queriendo igual?”. “Hasta más —responde el salaz tipo—. Mi especialidad son las casadas”...

Una señora llamó a una agencia de colocaciones para pedir una niñera que le cuidara a su hijito aquella noche. Especificó: “La niñera debe saber karate, judo, kung fu, jiu jitsu, boxeo y tae kwan do”. “¿Tan rudo así es su hijito?” —inquiere con asombro el encargado. “Mi hijito es un ángel —contesta la señora—. Pero luego mi marido lleva a su casa a la niñera, por eso ella debe saber artes marciales”...

Doña Holofernes, esposa de don Poseidón, tenía la costumbre de revisar con un dedo a las gallinas, a fin de ver si tenían huevo. Una vez el perico de la casa andaba en el corral. La señora, algo corta de vista, lo confundió con una gallina, y se dispuso a hacerle el tacto esfinteral. “A mí con delicadeza, por favor —pide asustado el periquito—. Soy primerizo”...

Don Martiriano le dice a doña Jodoncia: “Debemos dos cuentas: la de la compañía de luz y la del médico. Sólo podemos pagar una. ¿Cuál de las dos pagamos?”. “La de la compañía de luz —responde sin dudar doña Jodoncia—. El médico ya no te puede apagar nada”...

FIN.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Paradojas

De politica y cosas peores

Babalucas era el alcalde de un pequeño pueblo. Cierto día le llevaron a dos mujeres que reñían porque cada una aseguraba ser mamá del mismo niño. Babalucas, confuso, no hallaba el modo de saber cuál era la verdadera madre. El secretario del Ayuntamiento, que había sido seminarista, se inclinó sobre él y le contó al oído la  historia de Salomón: en un caso semejante aquel sabio monarca ordenó que cortaran en dos a la criatura y entregaran a cada madre la mitad. Una de ellas estuvo de acuerdo con esa partición; la otra, desesperada, dijo que prefería que le entregaran el niño a su rival. Así se supo cuál era en verdad la madre del pequeño. A Babalucas le pareció muy ingenioso aquel recurso, y ordenó: “Hagan venir al carnicero, y díganle que traiga su cuchillo más filoso”. Llegó el hombrón, y Babalucas le dio la terrible orden: “Divide en dos a este niño”. El carnicero, espantado, respondió temblando: “¡No puedo hacer eso, señor alcalde! ¡Por nada del mundo podría hacerlo!”. Babalucas, entonces, sentenció: “Asunto resuelto. La mamá es el carnicero”...

Mañana saldrá aquí un vitando chascarrillo. Se llama “La Línea del Amor, Versión Segunda”. El reverendo Rocko Fages, pastor de la Iglesia de la Tercera Venida (no confundirla con la Iglesia de la Tercera Avenida, que no tiene mandamientos, sino sólo recomendaciones), leyó dicha historieta y sufrió un ataque de tricotilomanía morbosa: empezó a arrancarse con furia los cabellos al tiempo que gritaba terribles ululatos capaces de poner espanto en Boris Karloff (1887-1969; debut cinematográfico en 1916, como extra en la película “The Dumb Girl of Portici”, protagonizada por Ana Pavlova). Busquen mañana mis cuatro lectores el cuento que arriba anuncié, pero si son proclives al escándalo absténganse de posar en él los ojos, y hagan que otra persona se los lea...

Hay paradojas tan extrañas que más bien deberían llamarse parajodas. El mismo Chesterton, maestro de las frases paradójicas, habría firmado ésta: “Lo mejor que pudo sucederle al PRI fue perder la Presidencia. Ganarla fue lo peor que le pudo suceder al PAN”. Voy a explicarme. La derrota que el PRI sufrió en el 2000, y el nuevo vencimiento que tuvo en 2006, hicieron que ese partido reconociera al fin sus errores y sus culpas, examinara sus procedimientos y entrara en un periodo de reorganización que luego le rendiría buenos frutos en elecciones locales importantes. Son evidentes los avances del PRI en el terreno electoral y en el grado de aceptación que tiene ahora entre los ciudadanos. El PAN, en cambio, pese a haber ganado la Presidencia de la República en dos elecciones sucesivas, ha fracasado como partido gobernante, y es notorio su retroceso en el mapa político de la República. Las victorias obtenidas por Acción Nacional sirvieron para poner de manifiesto sus fallas y limitaciones. A nadie deben sorprender, entonces, los resultados de las encuestas que hoy por hoy ponen al PRI muy por encima del PAN en la preferencia de los electores. Vicente Fox es espejo del PAN. Extraordinario candidato, fue un presidente menos que mediocre. De igual manera el PAN, magnífico partido de oposición, no ha sabido descifrar los laberintos que tiene el manejo del poder...

El reportero le dice al viejecito: “Hoy cumple usted 100 años, don Centurio. ¿A qué cree que se deba eso?”.

Responde el anciano: “A que el año pasado cumplí 99”...

El padre Arsilio organizó unos ejercicios de encierro para jóvenes solteros. Les pregunta: “¿Alguno de ustedes sabe lo que es la eternidad?”. “Sí, padre —responde uno—. Es el tiempo que transcurre desde que yo termino hasta que ella se levanta, se viste y se va a su casa”...

FIN.

sábado, 28 de febrero de 2009

Ideologías

De politica y cosas peores
 
El marido le dijo a su mujer: “Me gustaría que cuando tuvieras un orgasmo me lo dijeras”. “No puedo” —responde ella. “¿Por qué no?” —se amosca el marido. Contesta la señora: “Porque me tienes prohibido que te hable a la oficina”...
 
El jefe de la cárcel para presos políticos de un país bananero llamó a los prisioneros y les informó: “Vamos a mandar la mitad de ustedes a Estados Unidos, y la otra mitad a Canadá!”. “¡Fantástico!” —exclamaron a coro los reclusos. Se vuelve el jefe a su ayudante y le ordena: “Trae la sierra eléctrica”...
 
En la noche de bodas el recién casado se asombró al ver que su flamante mujercita se presentaba ante él completamente al natural, en peletier, pero luciendo un pequeño sombrerito. “¡Qué hermosa eres! —le dijo con arrobo al contemplar sin veladuras los íntimos encantos de su amada—. Pero ¿por qué ese sombrerito?”. “Por pudor —responde ella—. Mi mamá me dijo que nunca me dejara ver por ti sin nada encima”...
 
Una señora le dijo a Babalucas que su marido había muerto. “¿Cómo puede estar muerto mi amigo?” —exclamó el badulaque, consternado. “Muerto está —confirmó la señora tristemente—. Muerto y sepultado”. “¿Muerto y sepultado? —se aflige Babalucas—. ¡Caramba, entonces la cosa estuvo peor!”...
 
Con esa misma forma de pensar yo me pregunto si acaso las ideologías en México están muertas y han sido sepultadas. Parece no haber ya ninguna distinción entre un panista, un priÍsta y un perredista, siendo que supuestamente representan el primero a la derecha; al centro el segundo, y el tercero a la posición de izquierda. Los políticos cambian ahora de partido como cambiar de calcetines, prenda la más idónea para ejemplificar esa pedestre conducta que en nuestros tiempos se ve con naturalidad. La mayoría de nuestros hombres públicos no tienen una ideología; tienen sólo ambiciones. Los mueve el apetito del dinero y el poder; no sienten la vocación del político verdadero, cuyo afán es servir a su comunidad con altruismo y ética. De esa tela ya no hay, decían nuestros abuelos para significar que algo bueno había desaparecido. Aquí han desaparecido las ideas. Al menos ésa es la idea que tengo...
 
Regresó Meñico del baño del restorán, y su compañero de mesa se asombró al ver que llevaba la entrepierna toda mojada. “¿Qué te pasó?” —le preguntó, azorado. Explica Meñico: “El oftalmólogo me puso lentes de aumento esta mañana. Ahora que fui al baño a hacer una necesidad menor saqué lo que tenía que sacar. Lo vi muy grande; dije: ‘Éste no es el mío’, y lo volví a guardar. Fue entonces cuando me mojé”...
 
Un muchacho estaba en vísperas de casarse. Buscó a un amigo suyo que recientemente había hecho lo mismo y le preguntó: “¿Cómo es el matrimonio?”. Responde el amigo: “Al principio es muy bonito. Pero luego sales de la iglesia y...” ...
 
Después del trance erótico en un motel de corta estancia le dice don Algón a su amiguita: “Todas las veces que hemos estado juntos las tengo registradas”. “¡Qué lindo detalle! —se emociona la muchacha—. ¿Las tiene registradas en su diario?”. “No —precisa don Algón—. En mi talonario de cheques”...
 
Pepito le pregunta a su papá: “Papi: ¿cuál es el sexo débil?”. Replica el señor con un hondo suspiro: “Nosotros los hombres, hijo; después de los 60”...
 
Cuando nació Picio, el hombre más feo del condado, los médicos le dijeron a sus padres: “Lo sentimos mucho. Hicimos todo lo que pudimos, pero el niño vivió”...
 
Le pregunta una señora a otra: “¿Por qué insistes siempre en ir con el doctor Pitoncio, habiendo tantos médicos?”. Contesta la otra: “Es que no sabes lo que usa en vez de termómetro”. (No le entendí)...
 
FIN.


CUENTOS POLÍTICOS

Paren al mundo, quiero bajarme…

Paren al mundo, quiero bajarme: me resisto a leer cada mañana la prensa para encontrarme con más fotografías de decapitados ni deseo saber cómo se dispara la cifra de acribillados pertenecientes a diversas bandas de mafiosos. No, sólo pienso en huir de las balaceras por medio de las cuales los envenenadores del mundo se disputan el mercado de estupefacientes; ya no quiero levantarme con más noticias relativas al asalto de gente humilde a la que despojan de su raya o su menguada quincena ni quiero cansarme de protestar por la ejecución de chamacos inocentes pertenecientes a familias de acaudalados mexicanos que han hecho su fortuna, en su mayoría, con el producto de su trabajo. Ya no me tranquiliza contemplar más fotografías de brigadas del Ejército patrullando las diversas ciudades de la república. Me sublevo al leer homilías dominicales de arzobispos que declaran “en esta santa casa, la casa de Dios se purifican las limosnas pagadas por los narcotraficantes…”. Me irritan cada vez más las fotografías de los líderes de los sindicatos oficiales, auténticos secuestradores de la nación, que ostentan relojes, cuyo precio es superior a 20 años de trabajo de sus agremiados ni resisto, asimismo, descubrir las mansiones de estos siniestros personajes en el extranjero, adquiridas con impuestos pagados por el dolorido pueblo de México.

Basta, todo está podrido. Los maestros de nuestros hijos se niegan a ser capacitados, los alumnos reprueban en un 90% los exámenes de admisión para ingresar en la Universidad Nacional, la prueba de que en las escuelas mexicanas se incuba la mediocridad y la dependencia.
La Iglesia no puede seguir sosteniendo que “es más fácil que entre un camello por el ojo de una aguja que un rico en el reino de los cielos”, cuando la mayor parte de los ricos crean empresas, generan riqueza, empleos, divisas y prosperidad, por lo que tienen garantizado un lugar en el infierno…

Paren al mundo, quiero bajarme porque se utiliza a niños palestinos como escudos humanos durante los conflictos armados en contra del Estado de Israel, de la misma manera en que me resulta indigerible que los fanáticos musulmanes suicidas se rodeen el cuerpo con cartuchos de dinamita para hacerlos estallar en cualquiera de sus cinco rezos cotidianos. Me deprimen los crecientes porcentajes de desempleo al pensar en los padres de familia que carecen de ingresos para pagar colegiaturas, medicinas, hipoteca o renta de la casa habitación. No puedo dejar de pensar en los empresarios que tienen contratadas deudas en dólares y que asisten a la devaluación cotidiana de nuestra moneda, mal que se agrava desde que no llegan los ingresos por exportaciones programadas debido a la contracción de los mercados mundiales. Surgen por doquier fraudes bursátiles, inmensos desfalcos en los fondos de pensiones de los que depende el bienestar y la supervivencia de millones de personas de la tercera edad. Los empleos antes considerados indignos por los nacionales de ciertos países, hoy son nuevamente demandados como parte de la parálisis económica que genera a diario un mayor calentamiento social al propiciar el robo de famélico, estimular la xenofobia, incentivar la expansión de la industria del despojo, la del asalto con violencia, la del secuestro, libre de impuestos y de sanciones.

Un nuevo gobierno de la extrema ultraderecha en Israel denuncia la construcción de bombas atómicas en Irán y califica a este último gobierno como una auténtica amenaza nuclear para el Estado hebreo. Es claro que las diferencias en el Medio Oriente se resolverán mediante un voluminoso intercambio de artefactos nucleares, con lo cual no haremos sino regresar a la Edad de Piedra de llegar a escalar el conflicto a nivel planetario.

Los polos se descongelan con el sobrecalentamiento atmosférico, suben los niveles de los mares y de los océanos, bien pronto asistiremos a la desaparición de puertos y ciudades que quedarán sepultados bajo las aguas.
Continuarán los cambios climáticos, los incendios en zonas boscosas, lloverá cuando no debería llover, nevará cuando no debería nevar, surgirán huracanes cada vez más devastadores, se producirán inundaciones sin precedentes en la historia de la humanidad, nos acosarán la sequía y otros fenómenos meteorológicos como consecuencia de la veleidad de fenómenos como el Niño, surgirán enfermedades desconocidas por ingerir huevos o carne de animales engordados con hormonas o pescados alimentados con sustancias tóxicas derramadas irresponsablemente en los mares.

Paren al mundo, quiero bajarme: las guerras generadas por rivalidades y por ambiciones políticas religiosas o económicas; la invasión de narcotraficantes; la violencia y la delincuencia incontrolables; la ausencia de empleos; la quiebra de la moral y de la ética mundiales; la contaminación mundial en sus más diversas manifestaciones, me están llevando a la conclusión de que es necesario tomar unas vacaciones porque he llegado a la conclusión de que: estábamos.